22.02.2009 | Este año se vuelve a realizar la evaluación conocida como PISA, por sus iniciales en inglés, que consiste en un programa internacional de evaluación de estudiantes que se realiza cada tres años.
Este programa fue creado por la OCDE para medir las aptitudes de los estudiantes de quince años en los países que participan. Las áreas a evaluar son comprensión de textos, matemática, ciencias naturales y ahora se agrega –para pocos- la de lectura y comprensión on-line.
Predicciones para el 2009-2010
Hasta ahora venimos saliendo muy mal en todos: puestos 51, 52 y 53 en el 2006, cuando el más bajo fue en lectura y comprensión y puedo pronosticar fehacientemente que este año saldremos peor. Sin necesidad de acudir a los astros, ni al tarot, ni a las runas, le puedo predecir con lujo de detalles lo que sucederá.
Ni bien salga el Informe PISA en el 2010, todos se ocuparán de él. Los títulos no serán en tamaño catástrofe, pero estarán en tapa de los diarios. Los artículos de opinión dirán que la educación es un tema central, y que ha llegado el momento de ocuparse seriamente de ella, la que debe constituir una política de Estado.
Reaparecerán en los medios los especialistas en educación para decir que ellos lo habían pronosticado. Escribirá y hablará por radio y televisión gente que sabe, como Jaim Etcheverry, Nélida Baigorria, Santiago Kovadloff y algún otro que respeto. Y junto a ellos, aparecerán los supuestos popes educativos -algunos conocidos ex ministros, ex diputados y funcionarios del área de cuyos nombres, sueldos o jubilaciones no quiero acordarme- que participaron de las nefastas reformas educativas de nuestro país.
Por supuesto, saldrán los responsables educativos del momento y los sindicalistas a pelearse. Todos acudirán a los problemas sociales que sufre la República y se oirá ese tipo de frase jamás dicha, como “A jóvenes que se desmayan de hambre no pude enseñárseles a leer”, aunque la evaluación haya sido tomada en escuelas pagas de clase media y alta en dos terceras partes de los casos.
No faltarán los comentarios en programas de actualidad conducidos por tipos que hasta hablan con faltas de ortografía, que azotarán sin piedad a los que ellos consideran culpables de que las cosas estén como están.
Aparecerá una figura infaltable: el intelectual -que generalmente representa al gobierno vigente- que, como novedad, dirá la frase jamás escuchada por estas pampas: “Antes, debemos ponernos de acuerdo acerca de qué perfil de escuela queremos”. Con este tipo tengo algo personal, pero lo dejo para después.
Culpables
Se encontrarán los siguientes culpables, a saber: los padres, las escuelas, los maestros que no saben nada, los maestros que exigen demasiado, los directivos, los funcionarios, el gobierno, la televisión, la computadora, la droga, la sexualidad temprana; las huelgas, los sueldos docentes; las pocas horas de clase, las excesivas horas de clase, los feriados; la falta de presupuesto; la disciplina, la falta de disciplina, la falta de estudio, el exceso de estudio; los programas obsoletos; la permisividad, el autoritarismo; los problemas familiares, los problemas económicos, los problemas sociales... Omito, pero podríamos incluir la mala aspectación de los planetas, el calentamiento global, la crisis. ¿Cuál? Todas, caramba, todas...
Eso sí, todo el mundo estará de acuerdo en una cosa y lo dirán los conductores de programas y los oyentes y televidentes participativos: “En mi época íbamos a la escuela a estudiar y aprendíamos”. La edad de los que así hablarán irá desde los 90 años a los 20. ¡Qué malas pasadas juegan el mito y la memoria! Sin nada más que agregar a mi predicción, que cada culpable –que todos los incluidos lo son parcialmente- se haga cargo de lo suyo en su corazón.
Ahora bien: ya tenemos los culpables, pero la educación es una responsabilidad del Estado, y los gobiernos que lo han ocupado han hecho tantos desastres, que a ellos es a los que hay que encarar en primera instancia.
Es lo que hay
Tengo los cataplines desbordados de furia de la gente que dice que hay que “definir el perfil”. Perfil del país que queremos, perfil del estudiante, perfil del egresado. Ya tenemos un país, ya tenemos estudiantes, ya tenemos egresados.
