Mar del Plata, 21 Noviembre 2008

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Pila Pila

por Federico Strileski

Por si todavía hay alguien que no lo notó, hay mucho para hacer en Mar del Plata. No me refiero a los atractivos turísticos, las posibilidades de esparcimiento o los entretenimientos. Al contrario, hablo de problemas, chicos y grandes, que siguen sin resolverse.


Mar del Plata, una ciudad famosa por sus playas, atractivos y sus problemas sin resolver. Tal es así que algunas de sus debilidades ya son asimiladas, son “cotidianeidades” que no le importan a los ciudadanos, funcionarios, ONG, candidatos… Mismo a los medios, que a la hora de definir los temas a analizar y ver problemáticas que no muestran ningún avance, optan por dejar de comentarlas, porque el tema está “quemado”, “ya fue” o “no hay nada nuevo para decir”. Muestras son las que sobran, como con los desastres viales. Que un noticiero porteño de alcance nacional titule “el accidente nuestro de cada día”; que los mismos conductores comenten con desgano un choque que parece repetirse todas las jornadas, incluso varias veces en menos de 24 horas, aburre a todos. Asimismo, la emergencia vial ya fue, ahora la vedette mediática del momento es la inseguridad. ¿De repente aumentaron las violaciones y los asesinatos? Para nada. Simplemente se concatenaron algunos sucesos más “fílmicos” y se le volvió a prestar atención a estos inconvenientes… Sólo falta que surja un nuevo Blumberg que aglutine un pedido de acción concreta para que la historia vuelva a repetirse, que algún candidato arme su campaña afirmando que va a llevar a las Fuerzas Armadas a la calle o que asegure que hay una bala para cada delincuente (Ruckauf, no nos olvidamos de vos) y el etcétera que es sólo cuestión de tiempo.



Radio gaga

Emociona leer que se está trabajando en un proyecto para una nueva Ley de Radiodifusión. La actual está en vigencia desde antes de la vuelta a la democracia, la mayoría de sus ordenanzas no son cumplidas y su última modificación se dio en la década de los ’90, con el sólo fin de dar un marco favorable a las privatizaciones promovidas por Carlos Menem y aplaudidas por la mayor parte de la Argentina.
Reducir el vacío de normas y orden en los medios con la promulgación de una Ley es una parte. Hay muchísimo trabajo que hacer y nuestra ciudad puede dar cuenta de ello a la hora de intentar sintonizar una radio.
Tomemos el dial marplatense, en especial en FM. Radios que cuenten con autorización oficial o tramitación de la misma se cuentan con los dedos de las manos. Nadie sabe hoy cuántas emisoras hay, tal es así que según la zona se “imponen” unas u otras. Como en ciertas partes del Barrio La Perla, donde una emisora folklórica no permitió por años que se escuchara correctamente Rock’N’Pop; o las frecuencias latinas que se entremezclan en barrios más alejados, donde no se escucha bien ninguna de las afectadas. Incluso, se da el caso de que generan perjuicios en áreas que poco tendrían que ver, cuando señales no necesariamente autorizadas y particularmente mal calibradas afectan a proveedores de Internet, perjudicando a empresas y usuarios. ¿Las inversiones de los primeros y los derechos de los segundos? Bien, gracias…
Uno podría ser más laxo en estas cuestiones en pos de proteger fuentes laborales. La cuestión es que son pocas las radios que pagan sueldo y en término. En la mayoría se trabaja gratis o se cobra según la publicidad que se consiga. Hay mucho más de lo que se ve a simple vista. O, en este caso, se escucha.


Se me van para atrás

Quienes tienen algunas canas y no tanto, seguramente recordarán el sketch de tinte casi sociológico protagonizado por Antonio Gasalla, en el cual encarnaba a esa empleada pública que todos padecimos alguna vez. Aún con los muchos avances que ha habido en algunas áreas, como los centros de Documentación rápidos, que hacen honor a su denominación, hay sectores que se resisten a respetar a la ciudadanía. Bueno, al menos ya no pueden tirarnos el humo del cigarrillo en la cara.
"Hay que mejorar la atención al público en Mar del Plata", "no siempre se trata a los beneficiarios todo lo bien que se debería". Lo pongo entre comillas para aclarar que esto lo dice Héctor Romano, jefe de la Regional Bonaerense Sur de la ANSES. Aunque habló de una buena predisposición del personal, reconoció que hay que trabajar. Si él lo dice, por algo será.
O como cuando, al asumir, Gustavo A. Pulti aseguró que los siete mil empleados municipales deben estar al servicio de los 700.000 marplatenses. No al menos al servicio del intendente, que tiene un frente bastante tenso con este sector. A decir verdad, varios de sus representantes se ven siempre tensos: tratan mal a la gente, brindan información errónea o incompleta, que obliga al perjudicado a irse a su casa a buscar el papelito que siempre falta. La capacitación y las exigencias que se tienen en cualquier empresa son formas de mejorar esto. La sensación general es que el empleado estatal, de cualquier órbita, no padece el control de un empleado privado, por ende no es exigido a cumplir.
Ya que hablamos de la Municipalidad y lo complicado que es hacer algunos trámites (cabe aclarar que hay quienes trabajan muy bien y quedan opacados por quienes no), la “estructura” edilicia y emparchada del edificio comunal es un tema. No es necesario ser arquitecto para calificar como mamarracho a la actual Municipalidad. Sin indicaciones reales, dependiendo de preguntar a quien se digne contestar dónde está cada oficina, la persona no acostumbrada sabe que va a perder una mañana cuando deba enfrentar la burocracia, si encuentra la que necesita, de Luro e Yrigoyen.

Carrera de obstáculos

En momentos de Juegos Olímpicos, las alegorías deportivas están a la orden del día. Como el caso de esta disciplina encuadrada en el atletismo que, como quien no quiere la cosa, uno ve que puede usarse para describir el derrotero de las obras no hechas, ni siquiera iniciadas o cajoneadas. Lo que se conoce en nuestra ciudad como “La máquina de impedir” trabaja incansablemente. ¿En perjuicio de quién? De los marplatenses, obviamente.
Sinceramente, aburre a los automovilistas, peatones, ciclistas, transportistas y demás el estado de las calles de Mar del Plata. Es una historia tan repetida que hasta uno, desde el periodismo, siente que no aporta nada nuevo al traer este tema a colación. Mi principal preocupación es justamente esa, la costumbre. La sabiduría popular afirma que el mejor truco del Diablo es hacernos creer que no existe. Es como la Agenda Vieja, que de tanto repetirla a todos se nos mezcla, se nos van perdiendo detalles y es como si alguna cuestión despareciera. En los medios, si algo no se nombra, no existe. No obstante, si a un problema se lo ignora, en la vida real sigue presente.
Vayamos a un ejemplo concreto: más grande el bache, mayor el peligro. Digamos que un ciclista tropieza con uno de estos cráteres y es atropellado. Sin contar el daño individual, una demanda por negligencia e incumplimiento de las responsabilidades sería mucho más onerosa para el Estado que decenas de arreglos.
Más vale prevenir que curar, mejor tarde que nunca o lo que usted prefiera. Hay problemas graves. Su no resolución significa mayores costos para el futuro.
Aunque suene a historia repetida.

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