Mar del Plata, 13 Mayo 2008

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Alguien tendrá que ceder

por Matías Frati

El rugby argentino atraviesa por un momento crucial: los dirigentes deben decidir entre la profesionalización del seleccionado nacional o la continuación del ostracismo místico de la amateurización. Aunque no hay nadie en el ámbito de la Asamblea Extraordinaria de la Unión Argentina de Rugby que se niegue a lo primero, el pasado lunes 28 de abril fracasó la aprobación de la tan esperada profesionalización.


Hubo una razón fundamental: la UAR está claramente dividida entre Buenos Aires, representada por la URBA, y el Interior, con el resto de las uniones. La URBA tiene el 47% del poder de voto de la asamblea, según el estatuto de 1995. El Interior acercó un proyecto para bajar ese porcentaje y reducir el poder al 23%. Como no hubo acuerdo, la Asamblea pasó a cuarto intermedio para dentro de un mes.
¿Qué significará para el rugby argentino la profesionalización? En primer lugar, que la International Rugby Board (IRB) abone a fin de año la nada despreciable suma de 2.700.000 libras esterlinas (equivalente a 5.500.000 de dólares). Este pago le corresponde a la UAR porque Los Pumas finalizaron el último Mundial dentro de los mejores diez equipos (fueron terceros). Pero ese pago sólo se puede realizar si el rugby argentino se profesionaliza. De otra manera, el rugby nacional seguirá siendo considerado por la IRB como “rugby en desarrollo”, y la paga será nueve veces menos: 330.000 libras esterlinas (680.000 dólares).
Si el rugby se profesionaliza, la UAR tiene previsto invertir esos recursos en la realización de cuatro centros de desarrollo en el interior del país. Así se podrá seguir creciendo desde las bases, es decir, con las divisiones inferiores de los clubes. También se prevé la detección de talentos.
Claro, la política está a flor de labios. Los dirigentes del Interior están cansados de que “Dios atienda en Buenos Aires”. Por eso, condicionar a la URBA a reducir su poder en la UAR a cambio de la aprobación del nuevo estatuto que libere las cláusulas que imponen el amateurismo es vital para las uniones de todo el país.
El artículo 33º del estatuto establece la distribución de los votos en la asamblea. Para tratar de llegar a un acuerdo, dirigentes de las uniones más importantes del interior como Tucumán, Córdoba, Rosario y Mar del Plata intentaron destrabar la situación en una “reunión chica” con directivos de la URBA, pero no lo lograron. Es que en Buenos Aires consideran que están “varios pasos por delante del Interior” y que esa diferencia de afiliaciones, recursos, nivel deportivo y proximidad con el poder también tiene que estar reflejada en la distribución de los votos.
Lo concreto es que si ninguna de las partes afloja se caerá la posibilidad de reformar el estatuto y se abortará la gran chance de obtener fondos genuinos para desarrollar el deporte.
En la IRB esperan hasta noviembre para que la UAR se defina acerca de su ingreso al mundo rentado. Hasta tanto esto no ocurra, Los Pumas tampoco podrán jugar el Tri Nations ni ninguna otra competencia internacional con premios en efectivo.
Alguien tendrá que ceder. Es inevitable el conflicto, pero también es irracional que se desperdicien tantas oportunidades de crecimiento por falta de consenso sobre cómo dirigir los destinos de la entidad.
El rugby argentino espera por una decisión que contenga a todos.

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