07.06.2009 | Los días 1 y 2 de junio, los cancilleres de los países miembros de la Organización de Estados Americanos se reunieron en San Pedro Sula, Honduras, para definir la inserción de Cuba en la OEA. Esto generó una serie de interrogantes: ¿qué significa para la isla y qué para el resto de América? ¿Se podría hablar de un interés de Cuba de insertarse en el mundo, teniendo en cuenta su reciente incorporación al Grupo de Río? ¿Cuántos de tantos interrogantes en torno a la cuestión podré responder en tan sólo una nota?
Intentaré al menos abarcar algunos aspectos de este tema internacional, al que se ha dejado un poco de lado (al menos en nuestro país), puesto que los medios han dado prioridad a otros asuntos (como la gripe A, la gripe A… y la gripe A).
Sin embargo, el tema Cuba ha vuelto a formar parte de la agenda en estos días, así como lo fue durante la V Cumbre de las Américas celebrada en abril pasado. Si bien no formaba parte de la agenda formal del encuentro, todos los mandatarios hicieron referencia a la situación de la isla; y la mayoría de los periodistas indagaron al respecto.
Ocurre que Cuba es el único de los 35 países del continente americano excluido durante mucho tiempo de la organización. La razón dada formalmente es que no se trataba de un país democrático sino comunista, y la Organización de Estados Americanos vela por la democracia. Al menos en teoría, porque nunca se expulsó de la entidad a aquellos países donde hubo dictaduras militares ni durante los períodos en los que éstas gobernaban. De hecho, la V Cumbre fue la primera en la que todos los mandatarios de las naciones miembro fueron elegidos por la gente, como destacó el Secretario General de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, en reiteradas ocasiones durante el evento. Es decir que desde su creación en 1956 hasta hace no más de tres años atrás, la OEA no estaba garantizando la democracia en todos los territorios, puesto que aún había países con gobernantes impuestos y no electos por la gente.
Pero volvamos a la cuestión Cuba, país cuyo protagonismo se ha elevado en los últimos tiempos (aunque el protagonismo de Raúl muy difícilmente se eleve al punto de superar al de su antecesor). En la cumbre latinoamericana y caribeña celebrada en Brasil en diciembre de 2008, Cuba se incorporó formalmente al Grupo de Río. Y parecía ir por más, porque su inserción en la OEA aparecía casi un hecho desde antes del evento en Honduras, ya que difícilmente los cancilleres se reunirían para decidir que todo quede igual. Además fue mucho lo que se habló sobre Cuba en la Cumbre de las Américas. Más allá de que probablemente la incorporación no repercuta de manera directa en los países, todos los mandatarios hicieron referencia a la situación cubana.
El primero en hacerlo, aunque de manera indirecta, fue el mismo Barack Obama en su discurso de bienvenida. En dicha ocasión mencionó que estaba dispuesto a hablar con el líder cubano. Además, señaló que “no podemos ser prisioneros de desacuerdos del pasado. No vine aquí a discutir sobre el pasado, sino a discutir sobre el futuro”.
Hubo quienes plantearon la situación de manera indirecta y quienes lo hicieron directamente. Algunos tuvieron los dos matices, según el auditorio de turno. Como Evo Morales, quien comenzó tocando el tema de manera más bien implícita, al decir que “si queremos discutir los daños del continente debemos estar todos unidos”; posteriormente fue directo al grano y sentenció: “Obama tiene la obligación de reparar un daño que hizo su país (…), no por escuchar a Evo ni a Chávez sino a Naciones Unidas, que hace años viene pidiendo que se levante el bloqueo”. “Es un pedido glamoroso del mundo entero”, dijo también al mencionar que Cuba tiene apoyo de todo el mundo menos de Estados Unidos e Israel, haciendo referencia a que Estados Unidos tiene ahora la oportunidad de revertir la situación.
