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Temporada teatral
Yo era un hombre bueno
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por Adriana Derosa
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Como parte de la programación de invierno, el último fin de semana se pudo ver “El fantasma”, versión musical del homónimo “de Canterville”, de Oscar Wilde. Menos actores que en el original representado en Buenos Aires, música grabada en vez de orquesta en vivo: no es lo mismo. Si uno vive en el interior, lo que le queda es conformarse.
Antes de la aparición pública de la dupla del millón de dólares, Pepe Cibrián- Ángel Mahler, la comedia musical no era un género cultivado en el país. Se reducía a lo que podía apreciarse en las películas norteamericanas, o en los originales que solamente habían visto aquellos que hacían facha por los teatros de Broadway, en las épocas del “deme dos”. Pero ni por asomo alguien imaginaba una trayectoria argentina para las adaptaciones escénicas de las grandes obras, que incluyeran cantar, bailar y a veces hasta actuar un tanto: es mérito de ellos el haber inaugurado un camino que, nos guste más o menos, les es propio como mérito. En este caso, la idea de llevar el original de Wilde al teatro musical no es nueva, estamos viendo una reposición de lo que fue en 2003, hoy en gira nacional. Como se recordará, en el cuento largo del genial escritor irlandés, hay un fantasma alojado en un castillo inglés tradicional. El propietario debe renunciar al hogar de sus ancestros porque la situación económica contemporánea ya no le permite darse semejante lujo, y ese es el principio del caos que se cierne sobre el modo de vida que conoce. Porque el castillo no es solamente un montón de piedras y otros materiales sólidos y añejos. Es además el sitio en el que la familia Canterville ha construido su historia durante siglos, ha diseñado un extenso árbol genealógico, ha conservado costumbres y tradiciones, ha mantenido en resguardo sus propios crímenes y los espectros de los muertos que de ellos devinieron. Los fantasmas del castillo son los damnificados por el traspaso de la propiedad, ya que la paz en la que han “vivido” se verá visiblemente afectada. Además, los sirvientes que durante años han encontrado allí su resguardo, pasarán de mano junto con el inmueble como si fueran parte de la decoración. El choque cultural es esencial en el texto narrativo, ya que los compradores son norteamericanos y representan para los Canterville la presencia de una vulgaridad que no tiene límites. La falta de respeto a las tradiciones y a lo establecido da por tierra aun con la tarea de cualquier fantasma que se precie de tal. Otis y su familia ponen en jaque no sólo el normal desenvolvimiento de la vida del castillo, sino el futuro estable de quien ha construido su existencia de acuerdo con la vigencia de las costumbres ancestrales. Ellos no son lo moderno, son la peor parte del progreso desde la óptica irónica del irlandés.
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Los recomendados de N&P
Conciertos didácticos
En el Teatro Municipal Colón, la Orquesta Sinfónica Municipal ofreció el primero de los conciertos didácticos con entrada libre y gratuita, pertenecientes al ciclo "Proyecto Beeth(J)oven" 2008. Esta idea surgió con la fuerte intención de acercar la música comúnmente llamada clásica a todos los jóvenes de las escuelas de nuestra comunidad sin discriminación. La repercusión alcanzada durante 2006 hizo que la propuesta se ampliara al público en general, de manera tal que se realizaron conciertos matinales en la temporada de verano 2007. Siguiendo con esa línea de apertura e inclusión, la Orquesta Sinfónica Municipal invita a toda la comunidad a estos conciertos del ciclo, dedicados al gran compositor Ludwig van Beethoven, donde se podrá disfrutar de distintos fragmentos de sus sinfonías. La dirección de la orquesta estará a cargo en esta oportunidad del maestro concertino Arón Kemelmajer, en la conducción la oboísta Andrea Porcel, responsable del proyecto, junto con el trombonista Daniel Rivara, todos ellos integrantes del organismo. Por mayor información pueden comunicarse al teléfono 155-507889 ó 475-2456.
Ciclo Cine Debate “El cine que no vemos” es el nombre que lleva el ciclo que coordina Diego G. Menegazzi en el Museo del Mar de esta ciudad, los domingos a las 18.30. No solamente nos ofrece un cine que no está disponible habitualmente en las carteleras, sino que el aporte del experto, que coordina el debate y la charla previa, permite al aficionado conocer datos históricos acerca de su realización y estilo, para así contextualizar la interpretación. En julio, y a precios populares que distan muchísimo de la excesiva entrada que exigen los cines comerciales, la programación será la siguiente: Domingo 6: “¿Qué hora es allá?”, Taiwán - Francia, 2001. Dirigida por Tsai Ming-Liang, con Lee Kang-Sheng y Chen Shiang-Chyi. Domingo 13: “Why we fight”, Estados Unidos, 2005. Dirigida por Eugene Jarecki. Documental. Domingo 20:”El oficio de las armas”, Italia, 2001. Dirigida por Ermanno Olmi, con Hristo Jivkov y Sergio Grammatico Domingo 27, a las19.30: “El árbol”, Argentina, 2006. Dirigida por Gustavo Fontán, con Julio Fontán y María Merlino. Además, “La orilla que se abisma”, Argentina, 2008. También dirigida por Gustavo Fontán. Documental. El museo queda en Avenida Colón y Viamonte. Teléfonos 451-9779 / 451-3553. También hay ciclos especiales de cine arte en el Centro Osvaldo Soriano y en el Auditórium, a precios populares y hasta gratuitos. Mejores películas y mejor economía.
