01.03.2009 | Los acuerdos, peleas, especulaciones y demás que anteceden al cierre de candidaturas para las elecciones de octubre están que arden. Bajemos los decibeles, miremos hacia adelante y, si entornamos la vista, veremos que hay figuritas, tapados, carismas que esperan su oportunidad.
Toda fuerza política sabe que necesita recambio. Caso contrario, corre serios riesgos. Primero, depender en demasía de una figura, a la que se la demandará tanto que terminará perdiendo ese capital que la hace sobresalir. Segundo, mostrarse repetitivo, falto de ideas, reforzar esa impresión de que ‘son siempre los mismos’. Y podríamos seguir.
En la Argentina, como en el mundo entero, se observan sorpresas y figuras “apolíticas” que abandonan sus áreas para sumergirse en la arena de la cosa pública. Héctor Pichi Campana, en Córdoba, es uno de los casos más recientes, siendo los más destacados Scioli y Reutemann, ambos acreedores de haber ganado elecciones a gobernador en dos de los distritos electorales más grandes de la Argentina. Sin ahondar, me vienen a la mente las candidaturas de Soledad Silveyra (ARI), Moria Casán, Zulma Faiad, hasta Matías Alé, acompañando al ahora kirchnerista Aldo Rico.
Algunos se autopostulan, otros son convocados y descubren su vocación política. Si es por motivaciones, Nito Artaza se sintió rápidamente a gusto con la idea de entrar en la arena política, y no da muestras de perder ánimos.
En consecuencia, vamos a intentar adelantarnos a esas sorpresas, esas figuras que abandonarían situaciones, muchas veces más cómodas y confortables y buscarán representar al Soberano.
Si lo dejan
Debo reconocer que había pensado en trabajar esta cuestión más adelante, pero un personaje al que analizaba como potencial candidato se me adelantó. Primero dijo que no lo descartaba, pero la semana pasada reconoció que espera un llamado y, de no mediar sorpresas, hay un 99% de chances de que integre alguna lista.
El trabajo solidario es una de las formas de sumar voluntades para iniciar una carrera política. Guillermo Vilas eligió ese camino. Aquel joven rebelde, que junto a Jimmy Connors y John Mc Enroe dilapidaban la salud mental de los árbitros de turno, quedó en el pasado. Las últimas entrevistas lo muestran con un perfil más serio, enfocado, analítico. Ya nadie espera que edite un disco con sus canciones y sus contactos con la prensa son más predecibles. Da su visión de lo que es trabajar con la gente, realiza escrutinios del tenis actual. Sólo falta que corte su característica cabellera… Se lo ha visto con saco y corbata, los medios se hacen eco de sus clínicas solidarias y de sus intenciones. Es interesante que le dijo a La Capital que no había analizado presentarse, pero que lo “había guardado en el rígido” para verlo más adelante. Parece que no necesitó mucho tiempo, porque todos los medios se hicieron eco de un “me gustaría que Scioli me convoque”. El Gran Willy hizo lo que debía, se mostró de forma correcta y puede atraer a votantes independientes. Y, convengamos, la exposición mediática hace lo suyo.
La imagen de rebelde, de alguien que no tiene pelos en la lengua, puede generar muchas adhesiones. Y si a eso se le suma el apoyo de Scioli, Vilas es “favorito”. Cabeza de serie, como dirían en el tenis.
Si le interesa
Hoy por hoy, el marplatense de mejor imagen no es actor ni político, es deportista. Llenó un estadio como si de un pastor evangelista se tratara, su biografía está a la venta en librerías, kioscos y supermercados y hasta los que no lo conocen “hablan muy bien de él”. Obviamente, se trata de Juan Esteban Curuchet. El ciclista que ganó todo, el marplatense de exportación, el hijo pródigo que invirtió en la ciudad y que, como Los Chalchaleros, se toma su tiempo para despedirse. Y sin mermar en la calidad de sus presentaciones.
A sus 44 años, combina la experiencia de la edad y un estado físico notable, que lo muestran como si tuviera algunos inviernos menos.
A la gente le gusta los ganadores, los campeones. Es así. El éxito ayudó a Daniel Scioli, colabora en el fanatismo casi religioso que arrastra Maradona, permite que hoy Vilas sea una opción nada despreciable y se traduce en que Juan Curuchet sea el candidato que todos querrían tener entre sus filas. Lo reconozcan o no.
Por eso, no sorprende que en una entrevista realizada hace unos días, en Mendoza, en un diálogo con La Nación se adelantó a cualquier tipo de pregunta y aclaró que “no trabajaría como político”, cuando se lo consultaba sobre si acompañaría a Scioli. En ese sentido, sí aceptaría alguna “función específica de gestión”. Labor en la cual sus logros se traducirían en más apoyos.
Curuchet tuvo ofrecimientos para radicarse en el exterior, pero prefirió quedarse en el país. Se propone crear una fundación, mediar él incluso para evitar desviaciones, y que aportes privados puedan conjugarse con inversiones públicas. Critica fuertemente al Comité Olímpico por no “atraer empresas” y recuerda que sigue sin sancionarse la ley de mecenazgo. Este hecho muestra a un Juan no tan conocido, que afirma que “los legisladores van al recinto a calentar el asiento”, que “las empresas tienen intereses” y clama por “regular el aporte privado”.
Vilas aparece como fija. Curuchet cierra, por el momento, las puertas. Será hoy, mañana, más adelante o nunca. Ambos muestran una imagen distinta a la de los políticos tradicionales y pueden sumar voluntades. Y ambos lo saben.
por Federico Strileski
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