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Situación complicada la de los legisladores de aquellos partidos que se alinearon con el kirchnerismo en las últimas elecciones. Así como piden independencia en el pensamiento, exigen que se pueda distinguir entre pequeños y grandes productores y trabajadores del campo.
El kirchnerismo es una escisión del justicialismo que a su vez es y no es peronismo. Porque puertas adentro de su conformación, existen otros partidos que se sumaron a una alquimia llamada Concertación para las últimas elecciones. El caso emblemático: los radicales K. Entre ellos tenemos al diputado nacional Gustavo Serebrinsky, quien, como sus compañeros de bloque, intenta mantener libertad de pensamiento a la hora de opinar sobre algunas políticas. En ese sentido el tema del campo, con su derivación hacia el Congreso, comenzó a mostrar las grietas de un movimiento que parecía inquebrantable.
N&P: ¿Qué va a suceder con quienes, como usted, han adherido al kirchnerismo sin ser justicialistas? ¿Hay espacio en esta coyuntura política? G.S.:- Nosotros fuimos de alguna manera quienes propusimos que esto se trate en el Congreso. Nuestro espacio se llama, precisamente, Concertación, y eso tiene que ver con generar los ámbitos de diálogo donde se pueda consensuar política. Pero lo peor que nos puede pasar es que ni siquiera tengamos el ámbito para una discusión profunda. El propio Vicepresidente de la República, que es la autoridad emblemática de nuestro espacio, Julio Cobos, es quien ha planteado el tema de la discusión en el Congreso y nosotros, como legisladores nacionales, apoyamos claramente en este sentido.
N&P:- ¿La coalición transversal ha comenzado a desgranarse? G.S.:- Hay intendentes de nuestro sector, de ciudades importantes del interior, ligados al campo, que están en una situación incómoda y caótica. Tienen que tomar una fuerte decisión: si están del lado de su pueblo o se adhieren incondicionalmente, que nunca fue el planteo que nosotros hemos hecho. En todo caso nosotros acompañamos el proceso, pero si alguien decidió que nosotros no participamos del proyecto político, no somos nosotros quienes lo planteamos. Ahora, tenemos derechos y nuestra propia personalidad para debatir con altura, no desde el sabotaje, sino aportando alternativas al tema del campo.
N&P:- ¿Cuáles son las alternativas que tienen a la hora de debatir? G.S.:- Estamos dispuestos a tocar absolutamente todo. Sobre todo basándonos en esta misma filosofía. Para nosotros no es lo mismo el capital que viene a hacer un pool de siembra, a ganar el 30 o el 40% anual, al que le cierran muy bien los números desde el punto de vista financiero -porque ganar el 40% anual financieramente no se da en muchos lugares del mundo-, que el chacarero argentino, que trabaja y vive de su trabajo en el campo, y que a lo mejor con el precio de hoy de los insumos su ganancia es del 20%, lo que complica la situación productiva. Esta es una realidad. Nosotros queremos distinguir claramente esto.
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¿Libro cerrado?
Mucho se ha hablado, desde la decisión de la Presidenta de llevar el proyecto de retenciones móviles al Congreso, sobre la posibilidad real de debate que se abre ahora. “Nosotros lo planteamos y me parece que hubo muy buena receptividad de parte de muchos legisladores del bloque oficialista. Creo que el debate es necesario para, de alguna manera, separar la paja del trigo”, aseguró Gustavo Serebrinsky. El legislador reconoció haber tenido contacto con kirchneristas en el Senado y en Diputados para plantearles claramente que mandarlo así y no modificar absolutamente nada no tiene sentido. “Si tenemos que modificar, lo vamos a modificar. Lo que hay que hacer es llamar a las partes interesadas y generar una ronda para escuchar los argumentos del sectores del campo”, señaló. Serebrinsky manifestó que este mecanismo requerirá un esfuerzo y que seguramente no va a estar todo el mundo de acuerdo, aunque destacó que los separa de otras posturas “cuestiones de ideología”. “Como radicales hacemos claramente la diferenciación del pequeño productor de aquellos que son capitales especulativos”, remarcó.
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Injusto
N&P:- ¿Los productores chicos siempre pierden? G.S.:- Pareciera incluso que muchas veces perseguimos a los chiquitos y a los que les importa tres pitos el campo, la soja, los argentinos, el hambre, la leche y todo, no, esos son los que hacen el gran negocio. A esos nadie les pone el cascabel. Además, con toda la perspectiva que hay, con la crisis alimentaria mundial que se avecina, no podemos negar el contexto ni desperdiciar esta oportunidad y menos dejar sin protección a la gente de nuestro campo.
N&P:- Además, ningún gobierno democrático modificó el sistema financiero impuesto por la dictadura, ¿no? G.S.:- Por supuesto. Tenemos gente que apuesta a crecer desde lo productivo, que trabaja la tierra, chacareros que quieren explotarla en ese sentido, y nosotros tenemos que fomentar esa producción. No desde lo financiero, que si bien necesitamos un sistema financiero, necesitamos un sistema financiero robustecido, que financie el desarrollo, el crecimiento, la producción. No que vengan a “timbear” con un monocultivo, que traten de ganar lo más que se pueda cuando en realidad les importa muy poco lo que deja y lo que es base del sustento del futuro de los argentinos.
N&P:- ¿Tiene sentido discutir lo que ha ganado el campo en el pasado? G.S.:- Más allá de las razones, podemos hablar de números, que si ganaron mucho o poco, que si la soja aumentó el 70% en el último año, cosa que es verdad. Pero no tiene nada de malo. En todo caso habría que ponerlo sobre la mesa en el inventario costo-beneficio. Uno, cuando está parado del lado del Gobierno y toma medidas estratégicas, tiene que ver con las medidas que toma cuánto hay para ganar en términos político, económico y social, y cuánto hay para perder. Y me parece que esta discusión les generó a los argentinos la sensación de que perdemos mucho más de lo que podemos ganar, más allá de la justeza de la posibilidad de cobrar algún tipo de retenciones.
N&P:- ¿Qué destaca como positivo de este conflicto? Si es que hubiera algo para destacar… G.S.:- Apareció la solidaridad de sectores como la clase media y la burguesía con el campo. Creo que ahí hay una cuestión psicológica que lo interpreta como sacarle la plata a los que están ganando, de nuevo lo que ocurrió con el corralito. Me parece que esto demuestra un grado de madurez de todos. Creo que las retenciones son una herramienta válida en la situación en que estamos. Pero en realidad tenemos que diferenciar claramente entre quienes hacen los negocios de intermediarios y parasitarios con los cereales, esos que hacen un negocio meramente financiero internacional, ni siquiera nacional, y aquellos que realmente trabajan la tierra y ponen todo su esfuerzo para vivir de una unidad productiva que en muchos casos apenas les alcanza.
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