28.06.2009 | Estados Unidos está planeando establecer una nueva instalación militar en Colombia, que le brindará más capacidad para intervenir a lo largo de casi toda América Latina. El Comando Sur establecerá una base con alcance de movilidad aérea en toda Sudamérica, además de una capacidad para operaciones antinarcóticos hasta el año 2025.
Con la ayuda del Comando de Transporte y del AMC, el Comando Sur eligió Palanquero, lugar desde donde se puede cubrir casi la mitad del continente en avión sin reabastecer de combustible. “Si hay combustible disponible en el destino, un C-17 podría cubrir el continente entero, con excepción de la región de Tierra del Fuego”, escribieron los planificadores de Comando de Movilidad Aéreo (AMC).
Evaluar el papel de los militares en la política de los Estados Unidos es esencial. Los Estados Unidos no son un todo monolítico en lo que a poder se refiere; y de ninguna manera quien ejerce el Poder Ejecutivo es quien toma las decisiones más importantes en materia militar. La continuidad de las políticas la impone un conjunto de fuerzas, factores y fenómenos externos e internos.
Washington, después de septiembre de 2001, ha logrado arraigar en América Latina, con mayor o menor aceptación, la idea de las “nuevas amenazas” y de la proliferación de toda clase de peligros como el terrorismo global, el crimen organizado transnacional y el narcotráfico mundial, que operan desde “espacios vacíos” donde el Estado se ha esfumado o está en franca desventaja con respecto a estos grupos.
El Pentágono viene insistiendo en que esas amenazas exigen dejar de lado la división entre seguridad interna y defensa externa. Y que, por lo tanto, las labores policiales de los cuerpos de seguridad deben intercambiarse borrando las fronteras entre las tareas de policía y las militares.
La visión militar de los gobiernos americanos, cualquiera sea su color partidario, emana del Pentágono y es articulada por el USS Southern Command (Comando Sur, USSC), que ocupa un lugar cada vez más central en la estrategia regional de Washington.
Los informes anuales del USSC revelan planes estratégicos muy ambiciosos, concebidos para nuestra región. El Comando Sur anuncia en ellos su papel y proyección en el área para los siguientes diez años, como lo haría un procónsul romano en pleno Imperio.
En los últimos presentados puede leerse que algún grupo, “potencialmente”, podría usar espacios escasamente gobernados para dañar intereses vitales de los Estados Unidos. Pero en ningún párrafo se confirma la existencia de grupos islámicos radicales que operen en la zona. Es importante remarcar que en las últimas semanas se dio a conocer un documento en el que, después de diez años, tuvieron que admitir que no encontraron ninguna prueba de que en la Triple Frontera existieran células terroristas, a pesar de las infinitas estupideces que nos vimos obligados a leer y escuchar en este largo tiempo.
Pero no les faltarán excusas para actuar en la región, porque identifican a la pobreza, la inequidad, la corrupción y la criminalidad como los retos más significativos.
El Comando Sur no ahorra en objetivos al momento de visualizar su misión en América Latina: se arroga ser la organización líder para garantizar la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en toda América. A las tareas militares usuales le suma la capacidad para la gestación de coaliciones para operaciones de paz en la región o en cualquier parte del mundo, así como la identificación de naciones alternativas para que acepten inmigrantes y establezcan instalaciones para afrontar el problema de las migraciones masivas.
Para incrementar la estabilidad, sus máximos jefes militares tienen planeado vincular dependencias estatales con ONG e instituciones públicas y privadas; proponen negociar acuerdos de seguridad en todo el hemisferio, y estimular esfuerzos conjuntos entre actores gubernamentales y no estatales en labores humanitarias.
Para alentar nuestra prosperidad, subrayan la importancia de desarrollar en América Latina programas de entrenamiento en el campo de la seguridad interna de las naciones. También incrementar lo que ellos llaman “localizaciones de seguridad cooperativa”, que en buen criollo significa “bases militares”; colaborar en la configuración de las estrategias de seguridad nacional de nuestros países, y mejorar la posición del Departamento de Defensa en los procesos de desarrollo político y socioeconómico de los países de la región. Nada ha cambiado desde la doctrina de la Escuela de las Américas.
La hiper militarización de la política exterior en Estados Unidos es elocuente. Se ve en los últimos presupuestos, doctrinas, despliegues militares, en el peso corporativo y en la gravitación institucional del Pentágono sobre la vida estadounidense.
En ambos partidos existe un consenso tácito en materia estratégica: hay que frenar a China, hay que cooptar a India, seguir controlando Europa, poner en cuarentena a Pakistán -tema importante para Obama desde su campaña-, sostener a Arabia Saudita y a Israel, aislar a Venezuela y asistir a Colombia.
La elección de Barack Obama no significa de ninguna manera una ruptura de la visión del Pentágono para nuestra región. Después del ataque a las Torres Gemelas, los políticos quedaron muy restringidos en cuestiones de defensa y obnubilados con la necesidad de una supremacía innegable de los Estados Unidos en el mundo.
Barack Obama, en su proyecto de presupuesto para el 2010, solicitó al Congreso una partida de 46 millones de dólares para construir en Palenquero un “Sitio de Cooperación en Seguridad”. En lenguaje militar estadounidense, un CSL es una instalación en otro país que puede ser tan grande como una base militar o tan reducida como unos hangares para almacenar aviones y permisos para aterrizar y/o usar espacio aéreo en misiones predeterminadas.
Se pretende, con estos 46 millones, adecuar la pista de aterrizaje y construir ciertas instalaciones para los estadounidenses. Pero hace pocos días, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos dio a conocer otro documento en el que se menciona a Palenquero como pieza de la estrategia global de la movilización militar norteamericana, para que no queden dudas sobre el verdadero objetivo de la base.
En la descripción de lo que quieren hacer en Palenquero se habla de “operaciones de contingencia”. Eso es prácticamente cualquier cosa. Desde Colombia aseguraban que la base se limitaría exclusivamente a operaciones antinarcóticos.
Por eso es importante que la Cámara Legislativa Colombiana haya puesto un freno parcial a los planes de la administración Obama de convertir la base en un centro para operaciones antinarcóticos y militares. Al parecer, alarmado por las consecuencias de un paso semejante, el Comité para los Servicios Armados incluyó en el proyecto de Ley para las Autorizaciones en Defensa una cláusula que prohíbe de plano la presencia permanente de tropas estadounidenses en Colombia, y exige una “certificación” previa al uso de fondos destinados para Palenquero.
Nuestra región se encuentra en un momento muy particular. La obsesión de Washington con Medio Oriente y Asia Central, y su desprestigio internacional y hemisférico, han tenido una manifestación especial en América del Sur: hay una proliferación de iniciativas concebidas sin la participación de los Estados Unidos. Si permitimos que la Cuarta Flota se expanda entre nosotros, nuestra ilusión de libertad será cada vez más inalcanzable.
por Rosanna González Pena
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