Mar del Plata, 21 Noviembre 2008

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Palabra de Ana

Escena salvaje

por Adriana Derosa

Ana Acosta es una actriz versátil, y llegó a la popularidad por sus parodias a los famosos en la televisión. Su espectáculo unipersonal lleva varias temporadas de éxito y vuelve en carrera a la temporada marplatense. Explica aquí “Cómo se rellena un bikini salvaje”, para quien quiera aprender.


N&P— Este unipersonal que ya está a punto de convertirse en un clásico...
AASí, al menos para mí. Es un espectáculo que vengo haciendo desde el ‘95, lo estrené en Buenos Aires. Con él me vine a Mar del Plata, y gané dos Estrella de Mar. Eso me permitió hacer todo un año de gira por todo el país, porque los premios ACE son muy importantes, pero a lo que le prestan atención en el interior es a los Estrella de Mar. Si vos les decís que ganaste el ACE al mejor unipersonal, no lo tienen tanto. El Estrella de Mar, al ser televisado y venir con toda la polémica, se ve que tiene mucha más repercusión en las provincias. Eso me permitió trabajar todo el ‘96 y los inicios del ’97, hasta mediados de año que empecé con otra cosa. Cuando yo me quedo con meses libres, en seguida me calzo el bikini y salgo a las provincias. Ahora hacía cinco años que no lo hacía, desde que empecé con “El show de las divorciadas”. Fue una cosa tan pegada a la otra que no tenía tiempo de reflotar “El bikini”. Este año, cuando saqué de nuevo los derechos, el productor de La Campana me dijo “¿por qué no volver con ‘El bikini’?” Y aquí estoy.

N&P— Hablemos de “El bikini”. ¿Cómo es este trabajo?
AASon 11 personajes que cuentan sobre la incomunicación, que yo creo que cada vez es un tema más vigente. Ahora, con la cuestión de Internet, todavía más, porque los chicos ya no salen a la calle para jugar sino que están todo el día frente a una computadora hablando con alguien que no saben quién es. Así que este año, cuando nos pusimos frente al texto con mi marido para ver si había que cambiar algo, nos encontramos que estaba más vigente que nunca. Nada había caducado. Cuando una obra es buena trasciende el tiempo y también el lugar. Yo estoy haciendo por la costa “Mi brillante divorcio”, y muchas veces la gente me pregunta como afirmando si la autora es argentina. Es irlandesa, nada más alejado de nosotros -del humor argentino- que el humor irlandés, que es sarcástico. A nosotros nos mueven a risa muchas cosas más, nos divierte el doble sentido y una frase de tono subido. Pero si la obra es buena, no importa quién la escribió, puede ser de aquí como de allá. Trasciende un país y también el tiempo, “El bikini”, te aseguro, es un espectáculo que tiene más vigencia hoy que en el ‘95.


Una visión

Seguramente ésta será la única forma de ver a Ana como ella misma, fuera de cualquiera de los personajes que compone a lo largo de la vida artística. Sólo en esta quietud del living de su casa hablo con Ana Acosta, la de su casa, la del vestido sencillo de mañana, sin maquillaje y sin ningún atributo que la trastoque.
En un sillón mullido hablamos de “Arlequín...” de Goldoni, y ella me cuenta de una puesta que tuvo oportunidad de ver hace años, cuando China Zorrilla dirigía a Gianni Lunadei y a Ulises Dumont.
“Eran tan contrapuestos”, me dice, “Gianni tan alto, que se volcaba sobre el otro y le hablaba desde arriba. Los dos se desplazaban por el escenario en ese juego de acople perfecto. Yo no era actriz en ese momento, pero al ver el trabajo dije qué maravilla, Dios mío, poder hacer esto”.
Hablamos de todo y de todos, como si estuviéramos en un cafecito de mañana de vacaciones, sacando conclusiones acerca de lo que hay para ver, de los viajes y del trabajo. Ella está preparada para salir de viaje esta misma tarde a hacer funciones por la costa, porque no estamos en uno de los días en los que le toca presentarse en Mar del Plata. Esta preparada para ponerse su bikini y salir a ganarse la vida como una comediante de la legua.
Ana no es una diva, es una mujer que trabaja de actriz, y se ocupa de saber antes si voy a sacar fotos porque es de mañana y no tiene ni media gana de maquillarse. Hace bien. Es de mañana y hay una tirita de luz que pasa por debajo de cada cinta de la persiana del living, y hace de este instante un punto mágico en que nos sentamos a sonreír.


