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También Einstein era relativo
Luis Miguel Ariza para el diario El País, España.
En 1931, Charlie Chaplin invitó a Albert Einstein al estreno de la película Luces de la ciudad, con todo el glamour del Hollywood dorado. El genio, vestido de frac, acudió con su mujer, Elsa, y se quedó estupefacto cuando el público les dedicó una atronadora ovación al final de la película. Un poco desconcertado, Einstein susurró a Chaplin sobre qué significaban esos aplausos. “Nada”, respondió Charlot. “La gente me idolatra porque todo el mundo me comprende, y a ti te adoran porque casi nadie te entiende”. nota completa >>>
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