26.07.2009 | La Provincia está en alerta: malas minas rondan por ahí. También malos tipos, con malas ideas, tomando malas decisiones para una mala vida en una mala tierra. Malos aires y agua que vendrán más temprano que tarde, si tampoco esta vez coinciden acciones y buenas intenciones.
“Cóndores sobrevolando el paisaje, flamencos rosados tiñendo el horizonte del Mar de Ansenuza. Un ‘oasis’ en medio de las Salinas, una imponente cascada rodeada de verde o una inmensa laguna de agua salada. La propuesta es salir en busca de estos rincones de incomparable hermosura. Algunos lugares del territorio provincial, por mantener una naturaleza en estado casi virgen y de gran importancia ambiental, han sido declarados Áreas Naturales. Sin embargo, el resguardo no significa que estas Reservas no puedan ser visitadas sino que debemos saber cómo hacerlo para no alterar el equilibrio del entorno y aprovechar al máximo nuestro paso por el lugar”. Estas son, entre otras tantas, las promesas maravillosas y paradisíacas que forman la carta de presentación de la Provincia de Córdoba en la página web de su Agencia de Turismo. Las mismas estampas que llenan cualquier folleto turístico; los mismos relatos de invitación de cualquier cordobés conocedor de su pago y orgulloso de él. Esos mismos lugares únicos, tocados por el índice de algún creador caprichoso y encantador, ahora en manos de unos pocos, demoledores, y muy poco encantadores señores de traje gris.
Uno tiende a creer, erróneamente, que una declaración de Área Natural, Patrimonio de la Humanidad o cualquier otro rótulo es el equivalente a advertir que tal lugar “es intocable” y que toda acción ejercida allí se juega en la premisa del respeto y la protección. Sin embargo, las áreas vírgenes, las reservas naturales y los tesoros de la Naturaleza de la Provincia de Córdoba están tan a merced de la depredación económica como tantas otras zonas del mundo. Cerca, demasiado cerca de los lugares antes mencionados -y de otros, muchos, que el recorte de la cita debió dejar de lado, por innumerables-, explosivos y químicos mediante, varios agujeros se van comiendo la superficie, demoliendo cerros y sierras, llevándose luego en camiones, pulverizadas, sólo sus partes interesantes y cotizables.
Lamentablemente, para casi nadie es novedad ya el deterioro y la depredación que genera la minería a cielo abierto. Daños de todo tipo, color y forma que hacen valer sus efectos nefastos sobre la vida, en todo aspecto y nivel. Pero por estos lados el tema volvió a surgir, entre polémicas, enojos y reclamos, por supuesto. Semanas atrás, pionera y hasta ahora única en su tipo, tuvo lugar una acción fundamental en la tarea de desmantelar la densa maraña de intereses y reveses que rodea a la actividad minera: la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, mediante resolución interna, decidió rechazar los fondos girados por la Minera La Alumbrera como parte de los beneficios procedentes del convenio entre YMAD (Yacimientos Mineros Aguas de Dionisio) y el Consejo Interuniversitario Nacional firmado en mayo de este año. La decisión, difundida por la FUNAM (Fundación para la defensa del Ambiente, ONG de estatus consultivo en Naciones Unidas y miembro de la RENACE), cobró existencia real y fuerza legal tras la solicitud elevada por el Dr. Raúl Montenegro, titular de la cátedra de Biología Evolutiva de la mencionada facultad. Según explicó el docente, “las Universidades Nacionales de Argentina no pueden recibir fondos procedentes de YMAD porque al hacerlo utilizarían beneficios económicos obtenidos por Alumbrera Limited en base a la violación de normativa vigente, a la contaminación de ambientes, a la enfermedad de personas expuestas y al clientelismo de empresa. Muchas universidades querían recibir esos fondos en silencio, aunque vinieran de una empresa minera que violó derechos humanos y degradó el ambiente, y cuyo vicepresidente está procesado en la Justicia federal”.
