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El 2009 ya comenzó
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por Enzo Prestileo
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Con la alianza sellada entre el radicalismo y la Coalición Cívica de Elisa Carrió, comenzó la carrera electoral que culminará en octubre del 2009. En ella se juega el futuro del proyecto de poder de largo aliento del kirchnerismo. De aquí en más, cada movimiento del Gobierno y de la oposición tendrá el trasfondo de esa decisiva batalla.
La Alianza ya anunciada entre las huestes de Carrió y el galimático partido radical activó las luces de alerta del cacique peronista de la hora. Ese costado de la arquitectura política oficial, el izquierdo, es el que el pingüino emperador más recela. El que más teme que le carcoma la oposición. En parte porque sobre ese terreno construyó su soporte ideológico; en parte, también, porque sabe que ese mercado electoral es, en los comienzos de este siglo, el que más renta proporciona a quien sepa invertir en él. Relamiendo todavía las heridas que la Mesa de Enlace provocara en su proyecto de poder, Néstor Kirchner reagrupa fuerzas y se prepara para la batalla que lo puede dejar a un paso la gloria, o a la misma distancia del definitivo ocaso. En tiempos de Copa Davis, podríamos parangonar vaticinando que el punto de las elecciones parlamentarias del 2009, que se define en poco menos de año, lo dejará match point. Si lo gana, a favor; si lo pierde, en contra. Quienes tienen la mala costumbre de seguir semanalmente los divagues de esta columna de opinión, recordarán que el cronista tuvo sus reparos sobre las casi unánimes predicciones de muerte política a la que el desenlace del conflicto con el campo habría llevado al matrimonio Kirchner. Casi todo el análisis político de esos meses de azufre para el oficialismo extendió el certificado de defunción para quienes, hasta hace un año atrás, eran dueños absolutos del poder en la Argentina. Esos muertos, según parece por estos días, no gozan de tan mala salud. Paso a paso y peso a peso el presidente de facto que gobierna desde el living de la quinta de Olivos va sumando voluntades a su intento de reconstrucción de una fuerza electoral lo suficientemente potente como para generar un envión anímico que dure los dos años que restan hasta la renovación presidencial de 2011. La Provincia de Buenos Aires es el teatro sobre el que se librará la madre de todas las batallas; por eso la retención de las voluntades de los barones peronistas del conurbano no tiene precio. Para todo lo demás, están las AFJP.
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La división social
Las pocas mediciones electorales conocidas en los últimos tiempos parecen dar cuenta de una cierta recuperación de la imagen de la presidenta Cristina Fernández. Paradójicamente, esa mejoría parece provenir del interior del país, ya que en las grandes ciudades se mantiene y hasta se acentúa el rechazo a su gestión. Y la paradoja es que ese mismo interior fue el que se rebeló contra las arbitrarias medidas del Gobierno cuando intentó el enésimo aumento de las retenciones a las exportaciones, sin que esa situación haya cambiado hasta hoy. De hecho, desde entonces no ha parado de empeorar, en particular debido a la caída del precio de las commoditties alimenticias que Argentina exporta al mundo. Creer o reventar, ¿no? Es muy probable que estas elecciones de medio término reflejen, como nunca desde mediados del siglo pasado, la cada vez más evidente partición social que logró instalar el kirchnerismo gobernante. La diferencia de percepción que las distintas clases sociales de Argentina tienen sobre la política, que en las últimas elecciones presidenciales marcaron diferencias sustanciales en la votación, se profundizarían mucho más aún en octubre próximo. Las capas medias y altas de la sociedad se han distanciado de los Kirchner de manera aparentemente definitiva. Las bajas, en cambio, dependientes económicamente como nunca de la ayuda estatal, son la fuerza electoral clave del oficialismo. ¿Cómo interpretar estos alineamientos? Para algunos, que los pobres estén con el Gobierno es una clara muestra de la sensibilidad social de los Kirchner. De su preocupación por lograr mayor justicia distributiva. Para otros, el hecho de que quienes más han progresado, quienes poseen más estudios y quienes han podido sortear con su esfuerzo la pobreza, detesten tanto los modos como las políticas oficiales, constituye la prueba definitiva de que la demagogia y el populismo son quienes nos gobiernan. Habrá que esperar casi un año para ver qué sector de la sociedad impone sus deseos.
