12.05.2007 | La educación superior de nuestro país es una de las más libres del mundo, no sólo por ser gratuita y por su gran facilidad de acceso, sino también por la variedad de carreras que ofrece y que están a disposición de los alumnos.
En principio todo parece positivo, pero a medida que se avanza en el análisis de la economía argentina se advierte claramente que la demanda de educación superior crece a contramano de las necesidades del mercado laboral.
En Argentina todavía sobran desocupados, pero faltan trabajadores en varios rubros de la economía. No hay suficientes ingenieros, expertos en tecnología, fabricantes de zapatos, proveedores de máquinas agrícolas, geólogos y muchos otros etcéteras.
Algo no cierra en el juego de la oferta y la demanda laboral. En un país con un 10% de desocupación, los puestos técnicos quedan vacantes mientras los egresados de las carreras tradicionales como Derecho y Ciencias Económicas peregrinan buscando ser contratados.
Por ejemplo, el boom minero que vive Salta desde hace unos años plantea la necesidad de una inyección en el mercado de técnicos universitarios, terciarios y secundarios. La carencia se hizo palpable en los últimos cinco años. Se necesitan básicamente geólogos y técnicos mineros para los yacimientos; pero las fábricas y el agro también requieren químicos, topógrafos y agrimensores.
El presidente de la Cámara de Minería, Carlos Trunzo, aseguró que no hay oferta de personal con la formación necesaria, y destacó la carencia de postulantes derivados de escuelas técnicas.
Según relevamientos oficiales y privados que analizan la dinámica laboral, hay empleos vacantes en la industria, el campo, la construcción, el mundo de las finanzas y la tecnología. Dos de cada tres puestos disponibles demandan alta calificación, conocimientos técnicos o nivel universitario.
El sector privado tiene una gran parte de responsabilidad en este vacío: ocho de cada diez compañías se desentienden del entrenamiento de sus empleados y cuatro de esas compañías lo harían sólo si el Estado ayuda en la financiación. De los trabajadores que asisten a cursos para mejorar su aptitud, un 18 % paga la inscripción de su bolsillo; son los que no se dan por vencidos. En general, los profesionales más buscados son los ingenieros. Hace un tiempo la Universidad Tecnológica Nacional contaba con una bolsa de trabajo, pero debió cerrarla cuando apenas comenzaba el repunte de la economía, ya que todos los postulantes consiguieron empleo.
En este sentido se da un fenómeno cercano a la "plena ocupación" de graduados en zonas urbanas, que beneficia también a alumnos avanzados de cuarto y quinto año de las distintas especializaciones. "Lo nuevo es que las empresas empiezan a captar estudiantes de segundo y tercer año, que logran una rápida salida laboral pero corren el riesgo de no terminar la carrera", señala el ingeniero Carlos Castillo, de la UTN.
El desequilibrio es igualmente significativo en el rubro de servicios informáticos, uno de los más activos de la economía. Según el presidente de Oracle Argentina, Alejandro de León, "faltan 10.000 profesionales para los próximos tres años y, como la universidad sólo genera 3.000, estamos en déficit". La empresa creó un Programa de Capacitación Masiva para apuntalar los procesos de formación.
La falta de capacitación también es el principal problema del mercado laboral de la Provincia de Misiones, donde muchas personas buscan trabajo infructuosamente. Allí, las empresas del sector industrial, forestal y gastronómico pretenden cubrir puestos para los que no consiguen personal idóneo.
Lo mismo sucede con la demanda de técnicos en industrias como los aserraderos, donde también se detecta la ausencia de personal capacitado. En el otro extremo, en Misiones se advierte la gran contradicción de aquellos formados y capacitados que tampoco tienen cabida en el campo laboral local a causa de sus respectivas especialidades. A diferencia de lo que ocurre en otra regiones del país, hay quienes se especializaron en Relaciones Internacionales o Ciencias Políticas y no encuentran trabajo en la provincia, lo mismo sucede con profesionales en Ingeniería Informática.
Según datos del INDEC, en el último trimestre de 2006 el 50 % de las empresas de la Industria de la Madera manifestaban haber realizado búsquedas de personal, pero el 16,7 % no logró cubrir sus necesidades.
En la Fabricación de papel y sus productos derivados, el 47,6 % de las empresas a nivel nacional han buscado personal, pero el 30 % del total tampoco ha conseguido resultados satisfactorios.
Es llamativo, además, que el 29,2 % de las empresas fabricantes de Textiles hayan buscado nuevos empleados y que el 28,6 % del total no haya tenido éxito.
Pero la realidad entre los estudiantes universitarios no responde a esta demanda del mercado laboral. Este año, en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), unos 26 mil jóvenes se anotaron para continuar sus estudios superiores. Las facultades con mayor convocatoria fueron Ciencias Médicas (5.570), Derecho y Ciencias Sociales (5.034), Ciencias Económicas (2.863), Filosofía y Humanidades (2.333) y Psicología (2.314). Sólo cinco de las doce unidades académicas aglutinan el 69,9% del total de nuevos estudiantes, que otra vez relegaron de sus opciones a las carreras técnicas, pese a que en esa provincia prosperan polos tecnológicos y empresas de desarrollo de software.
Por su parte, de los casi 11 mil estudiantes inscriptos para ingresar este año a la Universidad Nacional de Cuyo (Uncuyo), la mitad siguió carreras de Ciencias Sociales y Económicas (3277) y del área de Salud (2291). Las ciencias básicas y tecnológicas, donde se incluye Ingeniería, Agronomía y ciencias aplicadas a la industria, sólo captó la atención del 15% de los estudiantes.
Como queda demostrado, se impone un tipo de trabajo fuerte por parte del Estado, no para restringir la libertad de acceso y elección, sino para educar a los jóvenes respecto de lo que ocurre en la vida real una vez que termina la formación académica. Aportarles datos creíbles sobre lo que la economía real les demandará en el futuro, nunca puede provocar otra cosa que un mejoramiento de la calidad formativa. Por lo tanto, los estudiantes lograrán colocarse en mejores condiciones para tomar decisiones a la hora de resolver su futuro profesional.
por Beatriz Adela Rusos
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