19.04.2009 | Hay desfachatados. Y desfachatados que van a exhibir su falta de pudor a la tele, frente a inexpertos e ignorantes entevistadores que les permiten las más absurdas declaraciones sin chistar.
Así como algunos, después de una dura jornada de trabajo, hojean la revista Caras, a mí me place el saltimbanquismo televisivo. A veces encuentro momentos interesantes, que valen los watts de energía que se consumen en el encendido. Ayer fue, precisamente, el caso.
Estaba invitado a debatir (¿?) al programa “6, 7, 8.00”, conducido por la ex ‘chica Lanata’ María Julia Oliván y con la concurrencia de algunos panelistas de fuste, como es el caso de Orlando Barone, el señor Carlos Heller. El señor Carlos Heller, recordemos, es candidato por el Partido Solidario, ex dirigente deportivo (fue vicepresidente del CABJ) y banquero (no cooperativista, como se pretende confundir por allí).
El señor Heller preside los destinos de la institución financiera que más ha crecido en estos últimos años (la segunda del país). El señor Heller, si mi memoria no me falla, en tiempos del corralito y cuando las entidades bancarias sucumbían ante las hordas de ahorristas desesperados por hacerse legítimamente de sus reservas de toda la vida, escondía esos dineros en bolsas de consorcio para sacarlos sin ser vistos ni recuperados por sus auténticos dueños. El señor Heller encarna visiblemente, pese a la pátina democrática que pretende darse desde la consecución de objetivos de representación como lo es conformar un partido político y participar de una contienda electoral –o varias, como es su caso-, esa parte de la Argentina que desprecia el trabajo productivo: la famosa y nunca extinta patria financiera.
Claro, como la inocencia no es lo mío pero sí el periodismo, y a pesar de que los entrevistadores no preguntaron nada que permitiera conocer al personaje detrás de la máscara, es que alcanzo a apreciar que la presencia de Heller en la televisión pública dista mucho de una circunstancia casual. Estuvo allí, en un horario semi central, con el propósito de llevar agua para el molino del Gobierno desde un bebedero diferente. Y así hacer pensar a algún desprevenido, que si gente de tan diferente extracción (supuestos peronistas y oxidados comunistas) está persuadida de que el profundo problema de este país anida en que los chacareros son todos unos viles, golpistas y conspiradores que se regodean en su riqueza obscena, y desde ese supuesto Olimpo de los terratenientes se sientan a ver cómo los demás nos morimos de hambre y miseria, la verdad debe andar más o menos por ahí.
He pasado unos días en el campo, como suelen nombrar los citadinos a los pueblos del interior. Que son todos. Lo que vi, escuché y presentí no me sorprendió, aunque no me agradó: la desesperanza cunde, la sequía complica y no hay un mango ni aunque el viejo Gómez se levante de su tumba y conteste la histórica pregunta.
Si una particularidad destacable tienen los habitantes de los pueblos de la Argentina profunda que Eduardo Mallea invitaba a conocer, es que no saben ni desean escamotear sus realidades. No son personas ejercitadas en el ilusorio arte de la prestidigitación: no hacen desaparecer las bondades de una cosecha amable, tampoco lo contrario. Cuando les va bien se les nota en los garages de las casas que alquilan en el pueblo, y cuando les va mal, habrá un modelo de auto que no coincide con el año en curso, ni con el anterior, ni con el otro. No hay otro ícono de holgura u opulencia en los pueblos que grafique con mayor precisión los dividendos obtenidos. Tampoco –excepciones existen, pero esos contados casos tendrían idéntico perfil en cualquier rubro- tipo de campo cuya satisfacción discurra –como sí lo vemos en los estándares urbanos- por acumular viviendas, vacaciones, tecnología, o que trace la raya con los hijos mandándolos a una escuela que no pudieran pagar los hijos de los que menos quintales recogen. En el campo, entre el que más y el que menos tiene, a los fines de la vida cotidiana, la brecha es un chiste que no pasa, reitero, de la 4x4 que sí se justifica allí y tal vez la cuenta corriente en los comercios de la zona. Poca cosa más.
Sin embargo, cuando el dedo mayúsculo que impera desde Buenos Aires sin lograr gobernar en ningún sitio señala hacia abajo, y aparecen concomitantemente los Heller pontificando sobre la ‘patria labriega’, colaborando por todo lo alto con un discurso oficial renuente al diálogo, reticente a hacer funcionar lo que malfunciona, lo simple se vuelve complejo. No le crea al ojo: se caen todas las gallardías posibles. Porque en el campo, a pesar del horizonte plano e infinito, no hay salida. La tierra no se entrega ni aunque la rifen, y es imprescindible parirla, a lo que dé. No espera por soluciones, y no funciona sin soluciones. No hay cómo preñar hoy a la Argentina de los commodities, sin perjuicio de los sapos que pretenda hacernos tragar el príncipe consorte. Ya no hay bolsillos que aguanten esa preñez obligada, después de más de un año de sangría continua, del Gobierno como socio leonino en ganancias que no son tales y monserga en las derrotas que sí lo son. Y se nota, se ve a la legua: en el campo, la desilusión y la esperanza siempre se miden cada cinco kilómetros.