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La caja K ya rebosa nuevamente de billetes de todos los colores. El gobierno no sólo tenía un plan B por si el A (la 125) no funcionaba, sino que además, el B resultó mucho más eficaz. Tanto en stock como en flujo de fondos los Kirchner se aseguraron por demás. Ahora queda por ver si todo era cuestión de dinero, o si las peripecias del tumultuoso primer año de gobierno de Cristina costaron demasiado. Las encuestas marcan que, de presentarse como candidato a diputado por la Provincia de Buenos Aires, Néstor Kirchner tendría casi asegurado el triunfo. Cierto es que esas mediciones fueron hechas antes del anuncio de la alianza CC–UCR. A Duhalde, una alianza parecida ya le costó una resonante derrota hace poco más de diez años, pese a haber superado el cuarenta por ciento de los votos. Si esta recién nacida coalición logra generar en el electorado una expectativa similar, incluso sin ganar en la Provincia, podría causarle al gobierno una derrota nacional de la que muy difícilmente se pueda recuperar para las presidenciales del 2011. Por otro lado, es muy probable que a los radicales y a Carrió se les sume el socialismo, que en los últimos años ha recuperado algún destello del resplandor que bastante tiempo atrás supo tener. En la otra vereda del arco político, la centroderecha, Macri parece todavía indeciso. ¿Jugar a su as de espadas en la Capital para intentar mantener el capital político logrado el año pasado? Una jugada arriesgada pero, en principio, la única que lo pondría a resguardo para seguir siendo un potencial candidato en las próximas presidenciales. Una derrota en el distrito al que le viene dedicando todas sus fuerzas desde su asunción como Jefe de Gobierno sería un golpe mortal a sus aspiraciones de suceder a la dinastía K. Del peronismo no cabe esperar nada distinto a lo habitual. Salvo unos pocos díscolos, con Felipe Solá a la cabeza, el resto terminará respetando al dios dinero, con lo que es de esperar un encolumnamiento obediente detrás de Néstor o de quien él designe como mascarón de proa del Frente para la Victoria en vistas a las elecciones de medio término. Estas fichas se moverán dentro de un tablero al que la economía puede condicionar decisivamente. Si las incipientes tendencias de consumo decreciente, de desempleo en aumento y actividad económica frenando abruptamente, las posibilidades del oficialismo se verán disminuidas notablemente. Caso contrario, si con la previsible utilización de los fondos del ahorro provisional privado se consigue disimular todos aquellos datos durante el tiempo necesario, el Gobierno tiene posibilidades de mantener una relación de fuerzas todavía favorable en el Congreso de la Nación. El show de la política electoral está a punto de precipitarse sobre nuestras cabezas. Y en él, como ya nos fue demostrado hasta el hartazgo, todo vale. Incluso las campañas truchas de difamación, urdidas por algunas usinas periféricas al poder y aceptadas de buen grado por éste.
Empezará la guerra de las encuestas, y se hará difícil distinguir entre las que reflejen la realidad del pensamiento ciudadano y las pagadas por quienes necesitan instalar una idea distinta sobre ese pensamiento. La coherencia de las distintas alianzas será puesta a prueba desde el primer minuto. En particular, el oficialismo previsiblemente machacará con la idea de que la recién nacida coalición no es otra cosa que el reflotamiento de la, para muchos, tristemente célebre Alianza que depositó en el poder a Fernando de la Rúa. Dentro de ese panorama, resta saber qué papel le cabe al vicepresidente de la Nación, el hombre del voto no positivo, que todavía no tiene claro su lugar en el mundo. Cualquier cosa puede ocurrir con él, que se presente con listas propias en todos los distritos posibles o lo opuesto, es decir, que decida no participar electoralmente. La bola comenzó a rodar. Hagan sus apuestas, caballeros.
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