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JUE 02 Septiembre 2010 | Mar del Plata

Análisis Coyuntural

LA TORMENTA FINANCIERA

¿Qué causó la crisis?

11.10.2009 | Un año después del estallido de la crisis financiera, la economía mundial comienza a dar señales de mejoría. Pero a pesar de algunos indicadores económicos alentadores, los analistas serios afirman que los efectos seguirán sintiéndose durante un largo tiempo.

El origen del crack estuvo, sin dudas, en el sistema financiero norteamericano hace ya más de dos años. Un boom de vivienda seguido por una fuerte caída, provocó incumplimientos de pagos, quiebras de empresas ligadas a hipotecas, alteraciones de valores atados a éstas y por lo tanto una agitación muy grande en el mundo financiero.
El grave problema de los créditos inmobiliarios tuvo repercusiones inesperadas en Estados Unidos y en el mundo. Grandes emblemas de la desmesura financiera como Lehman Brothers, Fannie Mae o Freddie Mac desaparecieron o fueron casi nacionalizadas; aunque los americanos prefieren explicar que están bajo tutela legal, lo que no suena tan socialista. En el momento del salvataje se habló simplemente de colocarlas “bajo supervisión”. 
Esta crisis cambió algunas costumbres en el mundo financiero americano. En lugar de jugar al golf o salir a navegar, los viernes, apenas cerraba Wall Street, los dueños de bancos y grandes financieras se encerraban en sesiones maratónicas destinadas a decidir los destinos de sus hasta entonces prestigiosas instituciones. Debían resolver los dilemas antes del domingo a la noche, previo a la apertura de las bolsas asiáticas; y esperar el veredicto del mercado. Primero los asiáticos, después las bolsas europeas, y finalmente la Bolsa de Estados Unidos nominaban a los ganadores y perdedores.
El 15 de septiembre de 2008 Lehman Brothers, quinto banco de inversión del mundo, declaró la suspensión de pagos; el mismo día el Bank of América, con la ayuda del gobierno americano, absorbió a Merrill Lynch, el gigante bursátil.
También por septiembre de 2008, Henry Paulson, Secretario del Tesoro estadounidense, anunciaba la intervención por parte del Estado de los dos gigantes del crédito hipotecario: la Federal National Mortgage Association (Fannie Mae) y la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie Mac).
Fannie Mae era hija de la Gran Depresión: fue creada en 1938. Una agencia del gobierno cuyo trabajo fue comprar préstamos inmobiliarios a proveedores de hipotecas. Estos proveedores usaban el dinero que recibían de Fannie Mae para conceder más préstamos inmobiliarios. El fin último era favorecer el acceso de la clase media a la propiedad de sus hogares, pero su noble objetivo se fue desvirtuando con los años.
Su cambio de estatuto y el paso del sector público al privado no se realizaron por cuestiones ideológicas. En realidad, Lyndon Johnson decidió en 1968 su ingreso en la Bolsa con el fin de generar fondos destinados a financiar la Guerra de Vietnam.
Freddie Mac fue creado dos años después por el Congreso, pero cotiza en la Bolsa desde 1989. Desde entonces ambos organismos gozan de un estatuto reglamentario especial, el GES, que les permitiría disponer de una línea de crédito garantizada por el Estado, así como de un financiamiento a tasas preferenciales.
Estas dos empresas financiaban sus actividades a través de la emisión de títulos -los RMBS-, cuyo éxito entre los inversores estaba asegurado por la percepción de que, al menos implícitamente, el gobierno federal era el garante de los mismos.
Durante los años ‘90, en la búsqueda de retornos interesantes y queriendo mantener a sus clientes satisfechos, emprendieron una carrera sin control por la creación de instrumentos que reportaran elevados intereses y al mismo tiempo fueran “líquidos”, lo que originó los famosos instrumentos que empaquetaban créditos como las hipotecas, etc.
En el momento de su nacionalización, su cartera rondaba el 45% del total de las operaciones de crédito inmobiliario de los Estados Unidos. Entre las dos empresas sostenían el 97% de los títulos adosados a los préstamos hipotecarios. No existía la más mínima posibilidad de que el gobierno de George Bush hijo, por más conservador que fuese, las dejara libradas a su suerte.
Para mediados de septiembre de 2008 debían pagar una deuda de 1.6 billones de dólares; y lo más grave fue que los bancos centrales de Rusia, el resto de Europa, y Asia amenazaban con dejar de comprar sus títulos. Henry Paulson, por esos días, debía responder ante los periodistas sobre versiones de llamadas telefónicas del gobierno de China amenazando con no comprar más títulos si no estaban garantizados por el gobierno federal americano. Obviamente Paulson desmentía estas versiones, pero la sensación de que el futuro de Estados Unidos se jugaba en Pekín, Tokio o Moscú estaba instalada.
Luego de ya casi campeado el temporal, a un año de los peores días, vale la pena preguntarse: ¿de quién fue la culpa?, ¿fue realmente culpa del desborde del capitalismo?, ¿o fueron las instituciones que se encargan de supervisar los mercados financieros las que fallaron y alentaron la crisis?, ¿hubo corrupción?
Indudablemente, la toma excesiva de riesgos por parte de las instituciones financieras no puede achacársele a una presión por parte de la Reserva Federal, pero existe evidencia suficiente como para afirmar que el mantenimiento de las tasas de interés a niveles tan bajos estimuló fuertemente la búsqueda de riesgo. Al mismo tiempo, no hay dudas de que el gobierno norteamericano emprendió acciones que, más que amainar la crisis, echaban leña al fuego; como las presiones a Fannie Mae y Freddie Mac para que se expandieran y compraran valores respaldados por hipotecas. Y, sobre todo, nadie se quejó de que el sueldo de los directores de ambas empresas rondaran los 70 millones de dólares al año para cada uno.
El arquitecto del boom inmobiliario fue sin dudas Alan Greenspan, el hombre que dirigió la Reserva Federal estadounidense -la FED- por más de diecinueve años, y al que los ámbitos financieros del mundo trataban como a un verdadero gurú. En al año 2004 afirmaba que una baja severa del mercado inmobiliario era poco probable en Estados Unidos debido a su envergadura y diversidad. En el 2005 aseguraba que si el precio de la vivienda bajaba, no habría consecuencias económicas importantes. Y en el 2006, en vísperas del estallido de la burbuja inmobiliaria, cuando ya no era el patrón de la FED, consideró que la peor baja del mercado inmobiliario, sin dudas, ya había pasado. En fin…
La historia de Fannie y Freddie distaba de ser impoluta. La primera fue acusada en 2004 de alterar sus cuentas con el fin de generar premios más importantes. Sus tres principales directores debieron renunciar y pagar una multa de cien millones de dólares. En 2006, Freddie Mac fue condenado a pagar 3.800.000 dólares por hacer lobby ilegal ante los miembros de la Cámara de Representantes, encargada de supervisar sus actividades. Por supuesto, nadie investigó a los legisladores involucrados.
En medio de la hipocresía en la que se mueve la política, y del manejo empresarial de los medios de comunicación en Estados Unidos, esta generosidad con los miembros del Congreso nunca despertó sospechas; mientras tanto, la influencia política de estas dos empresas tomaba ribetes escandalosos. Por supuesto que, en los últimos años, ambos partidos votaron para dejar sin efecto las pocas regulaciones a las cuales estaban sometidos. El resultado fue la lógica falta de transparencia y la crisis final.