El Primer Ministro de Canadá, Stephen Harper, tampoco ignoró la cuestión, y destacó que “Cuba tiene muchos amigos en la región por cuestiones como la salud” (en lo personal, siempre la palabra “amigos” en política internacional me hace un poco de ruido). Y concluyó: “la verdad es que la mayoría de los países quieren una mejor relación entre Cuba y Estados Unidos. Creo que Obama entiende esto”. Harper fue uno de los únicos que no sólo se refirió a la situación Cuba-Estados Unidos sino que, además, comprometió a su nación al postular que “Canadá mantiene las relaciones diplomáticas con Cuba. Si se la incorpora a la OEA, Canadá apoyará el crecimiento de la isla”. Uno puede preguntarse cuál sería el hipotético apoyo: ¿económico? ¿De provisión de recursos? Nada de eso; al parecer se trataría de un apoyo político de la manera en que el país del norte entiende el crecimiento, ya que su gobernante agregó: “en Canadá tampoco ignoramos que Cuba es comunista, y queremos que camine hacia la democracia”. Habría que preguntarse si Cuba quiere o aceptaría este tipo de crecimiento, y si lo vería como tal…
Antes de pasar a otro tema, el canadiense opinó: “hay países que quieren seguir peleando la guerra fría. Obama demostró (en referencia a su discurso) que la inclusión de Cuba sería mejor para todos”. No: Obama mencionó la cuestión pero no explicó cómo ni por qué eso significaría una mejoría para el resto de los países. En este sentido, las palabras de Harper parecían tender más a elevar la figura de su par estadounidense (cosa que hicieron muchos) que a referirse puntualmente a la situación cubana.
La voz brasileña fue contundente. Lula Da Silva aseguró que “no se puede seguir excluyendo a Cuba: el bloqueo debe terminar, sin dudas”.Y en este sentido fue positivo: “es posible vivir en paz respetando las diferencias”. La mandataria chilena, Michelle Bachelet, opinó de forma similar al juzgar que “debemos aceptar nuestra diversidad y así ir hacia la inclusión”.
El positivismo de todos respecto de la situación cubana fue puesto en palabras también por Fernando Lugo. Para el presidente paraguayo “debemos celebrar el nacimiento de la esperanza en esta cumbre” (quizá el único nacimiento esperanzador para el gobernante).
Rafael Correa también emitió su consideración respecto de la situación. A su entender “necesitamos más democracia en nuestros países pero también entre nuestros países. Por eso es incomprensible que Cuba no esté acá”.
El presidente de Honduras también se mostró lleno de esperanzas: “el siglo XXI se inicia con un diálogo muy fuerte por primera vez en la historia de las Américas”, consideró.
El ministro de relaciones exteriores de Brasil aseguró: “es muy difícil pensar que haya una nueva Cumbre de las Américas y que Cuba no esté presente”. En efecto, así era. Ahora bien: ¿cuál sería el verdadero significado de esto? Parecería que, más que las presencias, en procesos como las Cumbres de las Américas se destacan las ausencias. O, en todo caso, las presencias que llaman la atención no son las de los países sino la de sus mandatarios. Porque, al menos en el evento de Trinidad y Tobago, la presencia de Obama fue más importante que la de Estados Unidos. De hecho, todas las expectativas en torno a Obama respecto de América Latina estaban puestas en un cambio de política con Cuba, más allá del embargo puntualmente. Ahora que esto se formalizaría, ¿en qué quedarán las promesas de apoyo que los demás países mostraron tan enfáticamente durante la última Cumbre? ¿Y qué más tiene para mostrar el gobierno de Barack respecto de Latinoamérica? ¿La apertura elevará aún más la imagen del presidente en la región? ¿No serían más útiles otras cosas en pos de lograr esto? Tal como dijo Lula tiempo atrás, lo mejor que puede hacer Obama para América Latina es poner en orden la economía estadounidense.
Por último ¿por qué los países presionaron más que la misma Cuba para que se produzca el ingreso de la isla en la OEA? Si a Cuba le interesara ¿por qué dijo que nunca aceptará volver a formar parte del "cadáver político" que considera que es la OEA, y habló de una nueva organización sin Estados Unidos? ¿Para qué mostrar apertura si era probable que Cuba no quisiera la OEA? Que la historia lo juzgue, se diría en política argentina…
por Juliana Gargiulo
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