27.09.2009 | …te hablo como rioplatense, nacido en Argentina, de madre y tres abuelos uruguayos, de raigambre local pero morriñas charrúas; con muchas pizzas de ROdelU y más helados de Texas, con soles en Pocitos, Malvín y Playa Verde, con tardes en el Museo Oceanográfico del puertito del Buceo. Te hablo desde la integración vivida con el alma y con el cuerpo.
Te escribo con el amor por dos tierras sin sentirme traidor a ninguna; con la camiseta mitad celeste y blanca a rayas, y la otra mitad celeste solito, intenso y sanguíneo. Un amor tan profundo que hasta me permite ser duro, porque no se quiere cuando nunca se critica: eso es sumisión, falsedad, facilismo, desinterés. Porque lo que se ama a veces duele. Y como me dolió el Uruguay del último Batlle pasando papelones en cámara, llorando como un chico lo que no supo callar (o sostener) como hombre, me duele la Argentina mediática, la de periódicos que manipulan groseramente, tendenciosamente la información. Me duele que un medio de nombre lo aproveche para engañar, porque se hizo uso y abuso hasta el cansancio de tu diálogo en La Nación (suplemento “Enfoques”, del 13.09.09), pero nada se dijo de tu aclaratoria del día 18 (“A lo hecho, pecho”, www.pepetalcuales.com.uy ).
Es que esto es así, Pepe. Pasan los años (tus 74, mis 59) y nunca se termina de aprender, porque (lamentablemente) tampoco se puede terminar de confiar. Tampoco se publicó tu aclaratoria: “Algunos contenidos de esa nota han sido deformados a través de citas parciales que impiden comprender el verdadero sentido de lo que dije”. Nada de esto se dijo, podrás comprender… O quizás no, porque para entender a un torcido hay que ser un poco torcido.
Lo extraordinario es que no encuentro nada en tu (verdadera) nota que pueda haber “ofendido” tanto y a tantos. ¿Decir que no se está seguro de cuál es la ideología de los Kirchner? ¿Y eso qué tiene de ofensivo, además de ser una duda universalizada en la Argentina? Dijiste “son progresistas, pero también peronistas. Ese es un fenómeno sentimental, difícil de entender”. ¿Sabés, Pepe?, quizás haya muy pocos en el país, incluso los que tienen (justificada) afinidad con el matrimonio K, que puedan darte una respuesta. Los Kirchner hablaron de “transversalidad”, incorporaron gente de distinto pelaje (que vos llamaste “fauna”, pero no en sentido ofensivo, sino con el lenguaje del campo que te marcó la vida). Acá se volvieron locos, hicieron una novela –otra de tantas-, te crucificaron por decir lo que casi todos dicen, lo que casi todos piensan.
Néstor y Cristina, sobre todo en el primer gobierno, ni siquiera apelaron a la liturgia peronista (no veías fondo de fotos de Perón y Evita, no escuchabas el canto de la marcha partidaria); se cuidaron mucho porque quisieron ser referentes más amplios. Esto no es ni bueno ni malo, es así, todos lo saben… Pero acá no lo podés decir, Pepe, porque además de mentirte van a hacer un circo de tus palabras. No te olvides a quién representa quien te entrevistó, no una vez sino catorce. La Nación viene utilizando un lenguaje anti-K desde antes que asumiera (en el 2003), multiplicado hasta el hartazgo desde el segundo mandato. Es verdad que hay obsecuentes que dicen que todo está bien, un absurdo; pero este medio cae en el absurdo contrario: todo sin excepción está mal. Te usaron, Pepe, tu buena fe se volvió mala fe en un teclado. Lástima grande, para vos; y te confieso que para mí, porque mi abuelo antes, y mi hermano hoy, forman parte del staff de ese medio que es capaz de abusar de la confianza ajena y manipular el imaginario de la sociedad a la que pertenece.
Te leía hablando del Mercosur. ¿Qué dijiste que no fuera cierto? “El Mercosur es fenicio (…), demasiado comercial (…) ¿No vamos a integrar la inteligencia?”. Nadie, en su sano juicio y mínimo conocimiento de la realidad, podría negar que así son las cosas. Ni Argentina ni Brasil han atendido las asimetrías del sistema; ni Argentina ni Brasil compensaron ni ayudaron a Paraguay ni a Uruguay pensando en el crecimiento común, como hicieron Francia y Alemania con Grecia y Portugal en los pañales de la Unión Europea. Y si no hay simetría comercial-productiva-exportadora seguro que hay inteligencia, un don aprovechable en igual medida por todos. Pero no, ¿para qué? Mientras los negocios (para algunos) funcionen, el resto es irrelevante.
Dijiste además: “Fíjese en los programas universitarios. De acá se va un ingeniero a España y trabaja. Pero un profesor argentino no puede venir a dar clases al Uruguay. Estamos locos. Hay una cantidad de cosas para arreglar. Pero si no integramos la inteligencia y la cultura, lo demás tiene patas cortas”. Te hablo como docente, Pepe, como director de escuela y profesor universitario hace bastante más de una década: es verdad. Me ha tocado recibir chiquilines, botijas que vienen de Perú, de México, del Líbano, y es más fácil que hacerlo con uno de Córdoba o Mendoza. Damos clase invitados en Niágara, en Houston, en Deusto, pero no podemos hacerlo regularmente en Asunción o en Canelones. ¿Por qué no se resaltó esto de tu diálogo? ¿Por qué nos quedamos con “la mirada chiquita”, además de tergiversada?
Pusiste en escala de valores primero a Lula antes que a Hugo Chávez. En la Argentina, justamente los medios del perfil que te entrevistó sienten la picazón de rozar un cardo cuando se menciona al venezolano, y resaltan al brasileño como un hombre que maduró políticamente. Elegiste “el lado correcto” de la calle… y ni así te honraron.
Dijiste que Botnia no contamina, que los finlandeses son inteligentes. ¿Sabés lo que es eso acá? ¿Sabés lo que es en un país con once papeleras que son un desastre ambiental? Así y todo te mostraste contemplativo con los prepotentes de Gualeguaychú (no es todo el pueblo). Pero nada, Pepe, tu “pecado” tuvo destino de cruz.
El cierre fue memorable: “Uno era más joven y siempre se tiene la añoranza de los años frescos del cuerpo. Pero se puede y vale la pena mejorar el mundo. No hay una salida apocalíptica, de un día para el otro. Es una escalera interminable donde vamos subiendo escalones, aprendemos algo, dejamos algo, y otros siguen, y así sucesivamente. Es un camino sin fin. El día que creamos que hemos llegado, estamos fritos”. Me quito el sombrero imaginario.
Pero ¿qué ocurre?, Pepe: fuiste demasiado sencillo, demasiado transparente. De este lado del Plata tenés que ser un poco más complicado para que te entiendan. Y un poco más desconfiado. Ni siquiera publicaron tu concesión: “Me engañaron alevosamente y perdí. Pido disculpas y comprendo a quienes no las acepten”.
No va a ser fácil. Suerte en octubre, y suerte después. Por vos, por Uruguay, por la región.
PD: Disculpá el tuteo. Se me ocurre que un trato protocolar te hubiera resultado incómodo.
por Rodolfo Olivera
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