A pico y pala

N&P— En cuanto al personaje de “Mi brillante divorcio”, tiene una exigencia tan distinta porque trabaja todo el tiempo en un borde entre el humor y lo tremendamente trágico que le está sucediendo; es muy exigente. Con “El bikini”, ¿descansás más?
AACon “El bikini” tengo la posibilidad de desarrollar cada uno de los personajes mucho más tiempo; eso me permite descansar en el sentido de que estoy haciendo este personaje y no tengo apuro de pasar a otro. En el otro espectáculo los personajes son cortitos, no duran más de dos o tres minutos en escena, y eso exige un alerta del cuerpo todo el tiempo, porque cambio de una jorobada a uno erguido, y así. En cambio en “El bikini” se define tanto al personaje, que el espectador se imagina hasta el color del pelo. Me pasa de todas formas, que vengo de dos funciones de “El bikini” y ya quiero el otro para estar más loca, más alerta y apurada, con un ritmo más vertiginoso. Y cuando ya estoy cansada, quiero “El bikini”.

N&P— ¿Vos te involucrás en la producción de tu trabajo?
AASí, porque en Buenos Aires por ahí dejo más a los productores que hagan, pero en Mar del Plata es como que siento que cada año tengo que poner lo mejor; todas las veces que vine no pasé inadvertida, ni para la prensa ni para los premios. Yo he hecho acá grandes éxitos, como la temporada con Ranni, Gianola, Daniela Cardone y un elencazo que nos permitió después continuar todo el año en Buenos Aires. Hice “El ultimo de los amantes ardientes”, que funcionó muy bien. Vine con “El show de las divorciadas”. Entonces, cuando llego, exijo cosas al productor y gracias a Dios me las concede: una buena difusión en cuanto a afichetas, afiches, el camioncito, todo lo que se usa acá, y poner toda la carne al asador. Después, si funciona o no tiene que ver con la gente que viene, si le gusta o no, y si lo puede recomendar. Por eso quiero venir con todo acá, porque es una ciudad que me dio mucho realmente y quiero que esté todo perfecto.

Stress

N&P—¿Te llevás bien con esta cosa estresante que tiene el verano marplatense, pararse entre 400 espectáculos? Hay gente a la que la afecta mucho.
AASí, pero con el unipersonal es diferente, porque uno no tiene las mismas expectativas que con un trabajo grosso, que necesita meter 3.000 personas por semana. En cambio, con el unipersonal, con la gente que te viene a ver -si salvás los gastos- no tenés la expectativa de una sala llena con 500 localidades, porque sabés que no hay gente para eso. No es tan masivo y popular: te tiene que gustar mucho ese actor para ir, pagar cuarenta mangos y verlo una hora y media solo. Si vienen veinte, bienvenidos, pagaron veinte. Si vienen doscientos, fantástico. Por eso a veces es mucho más relajado venir con el unipersonal. A mí me pasa que voy por la costa y si meto doscientas personas y me dicen que fulanito metió quinientas, yo pregunto entonces cuántos son. Son cinco. Ah, bueno, yo solita metí doscientos. Te calma el ego si hacés la proporción, que no es una forma de conformarse.

N&P— ¿Sos una de esa mujeres que encaran la vida calzándose un bikini salvaje?
AASí, y en cuanto a “Mi brillante divorcio” también tengo mucho que ver con el personaje hacia el final de la obra, cuando decide dejar atrás una vida que ha sido muy feliz, pero que se terminó. Hay que mirar para adelante. Los espectáculos tienen que ver también con el momento en que los elegí. Cuando empecé “El bikini” acababa de quedar embarazada y dije: esto es fantástico, habla mucho de las relaciones de las madres con sus hijos. Y después me tomé doce años hasta elegir otro unipersonal. Mientras tanto me ofrecieron de todo, pero era siempre más de lo mismo: mujeres quejándose de los hombres.
N&P— Ya es un cliché…
AASí, ya basta, me tiene cansada como espectadora. Preferí este porque....hay un brillo detrás del divorcio. Me siento cómoda.

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