28.06.2009 | Tras mucho peregrinar, la médica Hilda Molina pudo salir de Cuba. Crítica con el régimen de Castro, dice que el sistema de salud no es igual para los cubanos que para los extranjeros. Y que no hay racismo, sino “derechos violados” para blancos y negros.
Un pequeño acto de justicia. La médica Hilda Molina finalmente pudo salir de Cuba para visitar a su familia, que vive en la Argentina. Desde la tranquilidad que le aporta estar lejos de “la isla”, cuestionó duramente al régimen de Fidel Castro y reveló cuestiones relacionadas con el sistema de salud, el cual es de inferior calidad para los cubanos y superior para los extranjeros.
Molina comentó que no existe discriminación racial en su país, pero que a la vez tanto blancos como negros tienen sus derechos “violados”. Para ella el régimen se sostiene en la inoculación del miedo, que sus compatriotas llevan en la sangre como una herencia imposible de sacarse de encima.
N&P:- ¿Qué es lo que la ha distanciado de Cuba, si se tiene en cuenta que es una nación de avanzada en cuanto a su sistema de salud?
H.M.:- Creo que este Gobierno, que lleva 50 años en Cuba, siempre ha tenido mucho interés en este tema. Y ha cumplido con el deber que tiene cualquier Gobierno de brindar un servicio de salud a todos sus ciudadanos. Que algunos no lo cumplan no significa que quienes lo cumplen constituyan algo extraordinario. Es un deber y el Gobierno cubano lo ha cumplido, aunque en las últimas etapas ese sistema se ha ido deteriorando. Pero en todo caso conserva su carácter de universal y gratuito. A mí inicialmente no me hubiera interesado si se hubiera querido brindar un servicio a pacientes de otros países y cobrarles, que eso hubiera servido de una manera u otra para mejorar la economía del país. Pero ¿por qué, para hacer eso, había necesidad de establecer diferencias? ¿Por qué la atención brindada a los cubanos tenía que ser de peor calidad? Esa fue la diferencia mía con el Gobierno.
N&P:- ¿Por qué? ¿Qué pasó a ser el cubano para el sistema de medicina?
H.M.:- Usted puede ir a un servicio de medicina que no le cuesta nada. Pero usted analiza y revisa las instalaciones de salud que se dedican al extranjero y las que se dedican a los cubanos, y la diferencia es un abismo. Entonces yo decía ¿por qué? La institución que yo dirigía, que se creó por ideas mías y con científicos de todo el mundo, se generó para cubanos. Debido a su alta calidad, se mostraron enseguida interesados en que fuera para extranjeros. Yo pregunté. Pero nunca me quisieron responder por qué. Yo creo que está bien que el Gobierno cubano necesitara economía y el hecho de crear este tipo de instituciones que sirvieran para atender extranjeros. Pero no veo por qué tiene que haber una diferencia.
Los otros cubanos
N&P:- ¿Cuál es el espacio y el rol de la población negra en su país?
H.M.:- Mire, de hecho en Cuba no existe discriminación racial. Si yo le digo que los negros no tienen los mismos derechos que los blancos le estoy mintiendo. Pueden ir a las escuelas, y a las mismas; pueden llegar adonde deseen llegar, porque los servicios educativos en Cuba son también gratuitos y se puede estudiar cualquier carrera en la universidad. Sin embargo, no sé si por un problema histórico que viene de años, la población negra que vive en Cuba, no digo la totalidad pero casi toda la población negra, pertenece a los estratos más humildes del país. Y no le puedo decir el porcentaje, pero en un número significativo también ocurre en la población carcelaria. No sé si es por el esclavismo, el colonialismo que hubo en Cuba, que fue tan cruel que generó todo esto.
N&P:- ¿Pero usted dice que en sí hay igualdad de derechos?
H.M.:- Todos los cubanos tienen los mismos derechos y tienen los mismos derechos violados. Los cubanos casi no tenemos derechos, casi todos están violados pero no hay diferencia entre la violación que se le hace a los blancos y los negros. Pero sí le digo que también en este problema de marchar al extranjero se han marchado de Cuba más de 3.000.000 de cubanos, que son los que en este momento están ayudando a los cubanos que se quedaron. Y desgraciadamente, el número de personas de la raza negra que abandonó el país no es elevado. Por lo tanto la población negra que está en Cuba no recibe las remesas, que son un número importante en la supervivencia del resto de la población.
N&P:- ¿Cómo es actualmente el movimiento de la gente que se va?
H.M.:- Permanente. Por día es inimaginable. Sigue habiendo personas que mueren en el estrecho de La Florida viajando en embarcaciones precarias. Por ahí hay estructurados sistemas de tráfico humano, pero tiene otro nombre. Se hacen a través de terceros países, a través de yates que tienen anclados en algunos puertos de Cuba. En el mundo hay ciertos sectores de la población que suelen especular con la tristeza y la desgracia de los demás. Esto ocurre. Por ejemplo hay un sector pervertido de turistas, pederastas inclusive, que viajan a Cuba, van buscando muchachitos y muchachitas. Se están produciendo matrimonios de chicas de 16 años con alemanes, españoles, de 60, 70 años. Y se las llevan de Cuba. También pasa con mujeres mayores que se llevan a jóvenes. Los cubanos están tratando de resolver no tanto el problema del país como sus problemas individualmente.
N&P:- ¿Cómo ha hecho el régimen para sostener bajo control un sistema político que se dijo varias veces que iba a caer?
H.M.:- Mire, es el miedo, el terror inoculado en los genes durante 50 años. La gente tiene miedo hasta de respirar, de hablar. Además hay otra cosa, miedo a la represión personal pero también miedo a ser ejecutados moralmente. Los cubanos se identifican a sí mismos como patria, como nación, entonces cualquier persona que disienta es llamada traidora a la patria, y la gente se siente muy triste de ser nombrada así. Para comprender lo que está ocurriendo, hay que vivir allí. No se puede juzgar o comprender a la distancia.
Un ciudadano vio destrozada su casa por los avances de una obra en construcción del terreno lindero, y la justicia no lo respalda. Ya no tiene qué puerta tocar, y parece que la empresa en cuestión consiguió, simplemente, más respaldo que él. Mala suerte, parece decir el juez.
En 1998 escribí en este mismo espacio la columna que destapó la conducta del fiscal Marcelo García Berro -hoy en funciones en los tribunales federales de San Martín- respecto del consumo de prostitución. En aquel momento la ciudad estaba sacudida por la idea de un asesino serial que se ensañaba con las prostitutas, concepto que fue ampliamente difundido y aún permanece en la memoria colectiva.
Ninguno de los 26 casos ha sido esclarecido. Ni las muertas que aparecieron descuartizadas, ni las desaparecidas -incluida Verónica Chávez, nexo con García Berro- han tenido otro destino que el desistimiento de la autoridad judicial en todas las causas. El tiempo pasa, el papel se amarillea, y la conciencia débil de una sociedad que considera a la prostituta un sujeto de menor cuantía contribuye a la impunidad.
Denuncia la falta de convocatoria a la audiencia pública por parte del ejecutivo municipal para tratar el presupuesto para el aumento de tasas.