|
Cine de grandes
Paraíso provisorio
|
por Adriana Derosa
|
“Aniceto”, la nueva película de Leonardo Favio, ha dividido al público en posiciones encontradas. El endiosado director, mimado por los teóricos, no logró cautivar a la mitad, ni siquiera lo necesario como para contar una historia que tiene demasiados asteriscos. Para algunos, siguen valiendo más los laureles ganados.
Un triángulo amoroso puede ser una fórmula infalible que no en vano ha trascendido las épocas del arte. Porque a veces es factible posar una mirada sesgada sobre la trilogía esencial que alimentó las pasiones de artistas de la más diversa calaña, siglo tras siglo. A veces, no. Favio se lanzó a recrear una vez más -o al menos ésa era la idea- el cuento de su hermano Zuhair Jury llamado “El cenizo”, que ya había dado lugar a una película anterior, “El romance del Aniceto y la Francisca”, interpretada en 1966 por Federico Luppi, Elsa Daniel y María Vaner. Hablamos de un director que durante años fue considerado un vanguardista del cine nacional, lo que lleva a muchos a pensar que se puede esperar de él una nueva y mucho más lanzada versión de aquel conflicto inicial. Es decir, que la condición casi experimental de su cine se viera no solamente en un tratamiento de la imagen, sino también en un nuevo y más audaz desarrollo del conflicto. Hacia allí fue la apuesta, sobre todo considerando que uno es de los que ingresan a la sala adjudicándole a la película un diez, ya que ante todo está esperando pasarlo bien, disfrutar de una velada que, por más que sea trabajo, es al fin y al cabo cine. Es decir, un arte de placer. Nada de esto sucedió. Hubo un esquema de tensión cansada que no hizo más que repetir la mirada, antes machista y ahora ya demodé, de la idiosincrasia tanguera. La buena es rebuena, casta, hacendosa. No pide nada, hace la comida y cose botones. Es “la santita” –como la llama él-, sólo equiparable a una Laura Ingalls del campo argentino. La otra es la mala: la sexy y sensual que le da al protagonista unos revolcones de novela, y sólo por eso es la malévola, responsable de la desgracia sin que haya hecho nada para provocarla, más que ejercer su condición de mina atractiva y variable. Matrimonio no le había prometido, vea.
|
Los recomendados de N&P
Beatles
Entre el jueves 10 y el domingo 13 de julio se realizará la Semana Beatle en el Teatro Auditórium: un ciclo de recitales en La Bodega con bandas de la ciudad de Mar del Plata. Los organizadores de esta Semana acondicionarán ese espacio para generar una recreación de The Cavern Club, el mítico espacio de Liverpool donde The Beatles ofrecieron 292 recitales entre 1961 y 1962. Las bandas que deseen participar de este ciclo tendrán que ofrecer un set de veinte minutos, exclusivamente compuesto por covers o versiones de canciones del grupo inglés. Los interesados pueden escribir a bandaslocales@hotmail.com Videoclip argentino
Se realizará el Quinto Festival de esta especialidad, del cual podrán participar autores de nacionalidad argentina o naturalizados, mayores de 18 años, con un número ilimitado de obras. Las obras deberán ser inéditas, no premiadas anteriormente ni presentadas en las anteriores ediciones del Festival Argentino del Videoclip ni en ningún otro concurso pendiente de resolución. Se seleccionarán para concursar no más de dos obras por autor. La participación es gratuita. Las obras presentadas deberán ser copia, en formato mov o avi (720 x 576) de alta calidad, DVD y/o mini DVD (norma PAL para todos los formatos). La copia no deberá contener títulos ni créditos sobreimpresos, de lo contrario será rechazada. La duración máxima del videoclip será de diez minutos, sin importar la fecha de su realización. Los temas musicales de los videoclips deberán ser de autoría original. Cada obra deberá presentarse acompañada de una ficha técnica con el detalle de los créditos. En caso de existir más de un director, deberá registrarse en otra ficha adjunta debidamente suscripta. No se admitirán en concurso obras que estuvieran acompañadas de una ficha técnica incompleta en cualquiera de sus campos obligatorios, o que no estuviera debidamente suscripta por el o los directores. Enviar copia del videoclip y ficha técnica impresa y firmada hasta el 2 de agosto de 2008 a 5º Festival Argentino del Videoclip, Murillo 1195, portería, (1414), Capital Federal. La ficha técnica también deberá ser enviada por e-mail a tecnica@festivalvideoclip.com.ar junto con un fotograma del videoclip en formato jpg (no mayor a 1 MB). Cada uno de estos archivos deberá nombrarse con el título de la obra correspondiente. El director deberá declarar que la obra entregada es de su autoría y sus derechos no han sido cedidos o prometidos a terceros en ninguna forma. Los premios consisten en la rotación en canales especializados, material virgen, préstamo de equipamiento técnico de filmación, becas, y 25.000 pesos. Las tres obras premiadas serán difundidas por señales especializadas en tanto y en cuanto se ajusten a las disposiciones vigentes de programación de dichas señales. Todas las obras recibidas formarán parte de la colección del Festival y serán publicadas total o parcialmente en el sitio web oficial del Festival http://www.festivalvideoclip.com.ar y en distintas muestras que organice el Festival.
