Mar del Plata, 28 Agosto 2008

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Embarazo adolescente

Un problema sin soluciones

por Rosanna González Pena

En Estados Unidos la noticia impactó: con el fin de criar juntas a sus hijos, hubo un pacto entre un grupo de adolescentes que terminó en 17 embarazos. Por otro lado, esta semana trascendió que en Argentina cada cinco minutos una adolescente tiene un hijo, un equivalente a 100.000 partos anuales de madres menores de 18 años.


A casi dos años de la promulgación de la Ley de Educación Sexual, aún continúan los debates sobre cómo será su puesta en marcha. Cuando el Gobierno presentó la ley 25.673 de Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, los ataques fueron feroces. La ley homogeniza una política para todo el país y provee métodos anticonceptivos a los centros de salud públicos. Se propone garantizar la información sobre anticonceptivos y métodos de prevención de enfermedades de transmisión sexual, de provisión gratuita para todos los ciudadanos mayores de 14 años. ¿Por qué esa edad? Porque absolutamente todos los estudios realizados la señalan como el inicio de las relaciones sexuales entre los adolescentes.
Esta ley no incluye el aborto, sólo lo menciona con el objetivo de prevenirlo. Sin embargo, desde la Iglesia y los sectores más conservadores reaccionaron aduciendo que la ley no respeta la patria potestad, igualando métodos anticonceptivos y preventivos con procedimientos abortivos y culpando al Estado de fomentar las relaciones promiscuas.
Según un estudio del Centro de Estudios Latinoamericanos de Salud y Mujer (Celsam), el embarazo adolescente no se mantuvo estable sino que subió, pero el número de partos sí sigue fijo, por lo que aumentó el aborto en adolescentes. Los especialistas del Celsam explicaron que hubo un 45 % más de internaciones por complicaciones de aborto en chicas menores de edad.
Todo lo que se haga para buscar el descenso de la mortandad materna es poco. Es necesario que la información llegue a quien hace falta: a los sectores más pobres y en los que las mujeres no tienen estrategias para evitar embarazos no deseados. Porque lo más hipócrita de este sector de la sociedad es que están en contra del aborto –posición que comparto por mis creencias- pero tampoco quieren que la información y los medios necesarios para evitar esta última instancia lleguen allí donde son necesarios.
Las mujeres de los sectores más bajos dependen totalmente del sistema de salud público; son las que acaban hospitalizadas por sufrir las consecuencias de abortos mal hechos y mueren por no haber podido pagar un aborto seguro en el circuito clandestino, como sí lo hacen las de las clases medias y altas.
Los embarazos adolescentes son inoportunos, por la inmadurez emocional y social para poder ser madres y padres, porque todavía a esa edad les corresponde seguir siendo hijos.
En la Maternidad de la ciudad de Tucumán se realizó una encuesta entre las adolescentes embarazadas que causó una enorme sorpresa. La mitad de las encuestadas dijo que el embarazo fue buscado. Admitieron que aunque conocen los métodos anticonceptivos, no los usaron porque estaban buscando un bebé, según reveló la Dra. Chahla, directora del Instituto. Las menores de 19 años que dijeron haber buscado el embarazo lo hicieron porque sentían que tener un hijo es un logro. Generalmente sienten que en la sociedad les resulta imposible obtener otro tipo de conquistas personales.
Pero la primera causa de muerte materna es por complicaciones y consecuencias de abortos clandestinos, asociados en la mayoría de los casos con parejas que se desentienden de cuidados anticonceptivos. La mayor parte de las muertes se da en mujeres que ya tienen varios hijos o más de 35 años. En cuanto a la maternidad adolescente, corresponde en promedio nacional al 16% de los nacimientos, que en provincias como Chaco y Formosa llega al 25%.
Creer que la abstinencia es un método posible de control de la natalidad, es no tener idea del mundo y la realidad en la que viven quienes hoy tienen entre 15 y 25 años. Podemos mentirnos y pedirles que lleguen vírgenes a su boda, a lo que nos dirán que sí para dejarnos contentos, o darles las herramientas para que se defiendan en el mundo que les toco vivir, que es el de ellos, no el nuestro.
El ataque de los sectores más cercanos a las iglesias tradicionales, sobre todo la católica, a cada presentación de proyectos de ley sobre Educación Sexual en las escuelas hace perder un tiempo valioso. Tiempo que se nos va de las manos mientras miles de adolescentes quedan embarazadas sin saber bien por qué, o se enferman de SIDA por falta de información.
No es muy fácil entender por qué ciertas corrientes ideológicas herederas directas del Renacimiento y la Ilustración han abandonado el terreno donde históricamente se han movido con certeza: luchar por la educación como defensa y ejercicio de la razón en contra de la superchería y las moralinas inútiles, que para colmo de males se les ha ocurrido venderlas como ideas seudo científicas.
Pelear con la Iglesia en estos tiempos es inútil. Ya lo dijo Lisandro de la Torre en la década del ‘30 cuando proclamaba que es tan ilegítimo imponer creencias religiosas como perseguirlas. “El Estado debe ser neutral”, decía. Es innegable la oposición cerrada de la Iglesia a los avances científicos que se han dado en la humanidad, desde Galileo Galilei hasta el uso de preservativos para frenar la transmisión del SIDA.
En España, en el 2005, se llamó a los católicos a violar la Constitución ante la promulgación de una ley que legisló el matrimonio entre homosexuales. En nuestro país el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, anticipó que sería capaz de llamar “a la desobediencia civil” si el Estado “piensa que el rumbo de la educación se hace repartiendo anticonceptivos entre alumnos menores de edad”.
Es hora de luchar por lo que en nuestro país era lo normal: respetar profunda y sinceramente la fe de cada cual, pero negando con toda energía el oscurantismo; sobre todo cuando las creencias se inmiscuyen en las instituciones republicanas y en la vida de quienes no comparten sus creencias y el sentido moral que cada una de ellas imparten. Será problema de cada una resolver la falta de vocaciones y fieles y el alejamiento de la gente de sus estructuras que cada vez la va dejando más sola, no por comodidad espiritual sino porque quienes deberían guiar ya no comprenden ni escuchan.
Ah, por las dudas que no se haya enterado, el Papa otra volvió a afirmar esta semana que los divorciados vueltos a casar, gente impura si las hay, no pueden comulgar. Una vez más, y van…

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