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Fuerte decisión en Ecuador
Remixado
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por Rodolfo Olivera
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El domingo 9 de enero de 2002, el entonces presidente de la República del Ecuador, Dr. Jamil Mahuad, ancló la economía al dólar cotizado en 25.000 sucres como "única salida" para un contexto de inestabilidad, debilidad financiera, incredulidad, alta inflación y crisis institucional. Cinco años después, Ecuador explotó.
El producto de la "Philadeplhia Mint" en 1794, empresa que acuñó el primer dólar de la historia, probablemente desconocía su futuro alcance planetario. El sucre, nacido recién en 1884, nunca pudo apagar siquiera los incendios en su pago chico, y así murió. Nacido en un tiempo fraudulento y convulsionado, desaparece poco más de un siglo después como si no hubiese transcurrido la historia ecuatoriana. Hoy es sustituido como reserva de valor, como unidad de cuenta y como medio de pago y cambio por el dólar. Toda una decisión para una economía que no lo acuña, que no lo controla y cuya dimensión está en las antípodas de la del país de origen de esa moneda que reinará en su economía. Convengamos, porque así es, que hay casos "informales" de dolarización, de los que la Argentina no está tan lejos. Espontáneamente, como producto de un descontrol monetario evidente hasta para el más despistado, ciertos mecanismos de defensa instintivos tradujeron su "defensa" a ladrillos o dólares. Sucedió allá y más de una vez también acá; no olvidemos que el mercado inmobiliario y el turístico siguen atados a esa valorización. Se fugaron capitales en dólares, se abrieron cuentas bancarias en dólares, se compró y vendió artículos de todo tipo en dólares, se ofrecieron y tomaron créditos en dólares, se hicieron colas de horas para atesorar dólares. Así les fue y nos fue. Porque no había un nivel elevado de reservas previo, un sistema financiero solvente ni un mínimo equilibrio fiscal como para pensar en esa medida que, de haber sido así las cosas, tampoco hubiese sido necesaria. Y así fue como, sin red, saltaron al libre reemplazo del sucre (peso) a la moneda estadounidense. Todo indica que, más que una dolarización que ha ido tiñendo todo de verde, hubo una convertibilidad o un uso indistinto de ambas monedas con cambio inamovible. La inflación bajó, es verdad, por un tiempo determinado habida cuenta de la imposibilidad de emitir. Las tasas se ajustaron a precios internacionales, se pudo hacer cálculos a plazos un poco más largos que el día siguiente. Pero se perdió toda autonomía financiera y política, se cortó el financiamiento del y al presupuesto estatal (con el consabido impacto en Acción Social), se distorsionaron los costos productivos quedando fuera de competencia internacional y generando desocupación, se aprovecharon los capitales golondrina para hacer su agosto, se perdió al Banco Central como protector en crisis, etc., etc.. Los indígenas (muchos en Ecuador) marcharon; Mahuad fue derrocado, Noboa confirmó la dolarización (Decreto 034) y los sueldos promedio pasaron a ser de 50 dólares. Pasto tierno para burros viejos y experimentados. Ecuador estaba "de remate", a merced de "inversores" gustosos de aprovechar el oro negro que sostiene (un decir) la economía ecuatoriana. Tomaron la parte del león en negociaciones absolutamente desparejas y comieron hasta hartarse mientras el resto de la fauna observaba cómo quedaba cada vez menos carne en el cuerpo de la víctima (el mismo Ecuador). Sin embargo, desde el pasado 4 de octubre a Ecuador le quedará el 99% de los ingresos extraordinarios por venta de petróleo. Correa dijo que la medida no es “confiscatoria" simplemente porque "el petróleo es ecuatoriano, y confiscar es quedarse con lo que es de otro". Desde allí se calculan 80 millones de dólares mensuales que ingresarán frescos y netos a las arcas del Estado, lo que implicaría menos déficit y más obra social. Petrobrás (Brasil), Andes Petroleun (China), Perenc (Francia) y Repsol perderán el dulce caramelo de más de 200% de rentabilidad anual (récord mundial). Ellos y sus voceros locales, como el ex ministro Santos) ya hablan de juicios dentro y fuera de Ecuador. Repsol minimizó y sólo representa el 1% de su producción global. Petrobrás entró en el mutismo, escaldado después de la experiencia boliviana y sabiendo que otros actores (el gobierno brasileño) moverán sus piezas. De hecho, el canciller Celso Amorim habló por sí mismo y por ellos: "Petrobrás está interesada en negociar", fue su único comentario. El problema es que le transfirió el 40% de sus acciones a la japonesa Teikoku Oil (el campo Palo Azul), y aquí la buena voluntad se reduce a la mínima expresión. La norteamericana Oxy no tiene problemas porque ya la habían echado el año pasado por descubrirse que violaba las leyes ecuatorianas. ¿Cómo llega Correa a esto? Después de un largo camino recorrido más que nada por el sufriente pueblo ecuatoriano al que tampoco se le asegura que esta sea la mejor respuesta, pero sí es la que tiñe el corredor del Pacífico. Correa proclamó el domingo su victoria en la elección de los miembros para una Asamblea Constituyente (sacó 70%) y dijo que "debería disolver el Congreso, llamar a comicios anticipados, reformar la Constitución y reducir el poder de los partidos tradicionales". Hugo Chávez usó un esquema similar cuando asumió por primera vez en 1999. “Lo que Correa ganó es un referendo sobre la clase política cuyo cálculo era sencillo", dijo Michael Shifter, del centro de investigación Diálogo Interamericano, en línea con el venezolano y con Evo Morales. "Eso es lo clásico en estos gobiernos totalitarios, en estos gobiernos de tinte absolutista", criticó el ex presidente Lucio Gutiérrez, líder del opositor Partido Sociedad Patriótica (PSP), coincidente con las voces de Fedecámaras y la oposición a Chávez en Venezuela, ambas "totalmente desmoralizadas" al decir de Riordan Roett de la Universidad John Hopkins. Los viejos parlamentarios, que se la ven venir, ya amenazaron con ir a la OEA acusando a Correa de "quebrar la democracia". No tienen ningún apoyo popular pero sienten que los acompaña la ley mientras el presidente no hace más que recordar su "ineficiencia y corrupción", que también es innegable. Claro, Chávez había calificado de "gangrena política" a los legisladores. Pero Correa enfrenta restricciones económicas mucho más fuertes pese a ser uno de los presidentes más populares desde 1979, haciendo pie en su lema "En el Ecuador no hay que nacionalizar nada, porque el petróleo nunca dejó de ser nacional. Sólo que algunos creyeron lo contrario" (a Patrick Markey, Reuters, 5/10/07). Falta que lo ratifique el Congreso y se refleje en la nueva Constitución. En fin. Abusos inconcebibles de un lado, soluciones de máxima del otro. Esta película ya la vi.
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