Sin lugar a dudas, bien podría decirse que la decisión y la acción tomadas trascienden la defensa del patrimonio natural y humano contra la devastación minera para transformarse en un acto de defensa de la dignidad. Alguna vez, alguien debía decir no a las monedas y favores que, por más necesarios que sean, caen de manos sucias con guante blanco como promesas de silencio y lealtad encubiertas bajo la forma del subsidio o la donación. La Alumbrera, como muchos otros tíos y padrinos ricos, no es ningún angelito bueno y dadivoso. La compañía, que explota el yacimiento Bajo de La Alumbrera, en el departamento de Belén de la Provincia de Catamarca, se formó mediante una UTE que administra las 34.400 hectáreas de la reserva nacional Farallón Negro. La mitad del oro que se extrae allí es totalmente puro. En el 2002, el tío gordo de la minera declaró haber extraído 202.420 onzas de oro, 405.116 onzas de plata y 50.976 toneladas de cobre; imagine qué tan chicos le quedaron los bolsillos en estos años si se prevé un aumento real de la producción anual en 200.000 toneladas de cobre y 700.000 onzas trío de oro, para cuando finalice la explotación dentro de 13 años. Para entonces, calcula haber excavado hasta llevarse al menos 3.3 toneladas de cobre y 12 millones de onzas, como piso. Del montón, Catamarca recibe apenas el 2% de lo que declara el tío rico, con control cero sobre lo que hace y deshace.
Este año, la empresa ya cuenta con un staff de dos mil empleados, sólo mil quinientos tienen el privilegio de estar amparados por convenios colectivos de trabajo, y apenas 45 están afiliados al gremio de mineros. El 90% del personal es extranjero o procedente de otras provincias. Y, como si fuese poco, bajo el slogan “y pensar que algunos creen que son el sexo débil”, el tío se ufana de dar trabajo duro a personal femenino que realiza tareas de extracción a 2.600 metros de altura “que terminan sus tareas y se van rápido a la clase de tae-bo”. La quintita de los señores de La Alumbrera no se contenta sólo con lo que tiene, obviamente; por eso ha expropiado tierras y usurpado otras en reservas paleontológicas de Tafí del Valle. Las vertientes químicas de la mina ya contaminaron la cuenca del río Salí-Dulce, que atraviesa Santiago del Estero y Tucumán y llega hasta Córdoba en la laguna de Mar Chiquita (insólito mar de tierra adentro equivalente a la mayor superficie lacustre de la Argentina, quinto lago salado endorreico más grande del planeta, que abarca unos 6.000 metros cuadrados y es hogar de los coloridos flamencos mencionados al comienzo). Al día de hoy, como advierten las organizaciones en lucha activa contra esta depredación, la zona donde se asienta el yacimiento se ha convertido en un “paralelo de Irak, un desierto sin bombas ni balas” que va avanzando y traspasando fronteras provinciales, morales y legales. Una vez que los tíos hayan engordado lo suficiente, se irán; habrán dejado a su paso los restos del festín: un terreno seco, inerte e irrecuperable. Se habrán llevado las sierras hechas polvo en sus petates, y ríos de muerte contagiando cualquier otro río y tierra por donde aún asome algo vivo.
Así son, evidentemente, las vueltas de la ley y de la trampa. Porque, si bien en Córdoba se aprobó y sancionó hace algunos meses la ley que prohíbe la extracción minera a cielo abierto, varios proyectos amenazan con instalarse aquí para pulverizar todo aquello que exponemos con tanta insistencia como distintivo único y riqueza incomparable. De hecho, al margen del conocimiento público y la legalidad, ya se autorizó a la empresa canadiense Teck Comico para explorar una gran zona de las Altas Cumbres en busca de yacimientos de uranio. Se trata de unas 500 hectáreas de reserva natural asentada estratégicamente en el nacimiento de la mayor parte de las cuencas hídricas del Valle de Traslasierras, a pocos kilómetros del área protegida Quebrada de los Condoritos (uno de los pocos lugares del planeta donde los cóndores aún persisten y perviven en estado silvestre). No sólo se investigará todo aquello que la ley prohíbe expresamente: de no frenarse a tiempo, también se demolerán montañas enteras, se contaminará el agua y se creará un enorme cañón por donde inevitablemente fluirá el agua en épocas estivales inundando y haciendo desaparecer pueblos enteros, esos mismos que le invitamos a conocer.
Si usted aún no conoce Córdoba y sus áreas naturales, le recomendaría que no se deje estar y visite pronto lo que hay, o lo que queda. Porque vaya a saber hasta cuándo tendremos las sierras de las que tanto nos enorgullecemos: para producir sólo un anillo de oro, las mineras planean dejarnos tres toneladas de rocas hechas polvo.
Por todo lo dicho, creo que haber dejado claro por qué rechazar los fondos que amablemente los tíos mineros quieren regalarnos para nuestras universidades constituye una defensa básica de la dignidad. Y también, por supuesto, un gesto cabal de acción sin demagogia que intenta reproducirse y ser imitado.
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