Formalmente están en el mismo lugar, la UCR, pero sus caminos cada vez son más divergentes. Carlos Martín y Jesús Porrúa se entendieron de memoria por años, pero ya no sucede. Para Martín, Daniel Katz es un traidor, un desagradecido; para Porrúa, el maná del que se alimenta. Y es así nomás: si Katz ingresara al kirchnerismo, a Porrúa se le terminaría el sueño de la presidencia del bloque de senadores provinciales de la UCR. Para Martín, si se cae el proyecto de ir con Lavagna, bye bye adiós a todo. Y peor: puede ser muy dura la vida a los 60 años después de 20 pasados en política tramitando cargos diversos. Eso los ha llevado a discutir mal. Martín quiere firmar a dos manos un duro documento hiper crítico sobre nuestro chico K, escrito por la pluma venenosa de Blas Aurelio Primo Aprile. Porrúa se niega, y las presiones crecen. En semanas habrá definiciones, y ya nada será igual.
Dicen que son militantes radicales de recontra pura cepa. Pero tienen tanto miedo a extinguirse que se reúnen cotidianamente para reconocerse, palmearse por tanta resistencia y darse ánimos para seguir. Las reuniones son en un salón de altos, propiedad de la ex concejal Miriam Pulvirenti, donde planifican acciones venideras. Pero no parece estar dándoles resultados, pues ya llevan muchas y tediosas reuniones y aún no deciden qué cuernos hacer. Unos quieren expulsar del partido al Intendente, otros quieren aguardar a ver qué pasa, y otros preguntan: “Che, en la lista de concejales, habrá un lugarcito para mí?" Un clásico.
Los vecinos de Parque Palermo y Barrio Autódromo están hartos del agua hasta la nariz y de años de reclamos desoídos. En el caso del Autódromo, hay un escándalo que ya lleva más de 16 años sin resolver. La comuna y los políticos le echan la culpa a quien vendió los lotes, un tal Jorge José Martínez, quien escrituró las ventas como “de partes indivisas". Y que te escriture Mongo. Nadie hace las obras de hidráulica, a la gente le vendieron tierras inundables y a sufrir, que la feria necesita siempre de alguien que ligue la cachetada para que otro alguien se ría del dolor ajeno.
Denuncias que llegan a PAMI hablan de los desquicios que acontecen en el Hospital Español de esta ciudad: la comida es horripilante, faltan insumos básicos, el médico de guardia no existe entre las 8 de la tarde y las 7 de la mañana siguiente... Dicen que hay un expediente en marcha y que habrá novedades en breve. El dueño del hospital, un señor de nombre Abraham Rabinovich, bien gracias, contando billetes.
Finalmente, el proyecto para construir el edificio en Matheu y la costa fue votado en el Concejo Deliberante. La iniciativa venía siendo jaqueada mal por varios buscas intrapalacio, es decir vendedores de baratijas seudo mediáticas que llevaban por caballo de Troya a la concejal Viviana Roca. Pero terminó siendo aprobado, en otra proverbial e histórica derrota para los coimeros y correveidiles que habitan la manzana de las sombras.
La Cámara Nacional de Apelaciones le dijo al fiscal general Daniel Adler que trabajó poco. Los jueces lo retan por escandaloso, y le dicen que ni siquiera se ocupó de precisar lo que quería decir. Esta vez no funcionaron las órdenes que el fiscal quiso dar desde arriba, ni sus métodos de trabajo tan poco ortodoxos. Aprieta a sus súbditos: los otros no se dejan.
La desfachatez con la que la clase dirigente se presenta ante la sociedad merecería un estudio sociológico profundo. Quienes nos representan, ¿son una proyección fiel de la sociedad? ¿O son una muestra esperpéntica del conjunto, que, merced a su falta de escrúpulos, puede actuar como lo que no es, la sociedad misma? Difícil pregunta, de compleja respuesta. Porque no es dable creer que Horacio Tettamanti, dueño de Servicios Portuarios Integrales (SPI), o Eduardo Tomás Pezzati, presidente del consorcio portuario y de todo consorcio o ente que haga falta para dar trasiego al dinero público, representen a la sociedad marplatense. Menos aún su jefe político Gustavo Arnaldo Pulti.
El fiscal del caso Carolina Píparo detalla cómo sigue la causa y afirma que estos delincuentes no salen a robar para alimentar a sus hijos sino para vivir sin trabajar, consumir drogas, entre otras cuestiones.