14.04.2007 | Por un lado, la Unión Industrial Argentina (UIA) pide intensamente la creación de un banco de desarrollo para impulsar la inversión y evitar el traspaso de compañías locales a manos extranjeras. Por otro lado, está surgiendo un banco de desarrollo sudamericano con el objetivo de financiar obras de infraestructura y facilitar una mayor interrelación entre los países.
A fines del año pasado, el vicepresidente del Banco Nación, Roberto Feletti, se había pronunciado a favor de que su entidad asuma el rol de banca de desarrollo, el mismo papel que juega en Brasil el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes). Nuestro país, alguna vez, tuvo al Banade, institución que resultó insolvente a partir de numerosos problemas para recobrar parte de los créditos concedidos.
Es indudable que nuestras empresas piden créditos para inversión, que necesitan capitalizarse y expandir tanto sus negocios como los montos que deben aportar y que ya no son cubiertos con la caja propia o con el financiamiento vía proveedores.
El Banco Nación se encuentra en condiciones de atender esta demanda crediticia porque cuenta con una liquidez alta y estable y con un bajo costo de captación de fondos, situación que se desprende de la persistencia del superávit fiscal y de la concentración de recursos en el Estado Nacional.
Pero hay que preguntarse si tiene sentido proyectar la creación de un nuevo banco, con la burocracia que esto implica, cuando el Nación está en condiciones de llevar adelante esa tarea.
Sin embargo, en algunos países de la región, entre los que se encuentra la Argentina, podrían convivir próximamente nuevas estructuras financieras de carácter multilateral y de alcance regional, un objetivo ambicioso y difícil de conseguir.
Resulta innegable la fuerte impronta política que tendrá el ya bautizado Banco del Sur, denominación oficializada por Kirchner y Chávez desde el mes de febrero en un encuentro realizado en Venezuela. Se trata de una institución que tendrá su casa matriz en Caracas y una subsede en Buenos Aires.
El Banco del Sur busca convertirse en una entidad capaz de cumplir, simultáneamente, roles de banco de inversión, banco de desarrollo y fomento, banco de pagos, fondo de garantías y prestamista de última instancia. Lo que subyace en el proyecto es la voluntad de generar una red financiera que otorgue a la región mayor autonomía respecto del mercado internacional de capitales.
En realidad, los objetivos superan la ambición de conformar un banco e incluyen la intención de dirigirse hacia la creación de una plaza regional de capitales y reemplazar al dólar como moneda de intercambio comercial. En este sentido, la meta es favorecer las operaciones pactadas entre empresas y pymes aliviando el costo del pase de moneda, algo que Argentina y Brasil han previsto poner en marcha como plan piloto para que las operaciones se liquiden en reales o pesos desde julio.
Se busca que el Banco del Sur comience a funcionar a partir del segundo semestre de este año, al menos en algunos países, y que en el futuro alcance a toda Sudamérica. Para ese momento ya contará con la capacidad de asimilar parte de las reservas de divisas de naciones de la región, hoy depositadas en Estados Unidos y Europa; también podría costear programas de infraestructura en el subcontinente. El capital estaría formado en principio por el 10 % de las reservas internacionales de Argentina y Venezuela, que representan alrededor de siete mil millones de dólares.
En la reunión que se llevó a cabo a fines de marzo en Buenos Aires también estuvo presente Brasil, lo que fue tomado como un buen signo pues el mayor país de Sudamérica había mostrado reparos. Es importante recordar que, casi medio siglo antes, el ex presidente de Brasil, Juscelino Kubistchek, fue el impulsor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que, en comparación con el Banco del Sur, quedaría muy disminuido en sus funciones.
Una delegación brasileña asistió también al encuentro realizado esta semana en Ecuador, manifestando su deseo de analizar las actividades que cumpliría el Banco, pues de eso dependerá su integración.
Bolivia, en cambio, no asistió a la cita, y la delegación de Paraguay no llegó a tiempo por un retraso en su vuelo, según medios locales. Aunque en el caso de Paraguay se pone de manifiesto una postura ciertamente confusa.
Por un lado, en algunos medios argentinos circularon noticias sobre la decisión paraguaya de no formar parte del Banco del Sur. Según lo informado por medios de Capital Federal, el gobierno guaraní no estaba seguro en integrar la banca impulsada por Hugo Chávez porque no conocían en detalle la iniciativa. No conocían los términos del estatuto ni cómo serían elegidas las autoridades y la forma de capitalización. Además, Paraguay no tendría necesidades financieras urgentes porque es el país de la región con menor endeudamiento, por lo que seguiría analizando el proyecto.
También aseguraban que Paraguay no podía comprometer parte de sus reservas internacionales en un proyecto sin definiciones muy claras.
Dada la cantidad de versiones al respecto, decidí consultar vía Internet en periódicos paraguayos y me encontré con otra versión. De acuerdo con la información que obtuve, el presidente Nicanor Duarte Frutos habló a la prensa paraguaya explicando que la participación de su país en el proyecto del Banco del Sur, impulsado por el gobierno venezolano, es completamente legítima.
Sobre el Banco en sí, el mandatario dijo que "puede ser el inicio de un proceso histórico para una mayor autonomía regional en lo político financiero". Si bien dejó en claro que todavía no conocían los términos de su estatuto, de todo eso pensaba enterarse en la próxima reunión de Isla Margarita, en referencia a la Primera Cumbre Energética Sudamericana los próximos 16 y 17 de abril.
Duarte aseguró ante la prensa de su país que cree en la legitimidad política del proyecto Banco del Sur "siempre que no vaya a ser un banco prestamista más, ni que termine actuando en base a criterios que puedan perturbar la soberanía política de los países miembros, como suele ocurrir a veces con ciertas multilaterales financieras que dan créditos a condición de aplicar pautas, principios neoliberales".
En fin, no hay dudas de que nuestros países tienen una cantidad muy elevada de reservas en dólares, en euros y en yenes. Y sería interesante intentar colocar estos valores no en bonos de Estados Unidos sino en un Banco del Sur que apoyara con financiamiento tanto a los poderes públicos nacionales y locales y como a las pequeñas empresas. Para lo otro ya tenemos el resto de las entidades financieras.
por Beatriz Adela Rusos
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