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Los medios suelen titular con los grandes hechos. Crímenes aberrantes, asaltos violentos, muertes trágicas. Pero se olvidan muchas veces de los pequeños delitos, que van limando lentamente la tranquilidad de los ciudadanos.
Como les gusta decir a quienes viven en el sector, la zona de Alberti y Tierra del Fuego es de “gente trabajadora”. Se trata de un barrio de clase media, repleto de talleres mecánicos y de personas que llevan una vida normal. Como la mayoría de los barrios de Mar del Plata. Sin embargo, algo quiebra la paz cada fin de semana. Y también, como en otros tantos barrios de Mar del Plata -léase la zona de Alem, de Yrigoyen, de Avenida Constitución-, se trata del movimiento que generan sábados y domingos los boliches bailables. Aquí, especialmente, los hechos están circunscriptos a lo que ocurre en el boliche conocido como “La Salita”, adonde todos los fines de semana concurre un grupo de jóvenes revoltosos que, tras salir del baile, provocan a los vecinos y generan serios destrozos. Omar es un habitante del lugar, quien se mostró temeroso por el clima que se respira allí y exigió una mayor presencia policial ya que no pueden descansar tranquilos. Lo absurdo es que a escasos metros se encuentra la Comisaría Cuarta.
N&P:- ¿Qué está pasando en el barrio? O.:- Es un tema simple y a la vez complejo. Hace unos años hubo una persona que venía de cumplir servicio en la Comisaría Cuarta, quiso separar una pelea y terminó muerto. Bueno, sigue pasando lo mismo: cada sábado y cada domingo hay algún tipo de pelea. Yo soy una persona normal, de trabajo, con mi familia. Acá todas las casas del barrio están enrejadas. Si querés salir un domingo temprano para ir a pescar, tenés que esperar que no venga nadie, agarrar el auto y rajar, porque vienen de una vereda y de otra, rompen las cabinas de gas y si pueden romper los vidrios, los rompen. Hace mucho tiempo atrás venía un patrullero sobre Alberti y los arriaba como vacas hasta la avenida Jara. Pero ahora no tenemos ninguna respuesta policial, y por otra parte los vecinos son del “no te metás”.
N&P:- A pesar de lo que ocurre, ¿el boliche sigue habilitado? O:- Yo no entiendo eso y lo que tampoco entiendo es cómo la Policía no hace nada. En una época había una garita. No pedimos mucho, aunque sea eso. Además, olvídese del respeto a la Policía. Vienen borrachos, insultando. Todos los sábados y domingos son de no poder descansar. Y ni se te ocurra salir. Si pusieran un policía sería diferente, pero ni eso hacen.
N&P:- ¿El jefe de servicio de la Comisaría Cuarta no pone a nadie? O.:- Imagino que adentro, de seguridad, tienen que tener a alguien. Gente cumpliendo horas extras. No lo sé. La verdad es que no he sentido comentarios sobre si adentro hay seguridad o no.
N&P:- ¿Ustedes hicieron un pedido de mayor presencia policial? O:- Vamos a pensar para el otro lado. Imagínese si de repente el turno cambia a las 7 de la mañana, si tienen que parar. Imagínese el trabajo que tendrían. Tendrían que hacer controles de alcoholemia. Si quiero pensar para ese lado, se les complicaría demasiado.
N&P:- ¿Es justificable? O.:- No digo que sea justificable, sino que a lo mejor le complicamos la vida a alguien. Estaríamos generando más trabajo.
Cada verano en la ciudad se repite una postal: cientos de turistas y locales que no cuentan con muchos recursos económicos como para presenciar un espectáculo, se agrupan en la zona de La Rambla para ver los shows gratuitos que allí se brindan. Y esa situación es aprovechada por jóvenes punguistas y carteristas, que muchas veces se encuentran en connivencia con los propietarios de puestos de venta ambulante que hay en el lugar. Es lo que le tocó presenciar a Gustavo, un marplatense que fue con su familia a tomar mate y observó cómo un grupo de chicos robaba a quienes pasaban por allí.
N&P:- ¿Que fue lo que presenció? G.:- Fui a la zona de La Rambla con mi familia a ver un espectáculo y me puse a observar a tres chicos que andaban deambulando de aquí para allá. Cruzaban la calle Rivadavia desde la costa y resulta que estudiaban a la gente que estaba más distraída y les robaban la carteta. A su vez se iban a la parada de colectivo, y hacían lo mismo. Y después se encontraron con unos vendedores ambulantes, que estaban con ellos.
N&P:- ¿Cómo llegó a notar estas conductas? G.:- La verdad es que me llamaron la atención. Me puse a mirar a uno de los chicos, andaba al lado mío, tenía la camiseta de Boca. Después se me acercó otro. Ahí le dije a mi señora “mirá, éstos andan robando”. Entonces me fui a tomar mate con ella y pude comprobarlo: eso era lo que estaban haciendo.
N&P:- ¿Eran pungas o arrebatadores? G.:- Hacían el trabajo de pungas. También hacían el cuento del tío ahí en la parada del colectivo y a la vez trataban de robar en el cruce de la calle. Después aprovechaban en los amontonamientos de gente. Se conocían con uno de los vendedores que había ahí. Esta situación es realmente un desastre.
N&P:- ¿Usted no hizo nada? G:- Yo estuve buscando a la Policía y en 40 minutos que estuve en ese lugar, ningún policía se acercó, ni siquiera pude ver a ninguno deambulando en el sector. Y eso que estamos en pleno Operativo Sol. La seguridad no existe para nada.
N&P:- ¿Esta situación se extendió por mucho tiempo? G.:- Hasta el momento en que yo me fui, seguían haciéndolo. Cuando me fui llamé al 911, pero nadie mandó un patrullero ni nada. Me atendieron, pero no se acercó nadie. Me dijeron que iban a mandar un móvil pero yo me fui y no apareció. Ya no sé cómo es la situación con la policía. Soy de Mar del Plata y me da pena por la gente a la que le sucede eso. Así estamos en la ciudad y en todos lados. Y lamentablemente hay que vivir de esa forma.
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