Mar del Plata, 28 Agosto 2008

Nota de tapa

Columna de Tapa

RSS

Edición 561

SECCIONES

BÚSQUEDA

USUARIO

próximamente

LINKS



Powered by

Ruido

por Federico Strileski

‘Haz lo que yo digo, no lo que yo hago’ es una de las tantas frases y muestras de que las palabras pueden indicar algo y las acciones, los hechos y hasta las omisiones apuntar a lo contrario. Y nuestra ciudad, país, el mundo entero, tiene infinidad de ejemplos en ese sentido.


Si hablamos de ruidos en la comunicación, en el sentido más amplio del término, hacemos referencia a aquellos elementos que distorsionan, dificultan y evitan que un mensaje sea trasmitido correctamente, es decir, que se entienda lo que se quería decir. En nuestra vida cotidiana, las acciones públicas, la dirección de una empresa, de un organismo, institución, localidad, Estado... Definitivamente, ejemplos sobran. Ahora, que se genere confusión, que se pueda entender ambiguamente, el doble discurso, ¿es ruido? Veamos.
Antes de adentrarnos en situaciones que puedan encuadrarse en este marco teórico, cabe una aclaración. En el manejo de la cosa pública, de una Nación, de una institución pública o privada, es imposible decir toda la verdad. El mismo Juan Domingo Perón reconocía a la mentira como una de las herramientas necesarias para gobernar; Carlos Menem asumió que si decía lo que iba a hacer nadie lo votaba; Eduardo Duhalde también lo dejó trascender, etc. No hay que confundir ingenuidad con sinceridad. Sin irse mucho más hacia atrás, Elisa Carrió abandonó sus proclamas fatalistas por un discurso mucho más inclusivo y en el marco de una coalición variopinta, Cristina Kirchner no adelantó medidas como las retenciones móviles, y ninguno de los candidatos que encabezaban las intenciones de voto a presidente de los últimos años aceptó presentarse a debates televisivos. Aunque siempre hablaban de diálogo, pluralidad, democracia y esas expresiones tan bonitas. Como cuando nuestra Constitución dice que vivimos en un “Estado republicano, representativo y federal”. Ah, ¿lo es?



Es la guerra


Complicaciones va a haber siempre. Lo que sorprende es lo que me gusta denominar la “cultura reality show”, que es juzgar, calificar lo que hace el otro. Es el juego de la democracia, nadie lo niega, pero como pocas veces se ven representantes del Gobierno y la oposición indicándole al otro qué debe hacer. Eso es sano. Lo grave son las formas de los actores. Hablar de gorilas, oligarcas, negros, ñoquis suena más a charla de café que a ejercicio de la libertad de expresión.
Ah, pero los tiempos cambian. Aparecen sorpresas y calificaciones con nombres y apellido impensadas tiempo atrás. El pasado domingo Pablo Sirvén, de La Nación, se despachó con un listado en el que describía duramente las pretensiones gubernamentales para con la prensa y señalaba quiénes seguían esa tesitura. Hasta considera que “el pecho de Orlando Barone estalla de fervor con sus proclamas radiales hiperkirchneristas”, justamente un periodista que trabaja hace años en ese multimedio. La lista de los que “no molestan a los presidentes Kirchner” la ocupan Página 12, Buenos Aires Económico, Crónica, Miradas al Sur, las revistas Veintitrés y Debate, entre otras, siempre según la mirada de Sirvén. La sospecha de que haya medios oficialistas y opositores genera dudas en el circuito de la información. Para colmo, desde el Gobierno se proclama que ‘lo quieren destruir’.
Entonces, ¿cuál sería el motivo de aumentar el gasto en publicidad oficial en un 700%? ¿Acaso no decir lo que se quiere es conspirar? ¿No parece incoherente la solicitud de buen trato a los mismos medios a los que se acusa de desestabilizadores? Definitivamente K miente. Clarín también. La Nación. Noticias & Protagonistas. Quien les habla. El problema se da cuando nos alejamos tanto de la verdad que la tergiversamos. Porque a las mentiras sostenidas, tarde o temprano, las terminamos creyendo.


