Mar del Plata, 07 Enero 2009

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Los santos inocentes

La historia de los “12 apóstoles” es de una de las más truculentas que se recuerden en las cárceles de la Argentina. Un motín que terminó con el asesinato y descuartizamiento de presidiarios. Ahora este hecho es contado en un libro de fuerte impacto.


En abril de 1996, la sociedad argentina se impactó con un violento motín en Sierra Chica. Pero lo que en un principio fue una historia más de presos que reclaman algún tipo de derecho, poco a poco se fue transformando en una anécdota truculenta una vez que comenzaron a conocerse los detalles. Presos que asesinaron a siete de sus compañeros de cárcel, los descuartizaron y los terminaron usando como relleno de empanadas.
Sin dudas una historia de película, fuerte desde luego, que fue recopilada en un libro por el periodista Luis Beldi, quien pudo dialogar con los protagonistas de aquellas jornadas, los “12 apóstoles”, en una experiencia que no dudó en calificar como “muy fuerte”.

N&P:- ¿Cuál es la historia íntima que cuenta en su libro?
L.B.:- Esta es una venganza que tardó diez años en concretarse. Había una banda de presos utilizada por el Servicio Penitenciario Bonaerense que reinaba en todas las cárceles, y que cada vez que había un motín o un intento de fuga la mandaban para que matara a los líderes o desbaratara el motín. Como tenían un poder tan absoluto, manejaban la droga, violaban a los presos, a las mujeres y hermanas en las visitas a los presos. Es decir, fueron acumulando mucho odio. Y cuando fracasa la fuga en Sierra Chica, que habían mandado a este grupo a desbaratarla, se terminó tomando este penal, de rehenes a los guardias, a la jueza. Esta banda quedó encerrada con todos ellos. Lo tomaron el domingo, y el martes a la mañana los mataron a todos.

N&P:- ¿Se generó una especie de contragrupo, entonces, que fue el que ejecutó la venganza?
L.B.:- Claro, se formaron los “12 apóstoles”, que estaban integrados por veteranos y gente muy joven, algunos damnificados de esta banda. En verdad, a los “12 apóstoles” no les interesaba demasiado lo que pasaba con esta banda, pero querían fugarse. Y como tenían que tener con el espíritu alto a una población de 1.400 internos que querían venganza, les dieron vía libre. Fue muy cruel. Los mataron de muchísimas puñaladas. Uno recibió más de 200. A otro lo quemaron. Después los pelaron, entre comillas, en el pabellón de reclusión a donde los envian para confinamiento. Pusieron los cuerpos uno arriba de otro desnudos, y los que pasaban los escupían, insultaban, apuñalaban, se llevaban la ropa que estaba al costado, de recuerdo. Fue una cosa truculenta. Después los descuartizaron y los quemaron en el horno.

N&P:- ¿Usted dice que este episodio tuvo derivaciones impensadas?
L.B.:- Sí, porque Eduardo Duhalde se arrepintió cuando era gobernador de la provincia de Buenos Aires de no haberlo reprimido en el primer día, de entrar a sangre y fuego. Entonces, dos años después, en el ‘98, cuando ocurrió lo de Ramallo, tomó el camino opuesto con aquellos malos resultados que le costaron las elecciones para presidente. Este motín, sin querer, cambió la historia en algún punto.

N&P:- ¿La Justicia penó eses crímenes o lo tomó como algo propio de un mundo donde la sociedad no mira?
L.B.:- No, les dieron reclusión perpetua. Lo que sí no se juzgó fueron las violaciones. Hubo muchos casos de chicos violados. Por ejemplo, los homosexuales se tuvieron que recluir en la capilla. Eran unos 60, no había agua, tomaban su propio orín y comían el pan que les podían tirar desde arriba del muro los guardias. Eso no se juzgó: se juzgaron esas muertes, pero no se condenó a quienes debían.

N&P:- ¿Cómo fue para usted abordar este tema?
L.B.:- Y… fue una experiencia dura pero apasionante. No puedo negar que llegar a las entrañas de esta historia fue duro. Había un pacto de silencio entre ellos por lo que me costó mucho, pero hablé con ellos y abordé los detalles más íntimos.



Torcer el destino

Uno de los protagonistas de la historia de los “12 apóstoles” es Ariel “El Gitano” Acuña, a quien el periodista Luis Beldi no sólo consultó para su libro sino que también ayudó de alguna manera a recuperarse socialmente. Y se trata de alguien de quien Beldi habla con admiración. “Los griegos dicen que héroes son aquellos que pueden torcer su destino. Este chico entró a la cárcel a los 16 años por un robo en Mar del Plata. Fue herido en una pierna, fue a la cárcel, escapó, volvió, después participó en el motín. Tiene algunas muertes y estuvo preso hasta los 33 años, hasta hace un año que recuperó la libertad. Es decir, 17 años preso”, contó.
Pero la vida sorprendente de este hombre no termina allí. Además, según comentó el periodista y escritor, tuvo una “vida tremenda”. Acuña fue hijo de una prostituta, y un hermano mayor lo salvaba de que lo violaran los clientes de su madre, que se acostaba con ellos delante de sus hijos. Después fue a un patronato, lo adoptó una familia que le pegaba hasta con la manguera del lavarropas. A los 12 años agarró una pistola y le disparó al padre a los pies para escapar de la casa. Empezó una carrera criminal con un muerto a los 13 años. Ese chico conoció a su mujer, que estaba presa, en la cárcel, se casaron, tuvieron un hijo y juró no volver a delinquir.
La relación de Beldi y Acuña se hizo muy fuerte. “Le pagué la carrera de electricista, y ahora hace changas. Juro que es el tipo más leal que conozco, ha cambiado tanto su visión y ha llorado tanto por lo que hizo. E incluso ha sido robado en la calle. Y no sé como se salvaron esos chicos que lo robaron. En realidad salvaron porque los salvó la mujer. Ella le dijo ‘eso es para saber lo que se siente cuando te roban’. Y esa fue una lección que aprendió”, comentó el autor del libro de los ’12 apóstoles’.
Sostiene Beldi: “Ariel es un ejemplo, no uno para imitar, pero estamos hablando de inseguridad y hay un gran porcentaje de los 100 presos que salen todos los días en libertad en la provincia que quieren regenerarse y no encuentran un lugar, una forma de hacerlo y vuelven a delinquir. Y eso es parte de la inseguridad. Porque la inseguridad no son delincuentes nuevos que se crean todos los días. Son los que salen de la cárcel más listos, preparados, más audaces, con más contactos, con más vinculaciones, aprenden a usar explosivos, armas largas, técnicas de robar, se asocian con otros que saben más”.