|
Como en una pretendida tragedia, el protagonista rueda sin detenerse hasta su propia destrucción, pero es él el responsable único de esas acciones, aunque desde la narración se pretenda señalar otra gente. Aniceto pierde a la buena de Francisca por ser infiel, es decir por elección propia. Pierde el gallo por atolondrado, y por vago que no tiene un peso que no provenga de las apuestas. Pierde a la aparentemente perversa Lucía porque no tuvo mejor idea que darle un tortazo por celos. Y la fulana se fue, obviamente con otro. ¿Qué se supone que debería haber hecho para no merecer el mote de ser la casquivana de la historia? ¿Quedarse a ver cómo la fajaba de nuevo? ¿O aguantar cualquier desplante, como Santa Francisca? Creo que por más que la acción sea inscripta en la vida sencilla del campo, los personajes se quedan sin justificación ni propósito: su posición ideológica no está mostrada a la distancia, sino avalada por un director que se pega a la tragedia y la resalta con toda la insistencia hasta provocar un final al estilo Juan Moreira, cuando no hay aquí un mártir de las circunstancias.
Para ver en silencio
La película tiene una estética que podría terminar siendo interesante, sobre todo en la escenografía teatral de estudio, que evidencia el artificio y escapa de cualquier realismo. Hace que al producto se le vean las costuras de una forma bastante poco habitual en el cine nacional, creando una atmósfera que, si la narración se sostuviese, terminaría siendo hasta lorquiana. Pero no. Las actuaciones son flojas, porque se ha privilegiado la selección de los bailarines confiando en el pulso del director para salvar las papas en la teatralidad. Los resultados son estereotipados en el caso de las mujeres, pero más solventes en el caso del bailarín Hernán Piquín, que pone una carga dramática en la interpretación del ballet que sostiene la película de principio a fin. El tono es grandilocuente, como lo es el estilo de Favio. Su off poético del inicio no alcanza a plantear un código que permita al espectador leer lo que sigue desde adentro de la cosa. Los recursos del costumbrismo y casi pintoresquismo argentinos expuestos no resultan eficaces, porque la historia no resiste a la lente contemporánea sin una reformulación. Ni siquiera si asociamos a los personajes masculinos con los gallos de riña que protagonizan unos espantosos primeros planos casi patológicos y despiadados. La mística populista del otrora músico despierta casi ternura, porque no puede despertar bronca: su fuego se evidencia como extinguido. Sólo queda la destreza de una cámara que sigue siendo un sello de estilo importante, aunque poco renovado. La cámara fija, las escenas musicales filmadas en plano secuencia tradicional, y alejadas del frenético lenguaje del videoclip del que no escapa casi nadie, son casi los únicos datos positivos. Pero en realidad hay algo más. Hay un único momento en que la música estridente de Iván Wyszogrod nos deja pensar sin la recurrencia del ballet, y recuperar un ritmo interior y perdido: es la narración de la espera. Es el lenguaje que Favio sí maneja, y se le nota. La mujer espera eternamente algo que jamás pasa, la espera más allá del transcurrir de las estaciones, del frío, del calor. La espera eterna bien contada, bien transitada desde la fotografía, desde el olor mismo de la vida que casi no transcurre más que en el mismo hecho del no acontecer. Claro que hubiéramos preferido que las exclamaciones que se oían no fueran por las estocadas del gallo blanco que mata a otro en cámara. Hubiéramos preferido asistir a una deconstrucción de estos roles clásicos que permitiera ver en pantalla la multiplicidad de un ser humano que escapa de cualquier simplificación de escuadra escolar. Ver a unas mujeres que escapen del aplanamiento del cuadro pintado: la que no se calla nunca, la que no puede nada, la sencillita, la mansa, la mala que se pone sensualmente la camisa masculina del amado. Desde que estamos grandes, ya no dejamos que nos digan que una es buena porque no usa carteras caras. Tener picardía en la mirada ya no es la causa de ser la reencarnación viva de Eva, y la responsable de que el paraíso se haya venido abajo. Que Adán se haga cargo de una vez de su parte de la manzana, que nadie se la metió adentro de la boca.
|