24.05.2009 | Una psiquiatra confesó en una rueda de colegas que había colaborado como enfermera con la dictadura. Su testimonio fue registrado por una estudiante de cine francesa. Una historia increíble, que deja al descubierto el silencio cómplice de la sociedad.
Entre los varios temas que circundan a la última dictadura, hay uno que todavía no fue debidamente explotado: el silencio cómplice de la sociedad. Descartadas ya las visiones simplistas de locos que toman el poder, es tiempo de ver cómo actuaron los civiles y si su autosometimiento no habilitó el horror.
El periodista Laureano Barrera nos acercó una historia increíble, la de una psiquiatra que confesó en una rueda de colegas, y ante las cámaras de una estudiante de cine francesa, que sus inicios estuvieron relacionados con la labor de enfermera en el Hospital Militar en 1976, participando inclusive en los “vuelos de la muerte”.
N&P:- ¿Cómo llegó usted a esta historia?
L.B.:- La historia me aparece a principios de mayo, cuando me enteré de que iba a venir a declarar a los Juicios por la Verdad que se hacen en La Plata un señor de nombre Osvaldo Hugo Cucagna. Estos juicios son públicos, y las personas que vienen a declarar normalmente circulan en un espacio periodístico. Entonces me entero de este señor, y de la historia que venía detrás de él, ya que no es un tema nuevo, porque había declarado hace unos tres años en la causa conocida como “Primer Cuerpo” que lleva adelante el juez Daniel Rafecas en Capital Federal.
N&P:- ¿Qué fue precisamente lo que denunció Cucagna?
L.B.:- El es docente en Psicología, y denunció a una colega psiquiatra que había confesado hacía ya tres años esta impresionante historia que tiene ribetes realmente hollywoodenses. Porque ella siempre iba a una reunión con colegas, ellos formaban un grupo de reflexión académico, de investigación profesional, que estaba conformado por psicólogos y psiquiatras. Y en esta oportunidad, Silvia María Patera confesó, a su turno, porque estaban reflexionando sobre los 30 años de democracia, cuál era su truculento pasado y cuáles habían sido los inicios que había tenido en la profesión. En esa oportunidad contó que había sido enfermera del Hospital Militar Central en la época de la dictadura, en 1976, y que había asistido y había sido protagonista de episodios aberrantes que todos sabemos que sucedieron, pero que los estaba confesando en primera persona. Había estado involucrada en los “vuelos de la muerte”.
N&P:- ¿Este material existe?
L.B.:- Este material existe, definitivamente existe. Yo tuve oportunidad de verlo. Lo inaudito es que esta reunión, que en principio iba a ser íntima y para este grupo de colegas, por circunstancias casuales se filmó. Había entre los asistentes a la reunión de esa noche, que fue el 5 de abril de 2006, una estudiante de cine francesa que estaba haciendo su tesis doctoral sobre los 30 años de democracia y la huella que había dejado el terrorismo de Estado, en este caso en particular sobre estos profesionales. Todos aceptaron que esa reunión fuera filmada sin ningún problema. Lo increíble, incluso, es que firmaron una autorización para que ese material filmado pudiera luego ser difundido.
N&P:- ¿Patera también firmó esa autorización?
L.B.:- La doctora Patera también firmó la autorización, y por supuesto sin sospechar lo que iba a decir a su turno, esta confesión acerca de su pasado. Entonces, cuando se filmó el material y se retiraron, todos firmaron la autorización, incluso ella. Y antes de irse a Europa -porque la cineasta volvía-, dejó tres copias del dvd, según la denuncia que hizo Cucagna. El material existe y esos documentos tienen imagen y sonido impecables. Hay una cuarta copia, que tiene Cucagna en su poder y que fue aportada al Juzgado, que él mandó a pedir directamente a Londres a la cineasta porque sus compañeros, luego de idas y vueltas de debatir sobre qué iba a suceder con ese material, decidieron callarlo, no aportarlo, no contar lo que había sucedido esa noche.
N&P:- ¿Y qué pasó con esa copia?
L.B.:- Cucagna pidió en dos oportunidades a Gabriella Kessler, la cineasta, que le enviara el material desde Europa. En la primera oportunidad llegó roto el dvd y en la segunda, sin sonido. Como era muy trabajoso y él necesitaba hacer la denuncia en ese momento, decidió contratar una muchacha hipoacúsica para que hiciera una lectura de labios de ese video -con las limitaciones del caso- y se pudieron decodificar algunas de las cosas que decía, que confesaba Patera, más allá de lo que todos los asistentes del grupo le habían contado que había sucedido. De eso él tiene muchos detalles por boca de sus compañeros y otros, como la supuesta participación de esta doctora en partos clandestinos, desde la decodificación del video en la lectura de labios que hace esta muchacha.
Corporativo
N&P:- ¿Le sorprende la actitud corporativa del resto de los partícipes de esta reunión?
L.B.:- Esta es otra de las aristas del caso y que tiene que ver con una cuestión mucho más abarcativa, que se habla muchas veces de la complicidad civil que tuvieron los genocidas que estuvieron en el poder durante la dictadura y que es algo que todavía nos debemos como sociedad. Es decir, cuáles fueron los alcances de la complicidad civil. Y en este caso se ve reflejada particularmente en este grupo de psiquiatras y psicólogos.
N&P:- ¿Qué hacen hoy los integrantes de este grupo de profesionales?
L.B.:- Siguen en actividad. El mismo grupo que se formó y que en aquel entonces fue el lugar donde se desarrolló esa confesión sigue en actividad, sigue haciendo charlas acerca de su profesión. Pero hay datos curiosos. Por ejemplo: el otro día me llegó un mail de Cucagna en el que me enviaba publicidad de un documental que se llama “Rompenieblas”, que es la historia de la Psiquiatría durante la dictadura. Y esta publicidad la enviaba gente del mismo grupo del que salió la doctora Patera. A veces uno piensa en el doble discurso y en las cuestiones que tienen que ver con una postura ante la sociedad y otra en el fuero íntimo, cuando tienen que actuar concretamente.
Un ciudadano vio destrozada su casa por los avances de una obra en construcción del terreno lindero, y la justicia no lo respalda. Ya no tiene qué puerta tocar, y parece que la empresa en cuestión consiguió, simplemente, más respaldo que él. Mala suerte, parece decir el juez.
En 1998 escribí en este mismo espacio la columna que destapó la conducta del fiscal Marcelo García Berro -hoy en funciones en los tribunales federales de San Martín- respecto del consumo de prostitución. En aquel momento la ciudad estaba sacudida por la idea de un asesino serial que se ensañaba con las prostitutas, concepto que fue ampliamente difundido y aún permanece en la memoria colectiva.
Ninguno de los 26 casos ha sido esclarecido. Ni las muertas que aparecieron descuartizadas, ni las desaparecidas -incluida Verónica Chávez, nexo con García Berro- han tenido otro destino que el desistimiento de la autoridad judicial en todas las causas. El tiempo pasa, el papel se amarillea, y la conciencia débil de una sociedad que considera a la prostituta un sujeto de menor cuantía contribuye a la impunidad.
Denuncia la falta de convocatoria a la audiencia pública por parte del ejecutivo municipal para tratar el presupuesto para el aumento de tasas.