22.02.2009 | Golpean la puerta de nuestras casas e intentan transmitir su visión del mundo y de la fe. Estereotipados, acusados de prácticas ilegales y hasta de sectarios, nos ponemos en contacto con un testigo de Jehová para que comente qué es lo que le pasa por la cabeza.
Las buenas costumbres dicen que no hay que hablar de religión en las reuniones para evitar confrontaciones. Imagínense el abanico de potenciales discusiones que tienen aquellos que salen semanalmente a intentar convertir a aquellos que están inmersos en una fe, son agnósticos o, directamente, niegan la existencia de Dios. En especial si no son una religión mayoritaria y, en particular, si son famosos por su actividad.
Esta semana, continuamos comentando las sensaciones y vivencias de un joven testigo de Jehová. El entrevistado en cuestión es Fabricio Santacruz, quien rompe con los estereotipos: para sus pelos con gel, usa remeras con imágenes de rock nacional o superhéroes, viste bermudas, cinturones con tachas… Y, por supuesto, sale a predicar semanalmente.
Él es “comunicador”, así se denominan los que salen a predicar de forma continua y que cumplen los requisitos para hacerlo.
Iniciar una conversación con los testigos es muy fácil. ¿Profundizar en su visión del mundo? Eso es un poco más chocante. Vayamos por partes.
Día a día
La idea no es tener una discusión teológica, sino práctica. La intención es transmitir una forma de vida distinta. O no tanto. Al consultarle a Santacruz por su mayor complicación en la cotidianeidad, comenta: “creo que mi error más grande, el hecho que más odio de mí mismo, es que me cuesta muchísimo cuidar mi vocabulario, no decir malas palabras”. Aunque la Biblia no lo diga específicamente, “uno no debe andar diciendo groserías”, se lamenta. Trata de cuidarse, reflexiona que quizás sea por las malas amistades, aunque no deja de darle bronca.
Profundizando un poco más, respecto a presentarse como testigo comenta que le ha generado buenas conversaciones, aunque sin resultados (conversiones). Y se sincera en que hay cuestiones difíciles de entender, que no es lo más normal. Él resiente que lo que se considera regularmente “normal” no coincide con su criterio. “Lo respeto porque la misma Biblia dice que las personas no llegan a comprender lo que Dios está queriendo de cada una de ellas”. Así las cosas, él siente que muchas veces muestra pruebas y no se las reconocen por criticarlos a ellos o por lo que él llama “error incorporado”. O que le digan ‘tenés razón, pero no voy a cambiar’. Fabricio se desnuda y expresa un “put…, tanto explicarle”… aunque se contiene y lo analiza casi de memoria: Dios pedirá cuentas, Fabricio siente que hizo lo que tenía que hacer y que, al final, será cuestión de cada uno.
Tensa calma
Un término que utiliza en numerosas ocasiones para describir a otras religiones o a quienes se desvían es ser apóstata. Santacruz lo define como “aquellos que tergiversan lo que es la verdad”. Desde su visión, consideran que a un texto bíblico lo toman de otra manera y generan dudas, lo que se traduciría en predicar algo “mal fundamentado”.
La pregunta es inevitable. Cuentan con su propia Biblia, impresa por sus editoriales, quienes la tergiversan son apóstatas… ¿cómo ve Fabricio a los otros credos? “Convivimos con otras religiones, pero creemos que viven en apostasía”. Aclara que no los catalogan como tales ni los señalan, aunque creen que sus razones no están fundamentadas directamente. Convivir no necesariamente se traduce en aceptar.
Desde su punto de vista, los testigos de Jehová basan su vida y sus creencias en la Biblia, pero respecto a las otras religiones, siente que no tienen el apoyo de Dios, que enseñan doctrina falsa. Ataca metáforas y alegorías como el abismo de fuego, que Cristo nació un 25 de diciembre, la Santísima Trinidad, aceptar donaciones de sangre, el bautismo de un niño, las Inquisiciones… Es chocante que hable de convivencia pero que, a la vez, describa a otra religión como falsa, como ‘Babilonia la grande, la madre de las rameras’ y que augure que va a ser destruida por la misma gente. “La gente va a tomar armas y va a matar a los clérigos porque las Iglesias muestran día a día que no tienen la verdad, que tergiversan” afirma Santacruz. Así como lo lee.
Asimismo, hay cientos de ensayos y análisis que describen las creencias de ellos como tergiversaciones, siendo quizás la más difundida la de negar las transfusiones.
Los testigos de Jehová toman literalmente el texto 15-20: “deben abstenerse de la sangre”. Afirman que ésta es preciada, que Jesucristo la dio por nosotros y, entonces, ellos ni dan ni la aceptan. Al menos condonan tratamientos alternativos. Por ejemplo, en vez de bisturí sugieren electrocauterio, que cicatriza mientras trabaja, o la hemodifusión. Incluso proponen una máquina que filtra y reingresa la sangre limpia al cuerpo.
Fabricio afirma: “yo prefiero estar muerto antes que aceptar una transfusión de sangre”. ¿Cómo alguien llega a esa conclusión? “De esa manera, estoy seguro que Dios me va a considerar”. Para él, esa forma de alargar la vida pesará a la hora de rendir cuentas. Para él y los suyos es lógico, normal, es algo que dice Dios.
Es su forma de vivir la vida. Fabricio Santacruz no es un referente o doctor en religión. Es, simplemente, un marplatense de 22 años, testigo de Jehová, que describe cómo vive uno de aquellos que alguna vez nos han sacado de la cama muy temprano un domingo.
por Federico Strileski
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