25.01.2009 | Internet sigue dando de qué hablar. Entre las redes sociales, los espacios personales, videos y un cuasi infinito etcétera, la cybertelaraña está encontrando su nicho. ¿Superó a los medios tradicionales? Mm, me parece que nos estamos adelantando.
El cambio de año arrojó numerosos ensayos, artículos, comentarios y demás yerbas, colocando a la red de redes como un fenómeno que está superando a los medios tradicionales y revoluciona el acceso a la información. Isaac Asimov o Carl Sagan podrían dar una perspectiva al respecto, es decir, estamos frente a una magnificación de un proceso en constante crecimiento.
Obama ganó gracias a Internet, los argentinos prefieren Internet para informarse, los blogs son tan o más confiables que los medios de comunicación masiva tradicionales, los chicos viven más en la red que en el mundo real, entre otras afirmaciones (certeras y no tanto), son una muestra de que la velocidad de los tiempos en que vivimos no permite frenar, analizar la realidad. ¿Por qué, si no, siguen existiendo las librerías, los medios gráficos, la radio?
La televisión, la radio, los diarios, son medios masivos de comunicación. Uno no necesita un “curso”, una PC y una entrada mínima para informarse. Partiendo de esa base, observamos tres complicaciones que hacen que más de la mitad del mundo ni sueñe con acceder a Internet en los próximos diez años. La ONU plantea como meta lograr que la mitad de la población del planeta tenga acceso al agua potable, ¿dónde está la masificación tan mentada? Ahora, tampoco podemos ser necios o contreras y menospreciar esta herramienta, obviamente. En lo personal, en particular, si navego de una a seis horas por día, no puedo opinar lo contrario.
Cualquier pelotudo…
El autor / filósofo / editorialista José Pablo Feinmann asegura que “cualquier pelotudo tiene un blog”, expresa que los detesta y, con bastante acierto, afirma que “un buen jefe de redacción les daría una buena patada en el culo y los echaría por la pésima prosa que tienen”. Sin ser tan preciso, también considera que “ese democratismo me parece realmente agraviante con el lector”. Como todo personaje polémico, Feinmann gusta de los golpes de efecto, es una especie de “intelectual mediático” que, como tantos otros (Escudé, Sebreli, O’Donnell), encuentra en la provocación un nicho que puede ser analizado de dos maneras. Una, como una forma de llamar la atención; la otra, la que considero más inteligente, como un punto de vista que uno debe leer, considerar y rescatar en la medida de lo posible. Soy de aquellos que sienten que todo nos puede enseñar algo, bueno o malo, y que uno debe definir qué vale la pena y qué es descartable. Es como leer autores de una ideología que uno no comparte o de otra religión: es un ejercicio excelente para reafirmar un parecer o madurar hacia otros rumbos.
Hoy cualquiera tiene un blog, en eso Feinmann tiene razón. La mayoría posee faltas (y horrores) de ortografía, lo que les quita seriedad. La ecuación que debemos entender es que ninguna metodología de información es perfecta e inmejorable. No se puede usar un solo medio para conocer la realidad. Los blogs manejan otros códigos, tienen libertades que permiten conocer puntos de vista individuales, rescatables o patéticos, excelentes o insultantes. Son útiles como complemento.
Voltaire afirmó: “Puedo detestar lo que escribes, pero daría mi vida para que pudieras seguir expresándolo”. Ésa es la democratización de la que se habla en Internet. Igual, ni anarquía ni democracia son aplicables para la red de redes. Hay que tener PC, ingresos mínimos y formación para poder siquiera pispear Internet, ni hablar para tener un blog. ¿Y para contar con un blog serio? Prefiero no profundizar.
Doble filo
Recuerdo un programa religioso de “debate” en el que un panelista aseguraba que Internet degradaba al hombre. Pamplinas. Es una herramienta, depende del uso y/o abuso que se haga de ella. Tanto es así que los contenidos propios de Internet son menos que aquellos provenientes de los medios masivos de comunicación, que hallaron en la red una forma ágil de acercarse a quien cuente con los elementos para hacerlo.
Un martillo puede usarse para construir una casa o para golpear a alguien. Dependiendo de cómo se lo utilice, su acción se traducirá en algo bueno o malo. Desde la Asociación Civil Chicos.net se expresa esto respecto a su uso en niños y adolescentes. Carlos Biscay, coordinador del sitio Chicos en Internet, reflexiona que estamos frente a un recurso que, bien utilizado, suma mucho a los chicos. Eso sí: la formación de criterios, la prevención de daños irreparables y el valor de la intimidad deben ser inculcados desde la familia. Si se quiere, véalo como un medicamento. Su correcta prescripción mejora nuestra calidad de vida; su abuso o exceso es dañino. Punto.
Los blogs pueden afectar más a los usuarios porque no se muestra una imagen o un video, se exhibe lo interno, lo inherente a uno. Lo íntimo, sea político, ideológico, humorístico o personal, implica una vulnerabilidad.
Hoy, cualquiera tiene un blog, fotolog o facebook. Sea pelotudo o no. Eso es lo que los hace tan particulares. Intentar calificarlos como buenos o malos, incluso generalizarlos es un intento vano. Es un medio, una herramienta que exterioriza cuestiones inherentes a cada persona, en el sentido más amplio del término. De cada lector dependerá lo que se haga con ellos.
por Federico Strileski
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