Y si no se dan cuenta de qué país queremos, cualquiera se los puede decir: uno en el que las instituciones y las leyes funcionen. Si no saben cuál es el perfil del estudiante: uno que estudie y aprenda. Si no saben cuál es el perfil del egresado: es el que sepa hacer la tarea para la cual se lo preparó.
Una de las peores características de la mayoría de los políticos e intelectuales argentinos es la postergación del tratamiento de la realidad -que es lo que hay y nada más-, y el pomposo deseo de ser el cerebro refundador de la República y sus instituciones. Y las reformas que han hecho no han refundado sino refundido nuestra educación.
¿Dónde se vio hacer reformas enteras de educación sin probarlas primero en cursos piloto durante un tiempo para evaluar sus resultados? Los refundidores han dado vuelta toda la educación de un saque, por decisión de un congreso pedagógico o de una reforma provincial “participativa”; congreso y reforma que gastaron millones en encuestas a docentes, padres y alumnos que jamás fueron tenidos en cuenta, porque ya todo estaba decidido.
Se hicieron reformas según las nuevas pedagogías pensadas en un escritorio por los popes del primer mundo que hoy dicen alegremente: nos equivocamos... ¡Pero qué gracioso!
El campo argentino no definió ningún perfil, fue haciendo cambios. Fue probando -con ensayos piloto-, asimilando lo que era bueno y descartando lo que no resultaba. No hubo ninguna teoría intelectual completa que saliera de la cabeza de un genio, sino la lenta incorporación de lo que la ciencia agropecuaria iba dando. Y la Argentina pasó de ser un país atrasado, a uno al que vienen a aprender los del primer mundo en treinta años.
Las reformas educativas no pueden salir jamás de un escritorio de supuestos creadores de teorías generales. A medida que se va sabiendo más acerca de cómo comprendemos –lo que todavía está en pañales-, se tiene que ir probando largamente y con tino, cómo se puede aplicar a cada asignatura: no es lo mismo analizar un razonamiento que apreciar los colores en una pintura. Eso lo sabe hasta un tonto.
Además, una teoría no reemplaza completamente a otra: si bien puedo construir los pasos de un razonamiento, no puedo construir la ortografía de una palabra. Tengo que memorizarla a partir de su uso... Eso lo saben los países que salieron primeros en el informe PISA de todos los años. Pero los refundidores tiran lo viejo por la ventana por muy efectivo que sea... ¡Hay que innovar! Nuevo perfil...
Lo que no hay
Estos próceres con alma de fundadores tienen una gran oportunidad, pero no la ven. La escuela es una institución educativa, y sería bueno volverla a su tarea. No es una institución de caridad, no suple a la familia, no remedia los problemas sociales.
Hay una enorme población de chicos -desde bebés hasta adolescentes- que necesitan que se les provea a sus necesidades alimenticias, médicas, sexuales, de contención psicológica y social. Eso no pertenece al área educativa sino a la de bienestar social y tiene que ver con la familia entera, no con el alumno. Es urgente entre los más pobres, pero también se necesita en la población con poder adquisitivo que tiene casi los mismos problemas, salvo el de la alimentación.
La escuela no puede ni debe ser la depositaria de todos esos problemas. No aguanta. Un maestro o un profesor deben prepararse para enseñar bien su asignatura y contener los problemas en el aula. No son psicólogos, asistentes sociales, especialistas en drogadicción infantil, en sexualidad adolescente, en familias disfuncionales, en nutrición y en medicina...
A los creadores de perfiles les regalo una idea. ¿Por qué no inventar una nueva institución? O varias. Que atiendan esos problemas que nada tienen que ver con las competencias de los alumnos en lengua, matemática y otras asignaturas que evalúa el informe PISA, como corresponde a un país normal en el que una escuela es una simple escuela, no el parche de todos los problemas que hay en la sociedad.
Funden, creen... Para que los chicos puedan ir a la escuela cinco horas por día a aprender, a compartir con sus compañeros y docentes, y saber que hay un mundo de conocimiento que es grato y apetecible. Es lo que esperamos todos.
por Amelia Ambrós
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