Recibí hace unos días un e-mail cuyo extracto reproduzco a continuación. Su autoría pertenece a Virginia Pugliese. No sé quién es, si es una militante de la oposición, productora agropecuaria u operaria en una hilandería. Sí sé que es alguien que se da cuenta de una prédica retorcida y ocultista. Sí sé que es una mujer a la que otra mujer -a la sazón presidente de este país- que pone por encima de cualquier idoneidad y fortaleza el hecho aleatorio e involuntario de haber nacido con la bisectriz escondida, la avergüenza. Sin más preámbulos, lo invito a sufrir o a disfrutar, lo que le venga a bien.
Que Dios y la Patria se lo demanden
Señora Presidente:
Cansada de escucharla repetir frases partidistas perimidas, impostando un tono de voz seudo emocionado y recitando cada oración creída que nos muestra una verdad revelada, me siento a escribir estas líneas porque así como usted, Señora Presidente, encuentra su desahogo en la verborrea desde preparados escenarios, yo lo intentaré desde la escritura, ya que no tengo los medios económicos para reunir un auditorio de tamaña magnitud.
Quiero desahogar en primer lugar la desazón que me produce cuando usted hace uso y abuso de su condición de mujer. Se autodiscrimina, se victimiza. Señora: estamos en el año 2009, hace casi una década que hemos comenzado el nuevo milenio, ya ninguna mujer occidental, profesional y dirigente se siente discriminada por ser mujer. No nos pasa por la cabeza ni sentimos en la piel esa sensación... Gobernamos todo tipo de países, desde súper potencias hasta emergentes, dirigimos mega empresas, somos científicas, ejecutivas, eminencias en cada disciplina.
Es una postura obsoleta titularse discriminada por ser mujer, hasta me atrevo a decir que es infantil y caprichosa, la mujer occidental ya no se ampara en este prejuicio. Como mujer me da rechazo que usted utilice este argumento para conmover sensibilidades que no lograría de otra forma. (…)
(…) Desahogo también el fastidio de escucharla decir 'esta Argentina es otra, esta es la plaza de la transformación' La Argentina no es otra lamentablemente, gracias a su política sigue siendo la Argentina de las arengas, de las divisiones entre clases. La escucho hablar del 'color de piel', 'de los oligarcas', de 'los dueños del país', al igual que el peronismo del 45 hablaba de 'los descamisados', 'de los oligarcas' y de 'los dueños del país'.
Nos advierte a los que la miramos por TV que esto ha sido como el lock out patronal del 76... ¡por favor! Se me cruza por la mente la cara y las pocas pulgas del paisano Alfredo de Ángeli, parado en una ruta entrerriana; él representa a todo el otro pueblo que usted niega. Ya no hay lugar para golpistas, Presidenta, por suerte aprendimos esa lección, pero lamentablemente aún hay lugar para aparatos peronistas, gremialistas con panzas y bolsillos gordos, fuerzas parapoliciales como sus seguidores a sueldo. No existen los intentos de golpe de Estado que usted nos cuenta envuelta en alta costura, adornada con su Rolex de oro y brillantes, ¡qué menos para el pueblo! Evita era amada a pesar de sus visones. He dudado en escribir este último párrafo porque no quiero discriminarla a usted por millonaria. Pero nobleza obliga: usted discrimina a todo un sector de gente de campo laburadora tildándolos de 'ricos que viven en la abundancia y golpistas'. Yo no puedo menos que bajar a su nivel y tildarla a usted de tilinga y vanidosa, entre otras cosas. (…)
(…) Presidenta, no sé si sabe que hace 100 años atrás la Argentina era pujante, emprendedora, trabajadora. Inmigrantes escapados de la pobreza de sus países poblaron esta tierra donde pudieron progresar, produjeron, trabajaron, abrieron caminos, ferrocarriles, fábricas. En fin, fuimos una nación y sin su partido.
Después vinieron los últimos 100 años de historia donde se mezclaron gobiernos militares y casi 50 años de peronismo. Sí, sumemos: Perón, Perón, Cámpora, Perón, Isabelita, Luder, Ménem, Menem, Duhalde, Kirchner, Kirchner..., De manera que todos estos años de desencuentros y fracasos, ¿a quién se los debemos? Creo que a nuestros emergentes, los dirigentes. USTED en este caso. Y esta situación de retroceso, de estancamiento y enfrentamiento con el campo argentino, es el claro ejemplo de los fracasos del pasado: Campo versus Pueblo. Campo y pueblo son lo mismo o campo también es pueblo, mal que le pese a su partido y a usted, que ha recogido su bandera más ortodoxa y destructiva. La Argentina siempre ha sido y es considerada una nación muy 'rica' por su campo, y Ud. viene con sus aires de matona a que el pueblo se enfrente con la gente de campo, ¡que gracias a ellos somos el país que GANA exportando carne y granos más que ninguno! (…)
(...) No nos subestime, Señora, nosotros, los argentinos comunes, sabemos muy bien que aquí no hay intención de golpe, que este reclamo del campo es económico y nada tiene que ver con 'voltear un gobierno', no necesitamos mezclar esto con el tema de los 'derechos humanos', el aparato que usted mueve es el pasado y la mentira, el reclamo del campo es pedir políticas de Estado con proyección de desarrollo federal y esto es genuino. Si no hay alimento en las mesas de los argentinos es su culpa y responsabilidad y de nadie más. (…).
Basta, ya me siento más desahogada y sobre el final me doy cuenta que usted no me falló, usted es como yo esperaba: una persona incapaz frente a tanta responsabilidad, una persona aferrada a la vieja política que se empeña en destruir nuestro futuro, una persona ambiciosa de poder y nada más. (…)
por Viviana Hernández
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