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No hace falta que te explique
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por Federico Strileski
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El humor y la comedia tienen mil caras. Sobran ejemplos en los que rozan el mal gusto, el peor vocabulario o la falta total de respeto. Y hay casos, como en El Bananero, que la trasgresión se transforma en un estilo propio con legiones de seguidores. Eso sí: mojigatos, abstenerse.
¡Qué complicado es intentar describir Internet, atisbar sus límites! Si hablamos de leyes, depende de cada país (si es que las hay), hasta varía la edad en la que un cibernauta es considerado menor. Aún con los controles, la preeminencia de páginas originadas en el mismo Estado (alrededor del 80% nacieron en EE.UU.) o la temática (el porcentaje de páginas de contenido erótico / pornográfico / fetichista es abrumadoramente superior al resto, así como sus ingresos). Asimismo, se van imponiendo, ganando su lugar las opciones cuya existencia es casi imposible en otros soportes, llámese gráfico, radial o televisivo. Encontramos páginas, sitios y blogs polémicos, con comentarios racistas, guarangos, delirados, inentendibles y, en algunos casos, muy populares. Con todo lo que eso significa. La World Wide Web podría ser considerada, hasta con un tinte romántico, el último resquicio de anarquía, de una “liberación” que trasciende cualquier estandarización social, lo que sería completamente válido simplemente con la advertencia de contenido explícito o no apto para menores. Y como para muestra basta una web, El Bananero sería el adalid, un baluarte de lo que es hacer, decir, contar y burlarse de todo y de todos sin censuras o normas que frenen una forma de expresión que no es apta para cualquiera. Y va en serio: las malas palabras, las imágenes explícitas, las referencias directas a la masturbación, los genitales, la prostitución, las enfermedades venéreas o la supuesta virginidad de Wanda Nara son un shock a los sentidos y a quienes se asustan con chistes con doble sentido o un insulto.
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El más capo
El Bananero no se guarda nada, y no es que no le importen las repercusiones. “Jajajaja ¡Eso es lo que busco!”. A la censura, se la pasa por los hue… Consultado si tiene temor a una demanda, simplemente analiza que hoy en día todo es rating, publicidad, exposición, etc. Puede ser que no sepan que existe, que les cause risa o que lo tomen como una forma más de exposición. “Esa publicidad les sirve”. Eso sí, si alguien le hiciera juicio, adelanta que “haría un video”. Y su risa se escucha desde Miami. Nario no puede negar que está las 24 horas pensando en cómo buscarle la gracia a cosas cotidianas, relacionarlas con algo bizarro, grosero, porno, sexual, violento, etc. Sus influencias son muchísimas: Benny Hill, Dave Chapelle, South Park, Family Guy, Sacha Baron Cohen (Borat), Videomatch, Yayo, Capusotto. Adrito relata que, hace no mucho, cuatro chicos de entre 10 y 15 años lo reconocieron, le decían ídolo, le pedían fotos, que dijera frases de sus videos. La nena, que era la menor de sus fanas, le dice que su preferido era el tema musical dedicada a Wanda Nara, cuya letra describe con un verdadero glosario de insultos la desconfianza en la autoproclamada virginidad de la famosa. La niña empezó a cantar la canción, con lo que nuestro entrevistado pensaba “tiene 10 años, me agarra el padre y me mata”. En eso se acerca un señor, de gesto muy serio (con cara de cu…) y cuando nuestro Bananero se preparaba para lo peor, el tipo cambia la cara, lo felicita y le pide un autógrafo. Era el padre nomás, quien le describía que veía sus videos “en familia”. Una mezcla de euforia, confusión, alegría y un susto inolvidable. Y una historia que nos da una mínima degustación de este cocktail explosivo llamado El Bananero.
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Yo te avisé
El sitio www.elbananero.com es la sede de avances de películas, canciones, cartas de fanáticos y una locura que, si uno está dispuesto a asimilar, resultará un humor de tinte casi adictivo. Insisto, santurrones abstenerse. Quizás alguien le mostró un video de Muñeca system, El Hombre que araña, la Cerveza “Melorto”, Harry El sucio Potter, John Salchichón Rambo, la canción “El pete de Wanda”… si no tuvo el gusto -o el disgusto-, ya se va haciendo una idea de a lo que apunta este señor. El genio (?) detrás de esta locura es Adrian “Adrito” Nario. Tiene 31 años, se autosatisface “como un quinceañero”, es diseñador grafico en un canal de TV en Miami, donde reside, y a veces tiene “un trabajito los fines de semana en el puerto… enderezando bananas con el oj...” También, estudió diseño, guitarra, danza artística, publicidad, punto y crochet (!). Su vida gira en torno a elbananero.com, “me duermo y me despierto pensando como El Bananero”. Y como tal responderá todas las preguntas. No apto para cardíacos y muy interesante. Su página, con una producción de una calidad de grabación sobresaliente, surgió porque “siempre me gustó la joda, no tomarme las cosas en serio, ¡ser un paj… eterno!”. Mucha de su inspiración provino de El Mono Mario, tanto que desde ese espacio le dieron la oportunidad de aparecer por primera vez en Internet, en el 2000. El reconocimiento, mudarse a Estados Unidos y bastante tiempo libre le permitieron “explotar creativamente las pelotudeces que tenía en la cabeza”. Empezaron los videos, los e-mails de cada vez más gente y, desde abril de 2005, nació su sitio. Ahora, ¿qué quiere este muchacho? Su intención es hacer reír: “es una especie de arte genital, ya que hago lo que se me canta las pelotas artísticamente”. Lo describe como una descarga, una terapia en la que se ríe de si mismo (un valor por sí sólo) y una ocupación con la que no tiene que pensar en lo jodido que está todo. “Es como una droga”, resume, y la verdad es que su arte parece la de alguien que no está en su sano juicio. En un mundo capitalista, sorprende que su trabajo esté disponible sin costo. No mantuvo la posibilidad de descargar los últimos videos porque la gente lo bajaba, lo ponía en otro lado y, en lugar de apoyar su sitio, “beneficiaban a los millonarios chupave… de Youtube”. A buen entendedor, pocas palabras.
Se mira y no se toca
Adrián Nario lo define como un “trabajobby”, en el que hoy cubre los gastos. Podrá poner más publicidad en el futuro, sí, “pero el contenido siempre va a ser GRATIS”. Una postura destacable. Aparte, convengamos, su arte encontró su lugar en Internet. Tanto que tuvo propuestas para hacer televisión en Miami, pero le pedían cambiar todo. “Suck my dick” respondió (frase que no voy a traducir por razones obvias). Aunque estar en TV sería un sueño, “no cambiaría nada. Metan un PIP, censuren una teta, todo bien. ¿El contenido? ¡No se toca!”. “Adrito” se tiene fe y le sobra optimismo. Analiza que “en unos años Internet va a SER la TV, así que está todo servido en bandeja”. Ante un humor tan particular, cabe preguntar cuáles son sus intenciones, su mensaje. La reflexión del Bananero es más que válida: “cagate de risa de todo, hacé lo que tengas que hacer en la vida, ¡pero disfrutalo! Si amás lo que hacés, el resto viene solo”. Les concedo que Adrián es un poco guaso, reñido con las buenas costumbres y con guarradas que levantan a un muerto. Pero es SU humor, y eso sólo merece respeto. Seguidores tiene. Y no son pocos.
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