Palabras, palabras, palabras

Quizás la mejor forma de hablar de estos ruidos sean las referencias a izquierda o derecha en cuestiones ideológicas. Si nos hallamos en Estados Unidos, hablar de izquierdistas (leftish) es hablar de extremistas, populistas (Chávez). Es un calificativo negativo. En la Argentina, ha subido su aceptación popular. Hoy, así como la ideología de moda es ser “progre”, hablar de derecha para algunos es casi como decir nazi o “facho”. Revise entrevistas, acusaciones oficialistas, piqueteras, “populares” y pruébeme lo contrario. Son interpretaciones y modas, obviamente. Profundizar estas categorizaciones es como intentar definir un sentimiento: imposible. No ocurre esto con las enumeraciones.
Ni me voy a molestar en citar frases archiconocidas como las que circularon a raíz del corralito. Sí me permito recordar que quien determinó que nadie podía sacar más de mil pesos por semana, era aquel que aseguraba que no podía vivir con diez mil pesos por mes. Cavallo, ¿quién si no? Este jubilado político tuvo numerosos seguidores, tanto que el actual jefe de Gabinete, Alberto Fernández, era un legislador “cavallista”, luego fue el primer K porteño y la historia sigue.

Campo de batalla

Las diatribas verbales de los últimos 110 días, y contando, han sido de una inusitada violencia verbal, como hacía mucho que no veíamos. En un mínimo racconto tenemos acusaciones de un delito tan grave como el golpismo, citaciones de la Justicia y hasta intervención de Gendarmería. La Constitución Nacional indica que el tránsito es libre, la realidad marca lo contrario. Hoy son los ruralistas, pero ayer eran los piquetes oficialistas y opositores, algunos que han cruzado la vereda, que no saben lo que es un llamado de alguna fiscalía. No se entiende. Vemos a la “nueva” figura de los medios, Alfredo De Angeli, que fue detenido, que pidió (en un exabrupto) el cierre del Congreso y luego se disculpó, afiches pro Gobierno y contra cualquiera que opine lo contrario. Ya hablamos en estas páginas de los carteles contra Clarín y de la ausencia de pautas publicitarias gubernamentales en medios críticos (Perfil y Crítica). La situación paranormal que vive la prensa en la Argentina es tal que hasta en una salutación del Día del Periodista, el Ejecutivo proclamaba “hoy los apretamos con un fuerte abrazo”. Como chiste es malo, por no decir insultante. El periodismo también sufrió pérdidas en épocas oscuras.
Los llamados al diálogo merecen un párrafo aparte. No hubo sector que no clamara por un encuentro. Eso sí, a la hora de delimitar exigencias, potenciales modificaciones, pasos atrás… se complicaba. Las idas y las vueltas se entremezclaron, se tercerizaron culpas y un hecho es el que más hace ruido, que desnuda la situación crítica que atravesamos. El vicepresidente de la Nación y titular de la Cámara de Senadores, Julio Cobos, convocó a los gobernadores. Los primeros indicios fueron positivos. Sólo eso. Finalmente, el Vice sólo se reunió con los díscolos, y hasta algunos dicen que sobrevoló el fantasma de Chacho Álvarez y su renuncia. En Perfil.com se leía “Los funcionarios K forman fila para pegarle a Cobos”, el mismo lunes en que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se reunía con los “cuatro señores” denostados con spots publicitarios oficiales.
Hay desconfianza, pero se suspendió el paro. ¿Se solucionó el conflicto? Ojalá, aunque creo que vamos a tener algunos domingos más con esta historia. Lo que sigue habiendo es un ruido terrible. Dobles discursos, contradicciones, acusaciones.
Nada que no hayamos visto u oído en la Argentina en otros tiempos, ¿no?

Recomendar este artículo
 
Su Nombre:
Su Email:

Emails de destinatarios   (al menos uno)

1.
2.
3.
4.
 
Agregue un mensaje  (Opcional)
 

 

En Tapa...

Columna de Tapa


Actualidad


Dejame que te cuente


Deportes



y además...

Opinión


Actualidad


Deportes


Por la Web


Cultura, Arte & Espectáculos


Top Ten


Malas lenguas


Carta de lectores


Cuento


En Blanco & Negro