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Confirmaciones
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por Matías Frati
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Varias veces, en lo que ha transcurrido del 2008, hemos tenido que analizar el tenis nacional al calor de los resultados. Sin embargo, me jacto de haber anticipado también que estamos asistiendo al reflujo de este deporte. Por lo menos, en cuanto a representación internacional.
Otra vez los grandes referentes van quedando en el camino en un Grand Slam, en este caso el de Wimbledon. La derrota en primera ronda de David Nalbandian a manos de un jugador canadiense de pocos antecedentes para el público masivo, es una muestra de que estamos perdiendo mucho terreno. Y no se trata ni de cualquier jugador nacional ni de cualquier manera de perder. Nalbandian es la primera raqueta del país, hasta este torneo séptimo en el ranking internacional, y fue derrotado con claridad y en tres set por Mark Dancevik. El cordobés no era eliminado en la primera ronda de un torneo de Grand Slam desde el Abierto de los Estados Unidos en 2002. Paradójicamente, ese mismo año alcanzaba uno de sus puntos más altos en su carrera, la final de Wimbledon, donde cayó ante Lleyton Hewitt en sets consecutivos. Pero no es sólo Nalbandian quien empieza a ser la muestra de un tenis argentino en retroceso. Porque también cayó derrotado Guillermo Cañas. El de Tapiales perdió en cuatro sets ante el alemán Tommy Hass y sería inminente su retiro del tenis profesional. De hecho, antes de iniciar Wimbledon dejó entrever que estaba analizando la posibilidad de que esta sea su última temporada en la ATP. En lo que va del año, Cañas no ha conseguido grandes resultados. Otro que también decepcionó fue el tandilense Juan Martín del Potro. Aunque se trata de un jugador con menos experiencia, “Delpo” parecía tener consigo las cualidades necesarias para jugar buen tenis en el césped londinense: una importante estatura y una gran efectividad con el primer servicio son elementos que todos los tenistas reconocen como “fundamentales” para gravitar en la gramilla. Pero al jugador de Tandil no le alcanzó. Como ya he dicho en otras oportunidades, estamos en un momento difícil para el tenis argentino. Y no porque desde el interior no se haga lo suficiente por el desarrollo de este deporte, sino porque las máximas referencias que podrían tener los pibes empiezan a deslucirse. Y cuando no hay una imagen de éxito que se imponga desde la pantalla de televisión es muy complicado tratar de motivar para que más chicos se inicien en la actividad deportiva. Me consta que, en Mar del Plata, la dirigencia hace todo lo posible por tratar de mejorar el nivel de juego y aumentar la cantidad de torneos para los chicos. De hecho, en el primer semestre del año la Federación Atlántica de Tenis fue la entidad que más certámenes organizó en todo el país. Esto le valió un reconocimiento de parte de la Asociación Argentina de Tenis. No obstante, muchos de los esfuerzos que se hacen desde las cientos de familias que cuentan con un tenista en su seno, suelen caer en saco roto cuando arriba, en la cúspide de la pirámide, los profesionales no pueden transmitir una sensación de contagio hacia los de más abajo. Que los jugadores más reconocidos no alcancen resultados esperados es un tema de gran preocupación en el tenis nacional. Y es una realidad que ante cada traspié los chicos se vayan hacia otras disciplinas. La duda es cuánto durará este reflujo y cuánto dejará en pie.
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