Otro convenio
La presidenta de UTHGRA Mar del Plata, Mercedes Morro, y la directora del Centro Provincial de las Artes, Susana López Merino, dieron a conocer los detalles de este acuerdo por el cual los hijos de afiliados podrán acceder gratuitamente a espectáculos que se presenten en las diferentes salas del Auditórium. Además recibirán, en el Centro de Formación del sindicato gastronómico, clases de teatro, canto y otras destrezas, brindadas por docentes del organismo bonaerense. Un logro positivo.
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En dos tiempos
Cibrián tiende a hacer versiones de los grandes de la literatura que resulten digeribles al público en general. Ésta lo es tanto, que ya diríamos que se come sola. Para comenzar privilegia la historia de amor construida entre el fantasma y Virginia, la joven hija de los compradores. Es decir que la naturaleza torpe y hasta humorística puesta en juego en el fantasma de Wilde está visiblemente borroneada: no hay rastros de lo que fue aquel espécimen que evidenciaba unas maneras inglesas agonizantes en medio de los avances del mundo contemporáneo. El nuevo fantasma es más un enamorado contradicho que otra cosa, aunque dueño de una gran voz, eso sí. Los dos mundos se delinean con excesiva nitidez, tal vez con el objetivo de facilitar la lectura de lo obvio. El territorio de los americanos compradores es la enciclopedia de la ordinariez, considerada desde el punto de aquellos que no son capaces de tomar en cuenta ninguna regla establecida. No es que se consideren a sí mismos los reyes del mundo: indudablemente lo son. Aquí se filtra con todas las luces el rechazo exacerbado que Cibrián manifiesta hacia aquella cultura. Los americanos aparecen representados por algunos de sus íconos más tradicionales: una casi porrista, unos chicos vestidos de deportistas, banderas yanquis por donde quieras ver y un vestuario alimentado del peor de los gustos. El trazo grueso ya se hace fibrón indeleble, y parece que la obra definitivamente va a naufragar. Para agudizar el contraste, el mundo de los fantasmas está marcado por el territorio de la ensoñación y lo onírico. Los personajes son gráciles, livianos, y su vestuario es un híbrido entre elementos del clásico y el romántico. Armoniza con la iluminación en la creación de un ambiente frío, armonías vocales muy bien trabajadas, separadas por completo de la estridencia de la música que identifica a los compradores extranjeros. Las dos partes del musical, antes y después del intervalo, son además bien diferentes. En la primera, la acción avanza con muchos más tropiezos, y el mundo de los compradores abarca tanto espacio, tiempo y decibeles en sus parodias publicitarias, que el espectador termina por odiarlos más de lo recomendable. La segunda mitad, en cambio, mucho más teatral, favorece los climas y en menos tiempo permite resolver los conflictos de manera mucho más elaborada dramáticamente. Por más que Virginia en esta versión ha decidido trasladarse al mundo de los fantasmas, y no se termina de comprender qué amor que aún no ha comenzado ha podido convencerla, cuando hasta hace un momento era una estúpida a la que le faltaban los rollers.
Arte puro
Desde lo estético hay logros indudables. Las voces femeninas son las que arrancan la exclamación del público que se conmueve ante el solo y la notable interpretación actoral de Mercedes Benítez en el personaje de Olga. Giselle Dufour, en cambio, se luce más como cantante que como actriz. Da la sensación de que necesitaríamos agregar un peso específico actoral a la pareja protagónica que nos permitiera sostener en pie el artesonado, para que no se ganen todo el terreno los yankees con sus trompetas y sus redobles de tambor. Pero como Cibrián sabe de remates, la nieve, el humo y las resoluciones de la música de fin de fiesta hacen lo suyo para llevar al espectador a la emoción final. De todas maneras, nos hemos quedado con ganas de que los autores hubieran puesto en juego no sólo una belleza innegable, ni una desbordada dicotomía entre tradiciones y vulgaridad, sino demás un poco de aquel cinismo magnánimo que hizo del autor de “El ruiseñor y la rosa” uno de los más aclamados de todos los tiempos. Ganas de ver en escena al escritor que dijo antes de morir la frase que mostró sus excesos vitales: “muero como he vivido, por encima de mis posibilidades.”
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