Mar del Plata, 07 Enero 2009

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Cine de grandes

El furor de la utopía

por Adriana Derosa

“Salamandra” es el filme de Agüero que participó en la competencia argentina de largometrajes, en el Festival Internacional de Cine que hoy finaliza. Una película triste, donde el niño que cuenta la historia es parte del daño colateral del proyecto desbocado del adulto. Para mirarnos en perspectiva histórica.


"Yo no sé construir un personaje, lo que siento es malestar, ganas de cachetear a la mitad del mundo, y escribo así, desde esa rabia. No es que quiera hacer una película opresiva, estoy a flor de piel. El protagonista, etimológicamente, es el que se da en sacrificio. Yo quería eso, abrir mi corazón y decir 'acá me duele, esto es oscuro, esto es miedo, esto es contradicción, y quiero compartirlo con ustedes".
Leer estas palabras es un golpe de gracia a los afectos y la sensibilidad de los espectadores de cualquier forma del arte. Son declaraciones de Pablo Agüero, el director de “Salamandra”, que desde el momento de escritura del guión fue capaz de sorprender a la prensa internacional con la expectativa que generaba. Se presentó en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata como uno de los filmes en competencia, y generó la misma sensación que adelantaban sus declaraciones.
Ya había cobrado renombre en Cannes -cuando en el país era un desconocido- y más de un referente internacional llamó la atención sobre la belleza de su cortometraje “Primera nieve”, que cuenta en 15’ un episodio de esta misma historia: el monóxido de carbono de una estufa incendiada casi los mata a él y a su madre.
Salamandra es una película oscura, pero de una oscuridad conocida para el realizador. Cuenta una historia autobiográfica en las razones, los fundamentos y muchas de las anécdotas, aunque existan unas cuestiones que han sido tratadas estéticamente para su desarrollo cinematográfico, y no pretenden ser históricas.
Pablo Agüero se muestra a través de Inti, su personaje de seis años que es separado del único hogar que conoce, el que compartió hasta ese momento con su abuela, para iniciar un camino hacia El Bolsón con su madre, una ex presidiaria a la que nunca había visto.
Todo lo que podría preverse de ese proyecto de indefensión se cumple, y la sensación de la falta de rumbo se vivencia en el desarrollo completo de la narración.
La madre, Alba, es Dolores Fonzi, cuyo personaje está compuesto desde una dureza impuesta y un discurso particular: dice todo el tiempo lo contrario de lo que en realidad está sucediendo, evidenciando la contradicción. Habla de las certezas, del camino seguro, del confort que procura, de su preparación profesional. El niño es la víctima involuntaria de lo que quiso ser un plan, del proyecto utópico que alguien le comentó a alguien que le propuso a otro, y que termina siendo nada más que un enterrarse en vida en un ámbito inhóspito, que sólo trae -a sus ojos- miseria y desolación.
La lucha contra las carencias materiales es mucho más confusa que en un medio indigente natural. Porque en aquel sitio todos creen que están camino a la construcción de algo que jamás llega, en un espacio seguro y elegido que resulta ser de soledad, en un acto de alejarse de la sociedad de consumo, que aparece incomprensible a la mirada de un pequeño que solamente desea su coche a control remoto y la comodidad del baño del que fue su departamento sencillo de San Juan.


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Recital cubano


El cantautor cubano Santiago Feliú se presentará en Mar del Plata acompañado por su banda, junto a la que ofrecerá un recorrido por su carrera y abordará temas de su último disco, “Sin Julieta”. Esta única presentación en Mar del Plata tendrá lugar el sábado 22 de noviembre a las 21, en la sala Roberto J. Payró del Teatro Auditórium.
Santiago Feliú nació en La Habana en 1962. Creador autodidacta, integra desde los 16 años el Movimiento de la Nueva Trova. A partir de ese momento participó en los diferentes festivales y jornadas de la nueva canción realizados en Cuba y en el exterior durante la década del ochenta.
Desde 1978 que Santiago es uno de los artistas de mayor convocatoria en los espacios de la nueva canción. Acompañó en 1985 a Silvio Rodríguez en una gira por América y España, donde fue presentado como la revelación y continuidad de la Trova Cubana. También cantó junto a Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat, Noel Nicola, Vicente Feliú, Miriam Ramos, Omara Portuondo, Luis Eduardo Aute, Luis Pastor, Daniel Viglietti, Fito Páez, Juan Carlos Baglietto, León Gieco, Frank Delgado, Carlos Varela y Gerardo Alfonso, entre otros importantes cantautores hispanoamericanos.
En sus innumerables presentaciones en Argentina, ha sabido cautivar a una legión de fieles seguidores que no pierden oportunidad de reencontrarse con su música cada vez que regresa al país.
Su discografía incluye: Vida, 1986; Trovadores (grabado en vivo en el Palladium, Buenos Aires, con la participación de Juan Carlos Baglietto, Fito Páez y León Gieco), 1987; Para Mañana (con la participación de Patricia Sosa y Juan Carlos Baglietto), 1988; Náuseas de fin de siglo (grabado en vivo en La Habana), 1994; Ansias del Alba (grabado junto a Vicente Feliú), 1997; Futuro Inmediato, 2000; En Vivo, 2000; Entre otros (con el trovador Noel Nicola) y Sin Julieta, 2007.
Santiago Feliú estará acompañado por músicos de destacado reconocimiento en Cuba como Roberto Carcasses (piano), Elmer Ferrer (guitarras y voces), Oliver Vadés (batería) y Yusa (bajo, cajón y voces, trovadora invitada).

