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La verborrágica Lilita
Los Ceaucescu argentinos
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por Rosanna González Pena
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No hay caso. No quiero hacer de esta columna una constante respuesta a sus dichos, pero es más fuerte que yo. No puedo quedar sin decir nada ante terribles inexactitudes históricas, por llamarlas de alguna manera. Sobre todo porque gran parte de la sociedad las da por buenas, en lugar de asumir que simplemente son frases efectistas totalmente inexactas.
El solo hecho de que haya comparado al matrimonio Kirchner con los Ceaucescu en dos programas de televisión y en un diario de tirada nacional, sin ningún tipo de problema, muestra que lo que está diciendo es una mentira. Si por casualidad usted no recuerda la Rumania de Nicolae y su esposa, le diré que ningún opositor podía siquiera asomarse a un programa televisivo. Más o menos como en Argentina, pero en 1978. Pero se enamoró de la frase, le debe haber parecido fascinante, y la dice cada vez que tiene un micrófono adelante. La líder de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, asistió al programa de Mirtha Legrand, donde criticó a Néstor y Cristina Kirchner (lo que no está mal). Una vez más los comparó con el dictador rumano Nicolae Ceaucescu y su esposa Elena que, tras su caída del poder, fueron fusilados por ochenta soldados en 1989. Ya lo había dicho en el programa de Mariano Grondona y lo repitió hace unos domingos en La Nación. Una de dos: o es menos inteligente de lo que quiere hacer ver, o miente de una manera descarada sin que le importe. Cualquiera de las dos opciones está mal. Me cuesta creer la primera porque no sólo todos dicen que es muy inteligente sino que, además, se vende como una especialista en Hanna Arendt, quien ha tratado el tema de los totalitarismos de una manera magistral. Su libro “Orígenes del totalitarismo”, de 1951, donde rastrea los orígenes de estos regímenes tanto en el fascismo como en el comunismo y los conecta con el antisemitismo, es un clásico que recomiendo a quienes les interese el tema, porque además no es de difícil lectura. Me queda la segunda opción: miente a sabiendas. Hace poco tiempo se realizó una exposición en Bucarest donde se destapaba el pasado comunista. La exposición se llevó a cabo en el Museo Nacional de Historia de Bucarest y mostró el lado oscuro de la época de Ceacescu. En las fotos se podía ver a millones de rumanos de pie durante horas, delante de tiendas vacías, esperando para obtener minúsculas porciones de carne, leche o queso. Sus casas eran frías porque no había con qué calefaccionarlas. Pueblos enteros fueron destruidos de la noche a la mañana por el ambicioso proyecto urbanístico de Ceacescu, arrasando hasta con las iglesias. Justamente, la aceleración de la aplicación del “programa de sistematización del territorio”, decidida por el Parlamento el 17 de abril de 1989, y la destrucción de las miles de aldeas que esto significaba, fue una de las causas de la caída del matrimonio. Los altos gastos provocados por la modernización de la Capital de Rumania eran objeto de muchas críticas, sin que nadie se atreviera a formularlas abiertamente por miedo a ser delatados y posteriormente encarcelados. Era impensable que alguien fuese a un medio de comunicación para tratar de irracionales a los gobernantes, como gracias a Dios sí se puede hacer ahora por estas pampas. El servicio secreto de seguridad del Partido Comunista empleaba técnicas a las que todos temían, y tenía presencia por todas partes, tanto en el vecindario como entre los compañeros de trabajo e incluso dentro del círculo de parientes. Hortensia Bucur, una ciudadana rumana, contó a un periodista occidental que por aquellos días vivía con miedo, siempre perseguida: “Yo tuve a mi hijo durante dos semanas sin salir de casa, porque en la guardería había aprendido un chiste sobre Ceacescu. Le habían dicho en la calle que pasaría toda la vida entre rejas”. A pesar de su amor por los bienes no todo era lujo alrededor de la pareja en el poder. Las habitaciones del matrimonio en el palacio Snagov de Bucarest eran muy feas, de muy mal gusto. Aunque son demasiado grandes tienen cierto aspecto humilde, quizá porque combinan lo peor de todo. Su miedo al contagio de enfermedades y a la suciedad queda de manifiesto en las salas de tratamiento y en los cuartos de baño. El régimen del dictador Ceaucescu (dicho sea de paso, gran amigo de Occidente por su pelea con la URSS) obligaba a las familias rumanas a tener muchos hijos. Con la caída del régimen se fueron conociendo algunas de sus más grandes atrocidades; la política demográfica impuesta obligaba a las mujeres rumanas a tener al menos cuatro hijos. Como consecuencia de ello, decenas de miles de niños fueron abandonados, mientras que unas 10.000 mujeres murieron víctimas de abortos clandestinos. Al dictador y a su esposa no se les ocurrió otra cosa en 1967 que, mediante la Ley de Continuidad Nacional, decretar el crecimiento demográfico de la población rumana. Los argumentos del secretario general del Partido Comunista de Rumania parecían salidos de la factoría Himmler: parir el mayor número de hijos por “deber patriótico”, asegurar la “continuidad de la nación”, declarar los embriones humanos propiedad estatal, controlar los embarazos mediante milicias comunistas, prohibir totalmente los abortos y cualquier tipo de anticonceptivo. Rumania todavía arrastra las consecuencias de la “genial” planificación familiar decretada por Ceaucescu: todavía pervive la costumbre de abandonar miles de recién nacidos, los orfanatos siguen repletos y la pobreza, 18 años después, sigue afectando gravemente al país. Lo que hace Carrió con estas comparaciones rimbombantes y totalmente faltas de sentido es llevar las lógicas disputas políticas e ideológicas de la Democracia a un enfrentamiento entre enemigos peligrosos. Lamentablemente no es la única, sólo es el ejemplo más acabado de esta locura. El discurso de Carrió y de casi todos los políticos argentinos, incluido el partido gobernante, es totalmente antipolítico y radica en la idea de una oposición que solamente se puede ejercer de manera violenta, porque plantea un modelo donde las diferencias no se dan entre distintas expresiones políticas sino entre el Bien y el Mal, al estilo de George Bush. Por suerte para Lilita Carrió estamos a años luz de distancia del gobierno de Elena y Nicolae Ceaucescu, porque una de las cosas que más les gustaba hacer era internar en clínicas psiquiátricas a los disidentes y opositores. Y sin dudas ella hubiese estado entre las candidatas más firmes, por opositora, por supuesto.
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