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Por la puerta grande
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por Matías Frati
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Histórico: Peñarol ganó la Liga de las Américas, la primera gran competencia continental, con la presencia de los equipos de básquet (reglas FIBA) más importantes de todo el continente. En una gran actuación de conjunto, el equipo milrrayitas ha logrado un título soberbio.
Pero no es el resultado final lo que me interesa resaltar, porque de ello habrán leído y oído nuestros lectores durante toda la semana que pasó. Hay otros elementos importantes para poner sobre la mesa a la hora de analizar esta situación, y van desde la faz dirigencial hasta la deportiva. En el plano dirigencial vale resaltar que siempre hubo esfuerzo de los directivos del club para darle al técnico lo mejor que necesitaba, tanto desde el punto de vista del material deportivo como desde el tema de las contrataciones. Lo demuestra la última incorporación, la del norteamericano Quincy Wadley. Hubo sacrificio y buena interpretación acerca de cómo deberían ser las cosas de cara a la conformación de un plantel competitivo. Aunque todavía hay una cuenta por saldar y la responsabilidad también recae sobre los mismos dirigentes; tiene que ver con la seguridad y con evitar las peleas de los hinchas milrrayitas contra los hinchas de Quilmes. Esta es, sin dudas, la más grande de las cuestiones no resueltas que debe afrontar la comisión directiva de Peñarol. Desde el plano deportivo está todo muy claro, pero hay un gran artífice de este presente del equipo: el entrenador, Sergio “Oveja” Hernández. Un hombre inteligente, capaz, generador de buenos equipos y habilidoso para detectar quiénes son los mejores en cada puesto. Un verdadero conocedor del básquet actual, siempre a la vanguardia en su profesión, conectado con el mundo y con los jugadores a los que dirigió en otras ocasiones. Tiene el plus de ser bueno en lo que hace y casi implacable como relacionista, a pesar de su bajo perfil. Por todo esto, pero sobre todo porque en la cancha Peñarol fue mucho más que el resto de los equipos, Mar del Plata ha tomado la delantera en el básquetbol argentino. A veces con desorden, pero de manera muy “argentina”, en definitiva. Porque eso también es parte de nuestra cultura y de nuestra idiosincrasia. Ya es un hecho que este equipo ha entrado en la historia de la ciudad, porque con su esfuerzo ha contribuido a que el deporte nacional alcance otro peldaño importante dentro del contexto deportivo continental. Pero, además, porque con este sacrificio logró que Mar del Plata esté otra vez en la portada de todos los medios deportivos del continente. Para algunos, el reconocimiento realizado el pasado lunes 11 de febrero al mediodía por las autoridades locales no tendrá demasiado sentido. Para otros será muy especial. Para la mayoría, quizás sea intrascendente. Pero para la gente del deporte ese recibimiento de cientos de personas en caravana por la ciudad tiene mucho de especial. Es un agradecimiento importante que sirve para premiar el sacrificio de un plantel que consiguió el título más importante qur tiene el básquet argentino. Peñarol entró por la puerta grande a la historia del deporte nacional. Y Mar del Plata, de su mano, lo acompaña.
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