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Un círculo perfecto
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De la redacción de N&P
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La imagen de Barack Obama y su esposa Michelle ingresando a la Casa Blanca, recibidos por George y Laura Bush, es de un impacto superior al que la mera representación gráfica puede proyectar.
En la miniserie "John Adams", una producción de HBO que se alzó con 13 estatuillas de los premios Emmy -entre ellas las de tres actores bien conocidos en la gran pantalla: Paul Giamatti, Laura Linney y el británico Tom Wilkinson-, se pone en foco el inicio de la historia de la revolución americana. En su sexto capítulo, el matrimonio Adams llega a la nueva residencia presidencial en construcción (la actual Casa Blanca) y allí, en una impactante escena, Abigail Adams dice: “una nueva sede de gobierno construida por esclavos muertos de hambre…, nada bueno puede salir de esto”. Un artículo de reciente data revela parte de esta historia singular de construcción no sólo de una casa sino de un símbolo del poder más consolidado en el planeta. Néstor Restivo, en una columna para el diario Clarín, señala que el arquitecto James Hoban ganó el concurso para hacer la mansión por u$s232.000 de la época. “La pensó en estilo georgiano Palladian (por el arquitecto italiano Andrea Palladio), de color pálido y gris. Cedieron las tierras pantanosas del ahora D.C. dos estados esclavistas: Maryland y Virginia”, cita el periodista. Refiere la nota que el problema fue juntar todo el material –piedra, ladrillo, clavos, herramientas- y llevarlo a un lugar tan remoto. “Collen Williamson, maestro mayor de obra, entrenó sin dar descanso, y en pleno verano, a los esclavos, artesanos y hombre libres en una cantera oficial de Aquia, Virginia. Allí excavaban y rompían piedras, horneaban ladrillos, y luego picapedreros escoceses las colocaban en el edificio", dijo William Bushong, de la Asociación Histórica, según publica el matutino de Noble. La historia adquiere, luego de los resultados que llevaran a Obama a las alturas presidenciales, rasgos extraordinarios, peculiares. Según recientes encuestas realizadas en Europa, nadie puede impactar al Viejo Continente tal como lo ha hecho el próximo presidente de los Estados Unidos: si bien es de ritual la crítica europea al racismo estadounidense, no existe en la Unión Europea político o dirigente alguno de relieve de ese origen. El continente que dice ser la “palabra” en materia de discursos humanísticos tiene a sus minorías perfectamente relegadas. Un escenario “Obama” en Europa es imposible, política y socialmente. Desde Rosa Parks, la pequeña mujer negra que inició la larga marcha por la igualdad en Montgomery, Alabama, existían en la década de los cincuenta del siglo XX leyes segregacionistas aprobadas. La población negra debía sufrir la humillación cotidiana de no poder compartir con las personas blancas los mismos lugares públicos, no podían tomar un taxi, pues éstos sólo servían a personas blancas. El transporte para la población negra era el autobús. Una habitante de la ciudad, mujer afrodescendiente, encendió la chispa de manera no violenta en contra del sistema opresor, sin percatarse de que la decisión que tomó un día de no pararse de su asiento de autobús para que se sentara un hombre blanco -"estaba cansada de ceder y ceder; mientras más obedecíamos, peor nos trataban"- sería el punto de partida de la gesta, que hasta hoy día sigue en curso. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, la residencia presidencial que sus antecesores construyeron con sus manos esclavas y su sacrificio, marca un inicio histórico destinado a dejar huellas notables en el presente y futuro del orbe.
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