05.07.2009 | “El verdadero éxito será ver que millones de personas siguen el proyecto, y que piensen que si nosotros podemos dar la vuelta al mundo con energías renovables y ahorros energéticos, ellos también podrán utilizarlas en su vida diaria”. La frase fue pronunciada por Bertrand Piccard, el suizo creador de un avión que funciona a base de energía solar.
Con este transporte ecológico -de 61 metros de largo, 1.500 kg. y, curiosamente, la misma potencia promedio que el primer avión que inventaron los hermanos Wright en 1903- el creador planea volar sobre Suiza de noche en 2010, y dar la vuelta al mundo en 2012 durante un período estimado de 20 o 25 días.
Vaya logro, sobre todo considerando que el avión funcionaría únicamente a base de energía proveniente del sol. Comúnmente, una deficiencia de las energías alternativas es que, al no llegar a suplir las necesidades energéticas en su totalidad, deben ser combinadas con fuentes convencionales; de este modo, disminuyen el uso de estas últimas (generalmente petróleo y gas), que no dejan de ser imprescindibles. En parte por ello, un proyecto similar previo a cargo de la NASA en 2001 (Proyecto Helios) fracasó y cayó en el pacífico tras no superar la dificultad técnica de volar de noche sólo con energía solar.
En cambio, el Solar Impulse HB-STA (así se llama este avión, capaz incluso de transportar pasajeros) almacena la energía del sol en pesadas pilas que funcionan como una “reserva de combustible”, con lo cual el avión puede seguir volando de noche. De esta manera se busca demostrar el increíble potencial de las energías alternativas en un viaje cuyo origen previsto serán los Emiratos Árabes y su destino final China, pero pasando por el sur de Estados Unidos, Hawai y el sur de Europa. Viaje que será catalogado como “vuelta al mundo”, aunque no tendremos el gusto de verlo pasar por aquí, al menos en su viaje inaugural.
Más aún: sin dependencia alguna del petróleo, este avión ecológico estaría listo para dar la vuelta al mundo sin parar (es decir, sin necesitar parar para recargar combustible durante los más de veinte días de vuelo). De todas maneras se harán cinco escalas, puesto que es imprescindible el descanso de los pilotos (obviamente, la energía solar no llega al extremo de suplantar el hambre y el sueño).
Progresar sin agredir al medio ambiente es la premisa del creador (el mismo que en 1999 dio la primera vuelta al mundo en globo sin escalas y que, además, es nieto de quien llevara un globo a la estratósfera por vez primera; e hijo del hombre que más descendió las profundidades oceánicas). Así, no se alienta a reducir la movilidad sino a desarrollar tecnologías a base de energías alternativas; en este caso una más limpia que las convencionales, infinita y plausible de ser almacenada. Alienta el hecho de saber que no sólo se estará aprovechando una energía sino más bien no derrochándola, teniendo en cuenta que el sol provee anualmente cuatro mil veces más energía de la que se aprovecha en igual período.
"Si un avión es capaz de volar noche y día sin combustible, propulsado únicamente por la energía del sol, entonces que nadie diga que es imposible hacer lo mismo con automóviles, la calefacción, el aire acondicionado y las computadoras", declaró Piccard en Zurich el pasado 26 de junio. Y uno se tienta a asegurar que tiene razón y hasta comienza a fantasear con una nueva matriz energética (claro está, no sólo a base de energía solar sino también con otras alternativas). Aquí se presenta un punto que es interesante destacar: cierto es que el petróleo y el gas están en “peligro de extinción” como fuente energética (aunque aún sean líderes en este terreno, y lo seguirán siendo por algún tiempo). Cierto es también que aún ninguna fuente alternativa es suficiente por sí sola como para reemplazarlos. Pero sumando todas ellas (solar, eólica, provenientes del hidrógeno, de oleaginosas no muy conocidas, etc.) posiblemente sea viable una nueva matriz energética no con una fuente líder sino con muchas de ellas, donde el petróleo y el gas no dejen de utilizarse pero sí en menor medida que la actual. En este sentido, la crisis energética no pasa sólo por el agotamiento de las fuentes convencionales sino (quizá sobre todo) por la falta de imaginación del hombre para utilizar un conjunto de energías disponibles pero poco exploradas, que a veces se juzgan “insuficientes” porque se las piensa por sí solas, sin combinarlas entre sí. De hecho, estudios de Greenpeace aseguran que para el 2030 dos tercios de la demanda de electricidad en el mundo se abastecerá a partir de energía solar. Podría criticarse que el Solar Impulse no presenta (aún) la velocidad de los aviones convencionales; pero recordemos que el Ford T funcionaba a 60 km/hr y hoy existen automóviles que superan ampliamente los 300 km/hr. Lo que hoy nos sorprende mañana puede convertirse en una realidad poco menos que habitual para las nuevas generaciones.
Otros datos a considerar:
No es dato menor el hecho de que las emisiones contaminantes producto de la industria aeronáutica convencional se incrementaran en un 85% entre 1994 y 2004. Más aún, el Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCC, por su sigla en inglés) sentenció que la aviación sería responsable de alrededor del 15 % de las emisiones de dióxido de carbono a mediados de siglo. Otras fuentes estiman que la cifra podría ser más negativa aún, alcanzando el 25% hacia 2030.
Para peor, se estima que las estelas blancas alargadas que dejan tras de sí los aviones regulares son grandes responsables del calentamiento global, consecuencia que evitaría el Solar Impulse.
Quizá parte del problema radica en que la contaminación generada por los aviones en vuelos internacionales está fuera de los objetivos del Protocolo de Kyoto. Más allá del cumplimiento o no de este tratado, lo desfavorable es que la contaminación aeronaval internacional no está regulada. El Protocolo en cuestión sólo se limitó a “invitar” a la Organización Civil de Aviación Internacional (ICAO) a iniciar acciones tendientes a reducir las emisiones, y hasta ahí llegó el compromiso. Por su parte, la Unión Europea está trabajando en regular las emisiones de gases producidos por los aviones, determinando que entre 2011 y 2012 los que despeguen o aterricen en el territorio contaminando más de lo permitido deberán pagar multas adicionales. La medida es buena, aunque es de recordar que “hecha la ley, hecha la trampa”: esperemos que no suceda lo mismo que con el Mercado del Carbono, que determina las emisiones máximas de dicho gas autorizadas para cada país y donde comúnmente se venden bonos de los que menos contaminan a lo que más lo hacen, por lo cual el resultado es el mismo.
por Juliana Gargiulo
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