Algunas mejoras

N&P:- ¿Cree usted que hay condiciones para que se repita un hecho como el de Sierra Chica?
L.B.:- Los penales de la provincia están menos habitados que en aquella época, porque las leyes de Verbitsky (NDR: en referencia al periodista Horacio Verbitsky, presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales) hacen que la gente no vaya a la cárcel. Además, Fernando Díaz, el director del Servicio Penitenciario, es fantástico. Es una persona que está preocupada por qué hacen los presos cuando salen. Realmente hay gente que va más allá de sus funciones. Si bien la situación hoy es mucho mejor que la de aquella época, lo que está mal es el tema de la inseguridad. No detienen a nadie. Vemos este caso de las pulseras, que están hechas para gente que cometió delitos menores y las tienen homicidas, violadores, instigadores de prostitución de menores, secuestradores.

N&P:- ¿El problema son los jueces que se creen preceptores constitucionales y burlan el sentido común?
L.B.:- El tema es que hay toda una campaña. Primero investigamos a un policía que mata a un ladrón. Estamos siempre defendiendo los derechos del ladrón. Y digo “estamos” en nombre del Gobierno, que es lo que yo siento, olvidándonos de la gente. Y otra cosa que es terrible es que si el que muere es de cierta posición y el que lo mata es un pobre, listo: tenía razón el que lo mata.

N&P:- ¿El sistema funciona para garantizar los derechos de los criminales?
L.B.:- Además está ese concepto de que el desocupado es el delincuente. Conozco desocupados dignos que salen a buscar trabajo. Veo gente que delinque, conozco algunos que tienen talleres de chapa y pintura y se terminaron haciendo delincuentes. Y bueno, la droga. Ahora hablan de la droga, y si está eso de por medio, ya no es un tema de desocupación.

Ejemplos

N&P:- ¿Uno de los actores de esta historia de los “12 apóstoles” es Ariel Acuña, alias “El Gitano”, verdad?
L.B.:- Sí, le faltaban cinco meses para cumplir la condena, pero por esos códigos de lealtad se quedó en el motín y recibió 15 años más de cárcel.

N&P:- ¿Este chico dijo que una vez trajo $ 50.000 para pagar una libertad a un juez de Mar del Plata?
L.B.:- Él dijo que eso valía la libertad, pero no sé cuánto llevó en ese momento. Estaba prófugo incluso y, según cuenta, sobornó a un juez para que le diera la pulsera a un compañero. La plata no la había juntado él, se la dieron para que pagara a ese juez.

N&P:- ¿No es un testimonio que demuestra que el problema no son los delincuentes sino el sistema?
L.B.:- ¿Puedo ser un poquito más amplio? El problema de la delincuencia es que somos argentinos. Los delincuentes son argentinos, los jueces son argentinos y el sistema está manejado por argentinos. Los argentinos tenemos una base ética muy floja. Elegimos a un presidente patotero y después elegimos a su mujer en el colmo de la ignorancia. Somos como manejamos en la calle, de un desprecio total por la vida. Después prendemos el televisor y nos llenamos los ojos de lágrimas por las víctimas de Cromañón y en el camino le tiramos el auto a un ciclista para que aprenda por dónde se circula. Tenemos un problema cultural profundo.

N&P:- Con la autoridad instituida…
L.B.:- Mire: cuando un camarógrafo filmó a Ariel Ortega a las 6:45 subiendo a un auto, saliendo de un boliche, un tipo que es alcohólico, saltaron todos los periodistas deportivos a decir que ese periodista era un alcahuete. Entonces, en la Argentina no se puede reprimir, porque la palabra represión, que quiere decir el uso legal de la fuerza para evitar algún mal, está muy mal vista. No se reprime nada, ni piqueteros ni nada, hay que dejar todo en libertad. Si no podemos reprimir, tampoco podemos prevenir.

N&P:- ¿No es terrible que quienes deben ayudar a promover el control, como es el caso de los medios, se despachen con estos adjetivos? ¿No es, acaso, la misma relajación ética que se muestra con el tratamiento mediático a Charly García, por ejemplo?
L.B.:- Es que hay drogones a los que los aman, que pueden decir cualquier barbaridad, que destruyen equipos y encima dan cátedra, dan clases de vida, condenan a gente, critican. Este es un problema cultural de la Argentina. Tiene que venir una generación honesta y capaz.

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