|
Los sospechosos de siempre
|
por Enzo Prestileo
|
Cabe hacer una reflexión un poco menos superficial sobre por qué elegimos como gobernantes a personajes a quienes terminamos condenando por corruptos, inútiles y hasta mafiosos, cuando en realidad desde el primer momento sabemos que son tan impresentables como parecen.
Para empezar por el comienzo, hay que responder la pregunta que muchos se hacen a partir de lo que vieron y escucharon en esos últimos meses: sí, estamos gobernados por un matrimonio de paranoicos que, como es evidente a esta altura, creen (él, fundamentalmente) que con su batalla contra los molinos de viento del campo pueden redimirse por haber huido a hacer dinero al sur cuando las batallas eran reales y la muerte y la desaparición fueron el destino de muchos de sus compañeros de ruta hace treinta años. A falta de generales asesinos y torturadores, esta pareja de sicópatas parece haber encontrado en la gente del campo, el blanco ideal para descargar sus atestadas conciencias. Y para ese fin, cualquier medio es útil. Por lo pronto, es una paranoia que no repara en métodos mafiosos. Tan mafiosos como ellos y sus mascarones de proa Luis D’Elia, Hugo Moyano, Guillermo Moreno y muchos otros acólitos que han dado sobradas muestras de que sus razones se imponen por las malas o por las malas. Hasta se dan el lujo de contar con el aparato estatal de apoyo para llevar adelante sus amenazas. No reparan en costos, ni materiales ni humanos. Es más, como más de una vez lo dijeran a viva voz, el odio que sienten hacia los millones de argentinos culpables de no ser pobres, los lleva a pedir la “rendición incondicional” (¿?) de quienes protestan porque se sienten estafados. ¿Si no se rinden, los matarán? Vale recordar que estos personajes, o son parte del gobierno en puestos de gran relevancia o lo fueron, pero en todos los casos cuentan en su haber con un muestrario asombroso de intolerancia y hechos delictivos impunes. Además, como punición a su accionar recibieron el castigo imaginable: un puesto asegurado en cada palco que la pareja K organiza para desparramar insultos y acusaciones falsas de todo tipo hacia todo aquel argentino/a que no se arrodilla frente a sus imágenes.
|

El conflicto
El conflicto con el campo resultó, imprevisiblemente, el liberador de un sentimiento creciente de malestar por el estilo soberbio y patoteril de Gobierno. Sin embargo, lo cierto es que ese estilo no es nuevo. ¿Por qué se lo toleró durante casi cinco años? ¿Por qué, si era crispante desde el primer día, se esperó a acumular una bronca inusual, que se nota en los rostros desencajados de muchos de los que salieron en estos días a la calle a protestar, en lugar de manifestarlo desde el primer día? ¿Es justificativo suficiente, como dicen muchos analistas y sociólogos, la sensación de desgobierno que produjo el descalabro con el que terminó el gobierno anterior? No, no lo es. Esto es algo que debería servir como aprendizaje, si es que todo este tiempo hemos conseguido aprender algo. Lo que está mal, está mal siempre. De la misma manera que lo que está bien. Es independiente de quién lo haga o diga. Es independiente de si es en un momento o en otro. Y los argentinos, por desgracia, somos muy dados a aceptar las cosas dependiendo de quién las diga o haga. Maradona es un buen ejemplo de ello, pero hay muchos otros. En particular en la política, pero sucede, y con frecuencia, hasta en el periodismo, que muchas veces “prefiere” no criticar algo porque es popular o aceptado por la mayoría para después volverse cancerbero de la verdad cuando ese humor popular cambia. El campo, es decir, los agricultores, ganaderos, tamberos y chacareros en general, también se equivocaron más de una vez en la forma de encarar la protesta. Estaba mal cuando lo hacían los piqueteros, cuando lo hacían los fundamentalistas “ambientalistas” de Gualeguaychú (entre los que estaban los De Angelis) y cuando lo hizo la gente del campo. Espero que de ello también aprendamos algo. Respecto al resultado final, ahora que el gobierno hizo su nuevo movimiento gatopardista, simulando un debate parlamentario, las perspectivas siguen siendo sombrías.
