28.06.2009 | La historiadora Carmen Sesto pone patas arriba conceptos que están arraigados como lugares comunes. Específicamente en lo que se refiere al sector agropecuario y su real poder dentro de la sociedad. Bajo su óptica, el concepto de “oligarquía vacuna” no existe.
Históricamente, el sector agropecuario ha sido visto como uno donde se deciden cosas importantes, que a partir de su relevancia dentro de la economía nacional incide de manera definitiva sobre el poder. Los recientes conflictos del Gobierno con el campo no hicieron más que profundizar estas ideas, simplificadas en la crítica a la “4x4”.
Sin embargo, la historiadora Carmen Sesto no se deja llevar por lo impuesto socialmente y hurga allí en un proceso que lleva siglos, donde los productores agropecuarios son vistos, bajo su óptica, como personas que invierten, que arriesgan y que se han sabido construir su propio espacio productivo. Aquello de “oligarquía vacuna”, para Sesto, no es más que otro concepto erróneo.
N&P:- ¿Por qué considera que la oligarquía vacuna no existe?
C.S.:- En realidad, es un término inadecuado. Si vamos a verlo desde el punto de vista del análisis teórico, la oligarquía se usa en sentido político, y cuando la crea Aristóteles, la crea como la forma corrupta de la aristocracia, porque la aristocracia es el gobierno de los mejores y por los intereses del pueblo. Cuando se habla de oligarquía vacuna, se habla del acceso al poder de los peores para sus propios intereses. En realidad yo investigué, me dedico a historiar el período de fines del siglo XIX y ahora estoy trabajando en la vida institucional del capitalismo agrario, es decir, estoy trabajando específicamente con el estado porteño que sería Buenos Aires y La Confederación.
N&P:- ¿No hay una relación entre el poder y la gente del campo?
C.S.:- En ningún momento se ve la correlación directa que desde teorías que hoy en día han sido, desde la posmodernidad, puestas en cuestionamiento este acceso directo de una clase al Estado. El Estado es mucho más complejo y hay intereses propios del Estado. Por ejemplo el Estado porteño entre 1854 y 1900, primero hasta 1860, se quiere construir a sí mismo y va a tener una política de centralizar donde va a organizar la agricultura de acuerdo a sus intereses y no a lo que le dicte la ganadería. No quiere decir esto que ellos no fueran sectores de poder que tenían un acceso directo, pero no hay una toma del poder por el grupo que es el de mayor poder económico. Es más complejo.
N&P:- ¿Lo que usted cuenta es una historia de inversión capitalista para transformar la ganadería?
C.S.:- Claro. Sí, porque el Shorthorn, Hereford y Aberdeen Angus son procesos que no son de acá, no es un proceso natural de la vaca criolla. Es donde está el conocimiento, la tecnología; cuando se originan en Gran Bretaña, se dan cuenta de que pueden conseguir razas que engorden en menor tiempo, ellos incrementan la productividad. Y para traer, no es solamente traer un animal. Por ejemplo, en pesos constantes, un toro criollo lo máximo que podía valer era 6 pesos oro. En pesos constantes, el más barato de los animales Shorthorn, Hereford o Aberdeen Angus valía 300 pesos oro.
N&P:- ¿Y cómo se hacía la comercialización del ganado?
C.S.:- Usted podía empezar con uno solo. Pero al principio traía y eran animales de mala calidad, por menos de 300 pesos. Había que agregarle el viaje y demás, pero también pasaba que no se los podía tener así nomás porque se morían, había condiciones muy rústicas. Eso implicó modificar los criterios de producción, hacer inversiones de alto riesgo, porque por ahí traía un animal y se lo vendían mal, o le daba tuberculosis. Pereyra, por ejemplo, compró uno en 5.000 pesos oro y se le murió sin dejar descendencia. Es una inversión de alto riesgo; la calidad de las carnes también tiene que ver con que ellos inventaron un proceso innovador con una tecnología en pasturas. Toda la provincia de Buenos Aires era de vegetación xerófila, es decir pajas que no servían para engordar animales de alto rendimiento. Por eso tuvieron que cambiar la composición de los pastos y organizarse bien.
Región
N&P:- ¿Usted tiene un punto de vista particular sobre la región pampeana?
C.S.:- Yo me quedo helada. Es que hay bibliografía que tiene 40 años y se sigue repitiendo. Acá se habla de “Revolución de las pampas”, el libro de James Scobie, que es del año 1968. Scobie empieza hablando de una región Pampa Húmeda hacia 1880. Puedo decir que la Pampa Húmeda, como región geográfica, como pampa, existía, pero no había una identidad productiva. Si había una identidad productiva hacia 1850, era el litoral. Crear la Pampa Húmeda es el resultado del accionar del Estado, de sectores sociales que trabajaron. Porque había zonas en que hubo que crear caminos, hubo que crear toda una tecnología para poder hacer puentes, para utilizar los ríos, porque los de ahí son ríos muy cenagosos que están siempre cubiertos de barro.
N&P:- ¿Hablamos de inversiones de riesgo puro?
C.S.:- Y hay otras inversiones. Porque tienen también que invertir para hacer la alimentación. Tienen que comprar las cabañas, organizar mano de obra, ya que no se sabía cómo manejarla. Eduardo Olivera crea, dentro de su propio establecimiento, el método sobre cómo crear peones para que aprendan a trabajar ya desde el comienzo. Cómo había que tratarlos, que amaran a los animales. Cuidar un animal de alto rendimiento implicaba todo el día: que a tal hora lo tenían que bañar, que a tal hora le tenían que hacer comida, a tal hora lo tenían que sacar a pasear. También la mano de obra era una inversión bastante considerable.
Un ciudadano vio destrozada su casa por los avances de una obra en construcción del terreno lindero, y la justicia no lo respalda. Ya no tiene qué puerta tocar, y parece que la empresa en cuestión consiguió, simplemente, más respaldo que él. Mala suerte, parece decir el juez.
En 1998 escribí en este mismo espacio la columna que destapó la conducta del fiscal Marcelo García Berro -hoy en funciones en los tribunales federales de San Martín- respecto del consumo de prostitución. En aquel momento la ciudad estaba sacudida por la idea de un asesino serial que se ensañaba con las prostitutas, concepto que fue ampliamente difundido y aún permanece en la memoria colectiva.
Ninguno de los 26 casos ha sido esclarecido. Ni las muertas que aparecieron descuartizadas, ni las desaparecidas -incluida Verónica Chávez, nexo con García Berro- han tenido otro destino que el desistimiento de la autoridad judicial en todas las causas. El tiempo pasa, el papel se amarillea, y la conciencia débil de una sociedad que considera a la prostituta un sujeto de menor cuantía contribuye a la impunidad.
Vecino de la nueva terminal recibió una llamada amenazante del concesionario Néstor Otero asegurándole que no lo iba a dejar descansar nunca y asegurándole ser dueño de todo en Mar del Plata.