Mar del Plata, 14 Mayo 2008

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Voto por la fractura

Cascarudos

por Rodolfo Olivera

A las puertas del intento secesionista, todo un continente observa azorado la tozudez caprichosa y esencialmente egoísta de “la Bolivia rica”, dispuesta a llegar a cualquier cosa con tal de no ceder absolutamente nada a “la Bolivia pobre”. Alejada ya del poder formal que usufructuó por décadas, la primera prefiere separarse de la segunda si es que ésta comete “la imprudencia” de pretender un mínimo de dignidad largamente postergada.


Santa Cruz de la Sierra hoy. Mañana, quizás, Beni, Pando y Tarija. En observación de los resultados, Cochabamba y Chiquisaca. El resto que se arregle como pueda. Obsesionados por una autonomía extrema –casi otro país-, reclamando derecho exclusivo para repartir tierras, para recaudar impuestos, para crear su propia justicia, para manejar sus fuerzas armadas y policiales y los lazos con los grandes conglomerados multinacionales. Les importa un belín que la Constitución de Bolivia, en su artículo 31, exprese sin lugar a dudas que “se declaran nulos todos los actos que no estén contemplados en la ley”.
El muy belicoso líder del Comité Cívico Santa Cruz, el magnate aceitero Bruno Marinkovich, es la voz cantante y el movilizador nato de esta “solución” a la pérdida del poder formal ejercido de manera indirecta en los gobiernos de Sánchez de Losada y sus predecesores. El gobierno de Evo Morales, por su parte, maneja estrategias poco claras que no obstante se presentan como “institucionales”: no reconoce en absoluto el referéndum –de hecho, en este sentido la Constitución lo avala- y sostiene que la obligación primera de todo gobierno es preservar la unidad nacional y territorial -lo que también es indiscutible-.
Hasta el momento de escribir esta nota no ha querido movilizar al Ejército, sin dudas en pleno conocimiento de la fuerte e histórica vocación de los militares bolivianos de ser el eje de la balanza del poder, como lo han hecho en las últimas cuatro décadas. Pero así como pelea y/o negocia con extraños debe hacerlo también con los propios, porque seis Federaciones de la Bolivia olvidada plantearon no sólo el desplazamiento sino también la acción directa para detener el envío de “ánforas” (así llaman a las urnas), lo que puede terminar en graves enfrentamientos callejeros. Porque, del otro lado, la decisión es hasta ahora implacable.
No sé si de vez en cuando Usted mira “Animal Planet”. Allí, cada tanto, muestran cascarudos enredados en sus cuernos, tirando cada uno para su lado, procurando desbarrancar al otro que, ocho de cada diez veces, termina arrastrando al primero con lo que por lo general pierden los dos. Algo de esto hay en Bolivia. Uno que amenaza con la fractura y con quedarse con el grueso de la renta; el otro que devuelve frenando la coparticipación petrolera. Uno quiere volver al poder formal o maximizar el poder real (económico) que realmente tiene; el otro detenta ese poder pero con un grado de debilitamiento en estos dos años que resulta preocupante. La ingobernabilidad es el resultado, la inestabilidad el riesgo y la pérdida será para ambos más temprano que tarde.
En las décadas del ´80 y ´90 hubo una aceptación entre dócil y resignada a los costos que implicaba la “modernización”. Los resultados siguieron siendo los de siempre: alta concentración de los beneficios, socialización expandida de las pérdidas. En el concepto de distribución del ingreso que es por esencia de suma cero (uno pierde algo para que otro gane en la misma proporción), los que tienen todo están dispuestos a conservarlo, muy lejos de la primera lógica germano-occidental cuando hubo que hacer sacrificios para unir la Alemania rica de la Alemania pobre. Aquí es lo mismo pero al revés: no se reparte, y en vez de unir se divide.
Hay algunos datos que remarcan la verdadera intención de los cruceños. Las Prefecturas ricas se niegan a una ley de retenciones (¿le suena?) del 70% de los dividendos que produce el gas. Convengamos que la riqueza, a quienes con él comercian, se les quintuplicó en dos años por la acción del gobierno –este gobierno- al nacionalizar los recursos y renegociar los contratos. Dicho de otro modo bien sencillo: Santa Cruz gana mucho más, porque Evo Morales le hizo ganar mucho más. Pero ahora le niegan parte de esa renta extraordinaria para redistribuirla a través de la llamada “Renta Dignidad”, destinada a dar cobertura a los mayores de 60 años, históricamente relegados.
Los grandes exportadores, por su parte, quieren vender en el mercado interno a precios internacionales, reduciendo a un mínimo el número de potenciales compradores (cualquier semejanza con otros casos, no es mera coincidencia). Los pequeños productores de pollos han decidido negociar con el gobierno, los holding aceiteros, no.
Por supuesto que cuentan con el apoyo incondicional de la Corte Electoral de Santa Cruz, decidida a llevar adelante el plebiscito a cualquier precio. Y es que los negocios se entrecruzan: el presidente de la corte, Mario Parada, está casado con la líder del Comité Cívico Femenino Autonomista, Julia Gutiérrez (que hasta descalificó altaneramente una mediación de la Iglesia), vinculada directamente a la exportación alimenticia. El Vicepresidente de la misma Corte, Ernesto Zambrana, es a la vez Secretario General de la Compañía Rural de Electrificación (explota toda la provincia cruceña y alrededores). El actual presidente de dicha empresa, Germán Antelo, presidió poco tiempo atrás la misma corte electoral que apoya la secesión.
Es verdad: Evo no empezó del todo bien. La inexperiencia, la oposición, algunos amigos díscolos y demasiado “chavismo” lo desacomodaron. De a poco “va tratando”, pero no con mucha suerte. De hecho, la Asamblea Constituyente del 2007 terminó siendo aprobada sin la presencia de los opositores, lo que le quita bastante legitimidad. La inflación sigue siendo alta, el desarrollo lento, el desempleo no baja sustancialmente, y la bonanza del precio del gas no alcanzó todavía a hacerse visible para el conjunto social.
Lo que sí hace el Presidente ahora es “latinoamericanizar” el tema de la fractura. La OEA, que no gana para sustos pero tampoco se muestra muy contundente que digamos, ha tenido que discutir el tema. Morales dice que lo hace para evitar más conflicto, y por eso previamente envió a su vicepresidente a Brasil –Lula lo recibió aunque no es común que lo haga con funcionarios de menor rango que él mismo-; y el Ministro de Coordinación viajó a Buenos Aires para interiorizar a la Argentina sobre el problema. El aceitero Marinkovich fue tajante: “No tenemos nada que discutir con los amiguitos (sic) de Evo Morales”.
Algo logró el Presidente: hasta el momento, ni la OEA ni la Unión Europea están dispuestas a enviar veedores al referéndum en la provincia separatista, lo que es un problema para ella porque la lectura de fondo es que le quitan legitimidad a la consulta. Morales no ahorró explicaciones en el Foro de Asuntos Indígenas de las Naciones Unidas, y hasta se le atrevió a la Universidad Brown de Providence (Rhode Island, EEUU).
Eso sí, tampoco tuvo dudas en dejar muy en claro que detrás del movimiento secesionista hay intereses representados por altos dirigentes extranjeros, empezando por José María Aznar (España) y Philip Goldberg, embajador de los EEUU en Bolivia, emparentando el movimiento cruceño con el golpe de Estado del 2002 en Venezuela.
Por ahora, los cuernos siguen trenzados. Se habla de pacificar pero se arman como para la guerra. A este paso se van a caer los dos de la rama. Lo vi en Animal Planet.

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