Mar del Plata, 28 Agosto 2008

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Ideas y destino

De la redacción de N&P

Son las ideas las que han movido a la humanidad desde el inicio de la era del pensamiento con la aparición del homo sapiens en el paleolítico medio. Nuestra especie sería la consecuencia de 800.000 años de evolución de los primates.

 
Esta nueva especie forjó características que aún hoy nos distinguen: la capacidad craneal del homo sapiens triplicaba a la del homo habilis. En un primer momento, las diferencias entre las dos subespecies eran pequeñas, al igual que las diferencias culturales respecto al homo erectus. Entre las nuevas costumbres destacaba la de enterrar a los difuntos, y entre sus nuevas habilidades la fabricación de flechas. Respecto a las inhumaciones, no es razonable suponer en los primeros homo sapiens una capacidad de pensamiento abstracto o religioso, pero sí se puede entrever en ellas cierto grado de autoconciencia.
La selección natural fomentó la existencia de relaciones afectivas de los padres hacia los hijos en mayor grado que las usuales en otros animales, pues unas crías absolutamente inválidas no podían sobrevivir sin una buena dosis de paciencia en sus progenitores. Probablemente, los niños homo sapiens fueron los primeros en reír como recurso para agradar y mantener la atención de sus padres. Estas relaciones afectivas debieron de mantenerse entre adultos, de modo que llegaron a sentir el dolor de la muerte e hicieron lo posible para evitar que sus cadáveres fueran alimento de las fieras.
A diario vemos, ante la constante brutalidad que la humanidad exhibe hoy, que dicha evolución aun es un capítulo incompleto. Y que no es una línea recta sino la resultante de marchas y contramarchas. Por caso, lo que está en ciernes en la vida diaria de los europeos, enojados con los inmigrantes, cuanto más diferentes más rechazados. Las recientes leyes de inmigración votadas por la Unión Europea preanuncian la expulsión de cuanto menos 8.000.000 de extranjeros indocumentados, considerados a partir de esta nueva regulación, criminales. ¿Por qué está ocurriendo?
Un reciente artículo del diario La Nación pone en foco el tema de los llamados “mileuristas”, un estrato juvenil que vive mal pagado y en estado de aprendizaje permanente. Según se cita, el principal drama que enfrenta esa generación es el desempleo o la inestabilidad laboral. El índice de desocupación en el segmento comprendido entre 18 y 24 años es del 18%, es decir, dos veces superior al promedio general. Esa tasa llega al 30% en países como Italia, Francia, Grecia y Polonia. Hasta la década del ‘80, los jóvenes diplomados demoraban dos años para encontrar un trabajo estable. En la actualidad, deben esperar entre 5 y 10 años.
El artículo en cuestión subraya que hombres y mujeres jóvenes, a la edad en que sus padres ya tenían la vida resuelta en cuanto a su dirección y estabilidad, no consiguen alejarse del nido parental, sin que política social alguna pueda hacer cambiar esta situación. Tienen títulos universitarios, manejan hasta cinco idiomas, pero no logran hacerse no ya de un futuro sino de un presente, circunstancia que presiona fuertemente sobre la población local, enfrentándola con los extranjeros.
La idea de la Europa comunitaria llevó al euro como moneda única; la moneda única llevo al súper euro, y el súper euro a la paralización de la economía europea, que necesita de mano de obra hiperbarata para sobrevivir.
Esa clase de mano de obra la brindan los inmigrantes, que llegan a Europa buscando el sueño del bienestar económico. Sin embargo, esa necesidad de superación económica los conduce inexorablemente a un destino de desarraigo e inadaptación social que hoy está por condenarlos a la expulsión por razones políticas de coyuntura.
Ideas y destino, desde el origen de los tiempos, se han resuelto de manera violenta. En un camino que aún tiene mucho por recorrer, los próximos capítulos pueden ser tan violentos como apasionantes. Hacemos votos por la pasión sin violencia: miles de años de historia evolutiva debieran darnos la inteligencia suficiente para resolver los problemas sin recurrir a la fuerza de las armas o a la organización del Estado como instrumento de violencia. ¿Podrán hacerlo los herederos de la cultura que diseñó el mundo del presente, o retrocederemos, en búsqueda del camino correcto de la evolución? Es un interrogante sin respuesta posible todavía.
 

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