19.12.2008 | Lo dicen los marplatenses, los bonaerenses, porteños, opositores e incluso funcionarios. Hay inseguridad, incertidumbre y, valga la redundante paradoja, la población está segura de que los hechos delictivos nos afectan a todos. Directa o indirectamente.
Tomamos las encuestas y parecen calcadas. Desde las de Internet, que poco valor estadístico tienen y más bien reflejan la opinión de los visitantes de cada sitio, a las de carácter científico, con muestras basadas en estudios, de menor o mayor seriedad. El común denominador de los guarismos es la honda preocupación que produce en los argentinos el accionar delictivo, la impunidad, la lentitud del Estado y más.
Aunque el juez de la Corte Suprema Carlos Fayt se enoje, hay mucha tela para cortar respecto a la actividad de los organismos responsables. Él, por citar un ejemplo de un funcionario público, debería haber aprendido que la prensa (y sus lectores, es decir la gente) son mecanismos de control de la actividad de los responsables directos del rumbo del país. Para ser alguien de tanta experiencia, no se muestra muy respetuoso de que le digan que debería revisar su accionar. Sinceramente, cuando observé a los movileros que le hacían preguntas, creo que el periodismo se ha mostrado demasiado respetuoso con este señor. Él es un funcionario público, miembro del principal organismo judicial de la Argentina y como empleado estatal que es, debe estar disponible a los escrutinios que la sociedad le haga, los considere apropiados o no. Como cuando un legislador, intendente, gobernador o incluso Presidente de la Nación no acepta las críticas. Por algo se habla de cuarto poder, periodismo independiente y esas cositas en las que uno todavía quiere creer.
Pescado podrido
La cantidad y variedad de hechos relacionados con la seguridad es tal que más que artículos, los hechos destacados merecen compilaciones de varios tomos.
Si cualquier hijo de vecino denuncia un robo, pocas veces tendrá siquiera novedades de lo sucedido con sus pertenencias. Recuerdo el caso de un docente a quien le robaron el auto, y como conocía a un cuidacoches con quien tenía bastante confianza, le consultó si sabía algo del robo que había sufrido, en la esquina de Falucho y Catamarca. A los días, el trapito le confió que “los muchachos no lo tenían", que debía estar por Paraguay…
Por otro lado, la cobertura noticiosa da cuenta de que el actor Ricardo Darín sufrió un hecho delictivo en su hogar. Hoy son dos los demorados. ¿Acaso hay operativos y tanta celeridad con crímenes del mismo tenor, pero sufridos por cualquiera de nosotros? La conclusión la dejo a su criterio.
Las estadísticas dan cuenta de que las mejoras en el área son limitadas, pero que el cuadro general no muestra mayores avances. Es bueno ver reducida la participación de menores en localidades como la nuestra, aunque no ayuda saber que el número de causas judiciales vaya en aumento. ¿Es que los jueces trabajan más o que hay más procesos?
O iniciativas como el Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas de fuego y Municiones, donde tras un año y medio se recibieron 103.368 armas y alrededor de 732.000 municiones. Aunque la entrega era reconocida con una retribución monetaria y el número suene esperanzador, las expectativas eran más optimistas.
El problema no es nuevo, está asentado en causas que trascienden las fronteras y llevará tiempo. Pero hasta la marcha más larga se hace de a un paso a la vez.
Nada personal
Hablo con un taxista, me dice que no hace más denuncias porque se siente un ladrón cuando le toman la declaración. Consulto a un comerciante, afirma que cuando pidió reconocimiento policial tras ver a una persona en actitud sospechosa, ésta fue al otro día a increparlo por hacerlo pasar un mal momento (¿y el anonimato del denunciante?). Dialogo con otra persona y me relata que sufrió un secuestro virtual, cometido por los internos de un penal. Tomo algún diario o visito sitios web de noticias y observo que estos hechos son ignorados o retratados mínimamente.
El catolicismo indica que uno puede pecar de pensamiento, palabra, obra u omisión. La última es la mayor falta de los responsables (igual, tampoco es patrimonio exclusivo de este área…). Como cuando Felipe Solá se escudaba en las purgas masivas, los jefes de Gobierno porteño en la ausencia de una fuerza propia, los intendentes se amparan en los gobernadores o los mandatarios afirman que corresponde un trabajo a largo plazo. El etcétera es largo, aunque creo que el más doloroso y cercano es las complicaciones para dar testimonio de que uno fue víctima. Demoras, ausencia de empatía, perspectiva pesimista de resultados. La Justicia es ciega pero no en un sentido positivo.
¿Cuántos robos son resueltos? El denunciante debe llevar fotocopias de los recibos de compra de los objetos sustraídos (?), esperar minutos u horas, según el caso, ¿y después? Por algo surgen estudios de que entre el 30 y el 50 por ciento de los delitos no son denunciados. Un tema complicado que no se resuelve con campañas publicitarias.
No sabe / no contesta
El “debate" (si se puede decir que hay uno) sobre cómo combatir la inseguridad cuenta con dos vertientes en la Argentina: los que piden penas más duras y los que ven al delincuente como víctima. Ambas posiciones tienen elementos destacables, aunque al contar con diferencias “irreconciliables", lejos están de buscar un punto medio de acuerdo. Es una locura decir que todos los delincuentes son víctimas y/o seres malvados sin recuperación. Se dan ambos casos. Por ejemplo, cuando se analiza el porqué del aumento del uso de armas blancas o similares en los robos. El experto en técnicas de seguridad Néstor Fortunato afirma que es para evitar la imputación por tenencia de arma cuando son aprehendidos por las fuerzas policiales. El criminalista Roberto Locles sostiene que los veteranos del robo saben que el arma blanca no es considerada un arma prohibida, como las pistolas o revólveres, y tienen claro que existe un vacío legal por su posesión o tenencia. Esa especulación difícilmente venga de quien salió a robar para comer; es propia de aquel que toma esta actividad como propia y es consciente.
Posturas como la de Carmen Argibay crispan los nervios de una gran parte de la clase media y alta. Creo que es muy loable que desde su labor se preocupe por los chicos que han caído en la delincuencia; no obstante, su postura parecería merecer mayor espacio en una oficina de Desarrollo Social que en lo que respecta a impartir justicia. Si un menor que comete un delito debe quedar preso para evitar un caso de gatillo fácil, estamos entre la locura y el anarquismo total.
Se puede hablar de cuentas pendientes, vacíos legales, irresponsabilidades y más. La cuestión se torna mucho más compleja cuando debemos enfrentar hechos tragicómicos, bizarros, hasta de humor negro para describir algunas situaciones. Como cuando, por ejemplo, nos enteramos de que detuvieron a un delincuente que estaba con arresto domiciliario y que tenía la tobillera magnética encima. Mientras cometía un delito.
La sociedad toma nota. Por algo los funcionarios reconocen que temen linchamientos. ¿Entonces? ¿Acaso ustedes vieron algún plan o acción que vaya más allá de los discursos? Yo tampoco.
por Federico Strileski
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