Investigaciones tardías

Por estos días se conoció la noticia de que la FED será investigada por su papel tras la quiebra de Lehman Brothers. Una vez más se conocieron oscuras decisiones de la Reserva Federal de EEUU en la génesis de la crisis financiera internacional. En esta ocasión se supo que el organismo encargado de supervisar el sector financiero se benefició de la quiebra de Lehman Brothers.
Según publicó The Wall Street Journal, el organismo designado por la Corte de Nueva York para investigar la quiebra de Lehman Brothers -bancarrota que inició la tormenta financiera- tiene sus ojos puestos en la Reserva Federal. Los técnicos han descubierto que el organismo supervisor cobró 46.000 millones de dólares que le adeudaba la entidad financiera, mientras que el resto de los acreedores no recibió nada.
El diario norteamericano explica que la FED prestó este dinero a Lehman Brothers antes de que se declarara en bancarrota. Se trataba de dinero en efectivo y de bonos, que fueron devueltos a la Reserva Federal antes de que los jueces intervinieran el banco y paralizaran cualquier salida de fondos de la entidad quebrada.
No es la primera vez que se conocen indicios de fraude en los organismos supervisores. En mayo de 1999, un gestor bursátil experto en derivados presentó a la SEC una denuncia que anticipaba lo que nueve años después ocurriría. Bernard Madoff fue interrogado por entonces, pero la SEC no vio fraude alguno.
En la actualidad, los que callaron y avalaron estas políticas suicidas por años  abrieron un debate en la Cámara de Representantes de EEUU sobre el papel de la Reserva Federal en la crisis. El senador republicano Ron Paul lleva meses criticando al actual presidente de la FED, Ben Bernanke, acusándolo de haber generado las burbujas que ahora explotan. Lo extraño es el silencio de los mismos congresistas de épocas de Alan Greenspan, al que le aplaudían cualquier cosa que dijera mientras el desastre se tornaba inevitable.

Rosanna González Pena por Rosanna González Pena Recomendar Nota a un amigo
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