|
Sobre el accionar…mejor dicho el “no accionar” de la Justicia, si algo queda de ella en algún rincón, es tanto lo que hay para decir que lo haremos otro día. Pero aclarados estos puntos, cabe reflexionar, como se propuso al comienzo, sobre la actitud de la ciudadanía ante estas muestras sucesivas e interminables que nos viene dando el peronismo, prácticamente desde su nacimiento. Ha comenzado una nueva vuelta del juego que el peronismo mejor juega y más le gusta. Esto es, ante las primeras evidencias de desgaste del poder real del cacique mayor, al que se sometió durante un lustro casi sin disidencias, sin voces disonantes y con la más vergonzante obediencia debida que se viera en mucho tiempo, las ratas comienzan a abandonar el barco. Lo que hasta hace pocos meses era una unidad monolítica, convencida y pregonera de las bondades del estilo patoteril y del delincuencial manejo de la cosa pública (incluyendo la tergiversación estadística y el ocultamiento informativo), comienza a transformarse en un cuestionamiento “indignado” y hasta con ciertas muestras de independencia tan poco creíbles como los cuentos de hadas. Pero lo malo no radica siquiera en esta farsa a la que nos acostumbramos, para no ir tan atrás, en los veinticinco años que transcurrieron desde el regreso de la democracia. Cabe recordar que durante el setenta por ciento de ese tiempo, diecisiete años, gobernaron distintos ilustres “compañeros”. No, lo malo, aunque más triste que malo, es la forma en que los argentinos ineludible e interminablemente nos creemos esa farsa. Y eso es lo que objetivamente cabe deducir de los resultados electorales que, guste o no, es lo que cuenta al momento de evaluar las preferencias ciudadanas. Y ya se ven las primeras muestras de que esa infantil inocencia no sólo no ha desaparecido, sino que es más acentuada que antes. Esta vez parece que no caeremos en la trampa a partir de personajes desconocidos del peronismo ante los cuales esa candidez tendría algún mínimo atenuante. No, lo terrible del caso es que ya hasta hay señales indicando que algunos de los mismos nefastos personajes que participaron de este festival de corrupción, ineficiencia y disgregación social, vuelven a ser tenidos en cuenta como potenciales “salvadores” del país. Duhalde, a quien le cupo una de las pocas expresiones sinceras y acertadas del matrimonio K cuando lo apodó “El Padrino”, parece que vuelve a resultar simpático y potable para conducir el país a la vista de muchos argentinos. Evidentemente, no sólo la memoria de los argentinos es efímera sino que su capacidad de razonar es poco menos que nula. Bueno, en alguna medida la realidad lo demuestra desde hace más de medio siglo, por lo que las palabras están de más. Los nombres de los que suben a los botes para cruzar las fronteras del peronismo son cada vez más. No solamente Duhalde, que, recordemos a los tantos desmemoriados, fue el artífice principal del reinado político de lo Kirchner. Porque, aunque recibieron los votos que los consagraron, de no haber sido por el bautismo político del patrón de estancia bonaerense los pingüinos seguirían siendo los bichitos tan simpáticos que habían sido hasta hace pocos años, y a esta pareja la sufrirían solamente debajo del paralelo 42.
Pero no, también están cruzando el charco los De la Sota, Schiaretti, Reutemann, Busti y Rodríguez Saá; más allá de que estos hermanitos puntanos se pelearon algunos años atrás, cuando sus socios Kirchner y Duhalde le soltaron la mano en la semana tragicómica de fines del 2001. Y se les suman otros tantos para empezar a construir el nuevo paquete que el peronismo nos ofrecerá, a precio irrisorio, en elecciones por venir. No es la culpa del chancho, como más de una vez lo explicitáramos en esta página, sino de la sociedad argentina que lo tiene mejor alimentado que a sus propios hijos. Los patoteros que hoy gobiernan son los chanchos de hoy. Los recién mencionados, ¿serán los de mañana? Es lo más probable, a juzgar por lo que tan claramente dice la historia. Y una apreciación final dirigida expresamente al presidente de la banda pero sin banda, a raíz de la última patoteada a un periodista de Radio Continental en el simulacro de conferencia de prensa que montó hace unos días: oiga, matón de pacotilla, no todos los periodistas somos como su alcahuete Rudy Ulloa. Muchos tenemos dignidad.
|