Hasta hoy

Durante el 23º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se encuentra habilitada la muestra de pinturas del artista plástico Rodolfo Zagert, titulada “Homenaje al cine”. Las obras se exponen en el foyer del Teatro Auditórium y es organizado por el Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires. Los títulos de las piezas remiten a recordados filmes emblemáticos de la historia del cine como “El acorazado Potemkim”, “Caravaggio”, “La comezón del séptimo año”, “Ayer, hoy y mañana”, y nacionales como “El vampiro negro”, “Luna de Avellaneda”, “Morir en su ley”, entre otras. La muestra puede visitarse diariamente con acceso libre y gratuito.
Rodolfo Zagert nació en 1950 en Misiones. Estudió arte y arquitectura en Buenos Aires, donde a los 19 años realizó su primera exposición individual en la mítica Galería Lirolay. En 1972 es becado en Alemania para continuar sus estudios universitarios. Precisamente en ese país desarrolla su actividad artística en el campo de la arquitectura y la plástica, hasta que en 1991 se traslada a Palma de Mallorca desde donde produce obras que expone en Buenos Aires.


Sin aire

La película de Agüero es asfixiante, y parece paradójico hablar de asfixia cuando se ponen en juego los paisajes diáfanos de El Bolsón. Pero detrás está la confluencia de un grupo humano heterogéneo, inexplicablemente anclado en el sitio, en el cual existen nada más que el hambre, el frío y las carencias.
Supo ser un reducto construido por la primera generación hippie: algunos mencionan en su historia a los desertores de la guerra de Vietnam, y otros al mismísimo elenco de Hair, que había terminado tomándose muy en serio su papel. En un proyecto propio de la época, habían iniciado allí una vida en comunidad que se extendió por siete largos años, hasta que se cansaron de todo aquello, y buscaron espacios más favorables.
Luego siguió una etapa post hippie en los ochenta, donde otro puñado de gente llegó tratando de revivir la generación anterior e idealizada, y a ellos se agregaron toda clase de bichos raros que tenían en común sólo la necesidad de alejarse de la ciudad. La mayoría de las veces estaban guiados por motivaciones diferentes, como algunos escapados de la justicia, presuntos iluminados, cultivadores de hongos y marihuana, artesanos idealistas, y herederas que jugaban al hipismo con el cheque que el padre enviaba a fin de mes. Había de todo.
Ese fue el medio en el que el director realmente se crió hasta los dieciocho años, y del que luchó por salir, porque sigue marcándolo como inexplicablemente atroz. No ha atravesado esa frontera que lima asperezas y permite una mirada distanciada sobre una complicada realidad de la infancia, sin elección posible.
La mediatización estética es escasa. Hay una furia que endurece la historia y la escritura de esa vida, la misma furia que tiene un niño cuando rompe las cosas en venganza por la promiscuidad de su madre: “quise mostrar la locura en la que entré en mi infancia”, dice.

Medioevo voluntario

De todas maneras, si bien la película tiene diálogos interesantes, cumple más el rol terapéutico de hacer catarsis de la angustia, una angustia que se transmite al espectador que recorre la historia con la sensación de estar pisando un polvorín, de esperar permanentemente la tragedia, la explosión de la cual todos parecen acariciar el delicado borde que coquetea con la muerte a cada rato.
Los otros personajes del cóctel humano viven sin creencias, han decidido voluntariamente convivir arrastrando las falencias de la Edad Media en pleno siglo XX, y el pequeño -que no ha construido tal militancia- no puede más que padecerlo. No tiene las herramientas culturales de un campesino, es como un canario echado al monte, presa de las alimañas y el hambre.
Allí no hay rituales colectivos que se parezcan a los citadinos, no hay religión, escuela, familia, acción política, ni comidas ordenadas, ni habitaciones fijas, porque los adultos las rechazan. Pero la angustia de “dónde dormiré hoy” llega al alma de un niño, que lo cuenta con ganas de adulto, pero con aquel lenguaje puro de la bronca contenida.
Una película bien hecha, bien contada, bien filmada, pero que nadie elegiría ver dos veces. Cine de la falta y la desesperación, de la pena que nos da cada día mirar directamente a la cara las locuras que hacemos los seres humanos para demostrar que lo somos.

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