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Los colimbas no se divierten
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De un exceso de militarismo se pasa a una instancia donde las Fuerzas Armadas son desmanteladas. Actualmente en la Argentina, la mayor parte del presupuesto se va en gastos de personal. Hace falta reestructuración y gente que piense en serio.
Entre todos los espacios pauperizados que posee nuestro país, hay que contar a las Fuerzas Armadas. En algún momento entidad respetada, en otros, irrespetuosa de las instituciones, actualmente atraviesa una instancia donde los presupuestos no alcanzan y su conformación deja bastante que desear. El ex ministro de Defensa Horacio Jaunarena echó un vistazo sobre la actualidad de la institución y dejó en claro que es necesaria una reestructuración que reconstruya las bases. Y si bien no están las condiciones dadas para retornar al servicio militar obligatorio, manifestó que los jóvenes deberían tener algún tipo de participación patriótica colaborando desde el campo social.
N&P:- ¿Hay descuido de la infraestructura de las Fuerzas Armadas? H.J.:- Es cierto. Pero también es cierto que el camino tampoco es el que están siguiendo algunos países de la región, que están comprando equipamiento moderno para sus Fuerzas Armadas. Si se toma el porcentaje de incremento de la inversión, se verá que hay un desbalance muy notorio. También existe la percepción por parte de la Argentina de que no hay ninguna posibilidad de conflicto y que por eso la dirigencia no ha tomado en serio este tema. Que es quien debería tomar la previsión, porque uno no le puede exigir a la población que lo haga. La previsión la tiene que tomar quien tiene la responsabilidad de conducir los destinos el Estado.
N&P:- El país tuvo en algún momento una vocación de industria en este rubro. ¿Por dónde habría que corregir para colocarnos de nuevo en el mismo camino? H.J.:- Durante el gobierno de Alfonsín habíamos llegado a un convenio con Embrear para producir un avión en Paraná. Se llegó a avanzar mucho, pero luego lamentablemente se dejó de lado y ahora estamos produciendo sólo el Pampa, que no lo hemos podido vender en el mundo. También se dejó de lado el proyecto Cóndor, que hubiera permitido que la Argentina tuviera acceso a una tecnología que permitía colocar una satélite a mediana órbita. Hay necesidad de que se enfrente el tema de la defensa nacional desde la política como el ámbito natural para que se produzcan los grandes consensos, y salir de esta situación que puede ser perjudicial en el largo plazo.
N&P:- ¿Es positivo pensar en una suerte de Fuerzas Armadas del Mercosur? H.J.:- En los términos en que está planteada la situación es muy difícil que se pueda revertir porque no se toma conciencia, y acá hay un problema estructural que hay que modificar. En el caso del Ejército, viene como consecuencia de que el nuestro está conformado sobre la base de dos hipótesis: la primera es el conflicto tradicional con Brasil y Chile, y la segunda es la ambición del ejército colonizador, que significa que tiene un despliegue territorial extensísimo. Y a esto tiene que combinarlo con la flota de un servicio militar no obligatorio, con lo cual la posibilidad de incorporar 80.000 hombres como existía cuando era obligatorio ha quedado reducida y hoy sólo se ha podido incorporar a 15.000.
Fuera de servicio
N&P:- ¿Estamos limitados, entonces? H.J.:- Como el despliegue territorial no ha cambiado y la concepción tampoco, las unidades que son abastecidas por esta cantidad de soldados son absolutamente famélicas, no tienen chances de cumplir con su misión. Hay que tomar conciencia de que ha habido un cambio de un Ejército masivo cuantitativo a uno cualitativo, pero no hemos cambiado la estructura para que el Ejército sea de esta manera. Y al mismo momento en que pasa esto, ningún proceso de cambio se puede llevar adelante si no se cumple con la ley de reestructuración de las Fuerzas Armadas, que prevé un apoyo presupuestario para realizar un cambio.
N&P:- En su opinión, ¿es imposible realizar un cambio en este momento? H.J.:- Más del 85% del presupuesto de las Fuerzas Armadas se destina a gastos de personal, y queda solamente un escaso 10% para el funcionamiento de adquisiciones; con esa distribución presupuestaria es imposible mantener un plan de reestructuración sustentable. En el caso de la Armada tenemos un problema parecido: sigue funcionando como si fuéramos a tener un portaaviones. Así que toda la estructura se organiza alrededor de una ficción, que se ve incrementada porque por falta de presupuesto prácticamente la aviación naval es inexistente, y de la única forma que esto podría cambiar sería resucitar esta idea de una asignación presupuestaria adecuada. Por supuesto, con perfecta conciencia de la necesidad de este cambio.
N&P:- ¿Cree que habría que volver al servicio militar obligatorio? H.J.:- No creo que sea posible. No hay marco social ni político para que suceda. Creo que lo que hay que asumir es el cambio, aceptar que tenemos un sistema de voluntarios y que ese sistema implica adaptar la estructura del Ejército a esta realidad. Creo que nosotros deberíamos tener un servicio social obligatorio, que el joven de entre 18 y 20 años tuviera la obligación de darle seis meses de su tiempo a la patria. Lo militar sería opcional, pero no el servicio social, que serviría para paliar situaciones que existen en la Argentina. Eso le daría a nuestra juventud una contención y podríamos tener una idea exacta del estado de salud y cultural. Pienso que sería interesante que nuestros jóvenes volvieran a tener algún tipo de participación en ese aspecto.
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