28.06.2009 | La educación es el futuro del país. Eso se ha dicho. Pero la frase, gracias al desgaste que le han generado los funcionarios de turno, pasa de ser una verdad a un triste eslogan. El director de la escuela que funciona dentro de la cárcel de Batán relata su experiencia como docente y se muestra preocupado por la destrucción del sistema educativo.
No es sencillo el trabajo de Orlando Calabrese. Es director de la EGB 734 que funciona dentro de la Unidad Penal XV de Batán. Y no es sencillo porque por un lado se encuentra con una comunidad compleja y muchas veces reacia a recibir educación, y por el otro, con una ciudadanía que descree de la posibilidad de rehabilitación que tiene alguien que ingresa a la cárcel. Pero el docente no se amedrenta y continúa esforzándose porque, como dijo, “un país sin educación no tiene ningún tipo de futuro”.
Calabrese se mostró conforme con los avances que se observan en el establecimiento, donde varios de los reclusos logran pasar de la primaria, al secundario y luego a la universidad. Pero se lamentó al señalar que el promedio de edad de los presos es cada vez más bajo y se trata, en la mayoría de los casos, de jóvenes que apenas superan los 20 años. Bajo su punto de vista, se está gestando una generación con serios problemas de socialización. Y no ve una salida a futuro.
N&P:- ¿Cuál es su experiencia como educador con la población carcelaria?
O.C.:- Tengo 25 años trabajando en el penal, y lamentablemente tengo que decir que la población carcelaria aumentó terriblemente. Yo entré a trabajar en el ‘82 y no eran más de 400 internos; en este momento hay más de 1.400. En esa época el más joven tenía 30 años. Y ahora, paradójicamente, es el más viejo. Es decir, lo que ha cambiado muchísimo es la edad. Son chicos de 20, 22 años, y sinceramente da pena que se vaya destruyendo la sociedad o la ciudadanía futura. Ahora, tenemos muchísima gente que se recupera. Estamos trabajando con cerca de 300 internos que están yendo a la escuela primaria; luego, si siguen en la unidad, pasan al secundario y con posibilidades de ir a una universidad. El año pasado finalizaron la primaria cerca de 40 personas, que pasaron automáticamente al secundario. Entonces no es tan así de que salen y vuelven a delinquir. Pero por supuesto yo no puedo hacer un seguimiento. Hablo de lo que se trabaja dentro de la unidad.
N&P:- Sin embargo, no es un secreto que hay hasta tres generaciones familiares que viven del delito.
O.C.:- Si, inclusive fíjese que todo esto es una normativa de la sociedad de afuera, llamémosla así, extramuros, porque ya los mismos chicos siguen las enseñanzas de los grandes. Ser delincuente y tener una muerte, haber matado a un policía ya les da cierta jerarquía. Entonces es ahí donde hay algo que está sucediendo y que a mí no me gusta nada, porque nos está destruyendo como sociedad. Por ejemplo se habla de infracciones como la doble fila que es algo simple, tan fácil de solucionar y sin embargo no se soluciona. Lo otro, que es más profundo, chicos que ya desde los 10 años están abandonados en la calle, que son violados, que no tienen qué comer, que viven de la limosna ajena y que terminan siendo delincuentes, personas muy resentidas. Yo tengo a cargo también el Instituto Cerrado de Menores. Se trabaja muchísimo para poder recuperar a esos chicos y muchos llegan destruidos, no tienen neuronas debido al paco.
N&P:- ¿Se podría decir que el paco es una realidad en la ciudad?
O.C.:- Es una realidad. Como otras tantas realidades. Por más que se quiera ocultar y se diga que Mar del Plata es una ciudad turística no, es una ciudad que está dentro de una provincia y dentro de un país con todas las problemáticas del país mismo.
Cambiar algo
N&P:- Usted es candidato a consejero escolar por la UCR. ¿Por qué tiene interés en esta tarea que para la política es algo menor o de relleno?
O.C.:- Para mí, en forma personal y ya con 60 años encima, ver que la educación se está destruyendo, por más que se diga que no, me duele muchísimo. Porque sin educación no hay país y no hay nación. Entonces creo que tomé esa iniciativa solamente porque quiero contribuir un poco más, con un granito de arena más para ver si se puede salvar a la juventud. Se trata de hacer lo posible desde este humilde puesto de consejero escolar. Sin embargo es la columna de un país, un país sin educación no tiene ningún tipo de futuro. Estuve recorriendo una escuela, la Nº 64, que está ubicada en García Lorca y Cerrito, y hablé con la gente. Yo fui docente en ese lugar. Me dijeron que tienen que mandar sus hijos a otra escuela y tienen que pagar porque en esa no se puede. Si usted la recorre, la va a encontrar con paredones de 2 metros y medio de alto, cercada y con alambres.
N&P:- ¿Qué sensaciones le provoca esta situación?
O.C.:- Me duele encontrar una escuela cercada así. No puede ser que una escuela parezca una pequeña cárcel, no debe ser así. En mi imaginario no existe una escuela de esa forma, porque esto ¿qué visión nos aporta de un país que está retrocediendo cada vez más? Nosotros estamos perdiendo el tiempo y el futuro como país al no darle la importancia que tiene la educación. Y el Consejo Escolar hasta ahora era simplemente para rellenar una lista. El Consejo Escolar tiene que ser la piedra fundamental de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires y del país. Porque sin educación volvemos a lo mismo, estamos teniendo lo que tenemos, los chicos a los 10 años dejan de ir a la escuela y muchos de los chicos que van a la escuela, van a los comedores. Ya no interesa estudiar.
N&P:- ¿No habría que articular algo como para que los comedores no estén dentro de la escuela? Porque así se pueden separar los tantos…
O.C.:- Se perdió ese rumbo. Se perdió totalmente. Inclusive a nosotros los maestros nos duele que un chico venga a la escuela y se duerma porque no comió nada o porque está lleno de piojos. Es algo inaudito que no entra en mi cabeza, que no le demos a la educación el lugar que debe tener respecto del futuro del país. Hay argentinos que trabajan en el exterior, que trabajan en la NASA, y me llena de orgullo que un argentino esté trabajando en semejante lugar. Pero ¿por qué no está trabajando en la República Argentina? ¿Por qué? ¿Por qué se le corta la posibilidad y tiene que irse? Entonces quiere decir que no se está haciendo lo que corresponde. Todo se va en palabras. A mí eso no me convence más. Yo no tengo una ambición política de llegar a ser presidente; quiero que esto cambie, que no tengamos más chicos en la calle, que no tengamos chicos que sean delincuentes, con 10 años y el cerebro destruido. Por ese tema es que quiero entrar a trabajar en el Consejo Escolar.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.