08.11.2009 | El gobierno español aprobó en el Congreso la Reforma de la Ley de Extranjería, la cuarta en ocho años y la primera del PSOE. Esta reforma está siendo duramente criticada por organizaciones sociales y ONG que la consideran un recorte de los derechos fundamentales de los inmigrantes.
La nueva Ley de Extranjería fue rechazada por la izquierda por considerarla excesivamente represiva; y también por la derecha, que acusa a los socialistas de un tratamiento débil y permisivo contra los “ilegales”. El propósito real de la legislación es acentuar la lucha del Estado contra los inmigrantes sin permisos de residencia ni trabajo; y limitar, para los que están regularizados, el número de miembros de su familia que puedan llevar a España.
Las mayores críticas a la nueva ley las recibe el aumento de tiempo de detención de los inmigrantes, que se eleva de 40 a 60 días. Después de ese tiempo llega la temida orden de expulsión, que puede conceder un plazo de entre 7 y 30 días para abandonar España voluntariamente. Se impondrán plazos de prohibición de entrada de un máximo de 5 años.
Otras cuestiones que denuncian las organizaciones no gubernamentales como Cáritas o la Red Acoge, es el aumento en las sanciones a quienes faciliten el empadronamiento de personas extranjeras sin papeles, con multas que pueden llegar hasta los 10.000 euros.
Se restringen también las condiciones para la reagrupación de familiares y se endurecen otras disposiciones correspondientes a los pedidos de asilo. Los requisitos para la reagrupación familiar quedan limitados a los hijos menores de 18 años o mayores con discapacidad; también a los padres del extranjero legal y su esposa cuando estén a su cargo, sean mayores de 65 años y existan razones que justifiquen la necesidad de autorizar su residencia en España.
Todos conocemos las duras experiencias del migrante que deja todo lo que es suyo, familia, historia, amigos, costumbres, y va en busca de dinero a un lugar lejano. No siempre encuentran lo que buscaban. Lo que sí suelen enfrentar es un maltrato injusto mientras el resto de la sociedad no dice nada.
Nos llegan noticias constantemente desde la “Madre Patria”. Una mujer dominicana murió hace unos meses atacada por un grupo de españoles de pura cepa; los africanos son maltratados constantemente en las ciudades de España, y son varios los que han fallecido o han quedado inválidos.
Conozco varios chicos argentinos que están o estuvieron un tiempo en España o Italia cursando postgrados, y todos fueron unánimes al admitir que el hecho de ser blancos, y algunos hasta de ojos claros, ayudó a que el trato hacia ellos fuese mejor que con otros sudamericanos. Si eso no es racismo, que alguien me explique qué es.
Las autoridades españolas se negaron, por años, a hablar de ataques racistas o de trato racista. Le tienen pánico a la sola mención de la palabra. Será porque, hasta no hace mucho, más al norte de Europa ser español era sinónimo de paria, inculto y molesto. O será porque, a pesar del poco tiempo transcurrido, ya se olvidaron de que formaban parte de la Europa pobre que molestaba más allá de los Pirineos.
Entonces preferían hablar de grupos minoritarios de neonazis. Era más fácil a admitir que tienen entre ellos un problema al que muy pocas sociedades son inmunes. La percepción del “otro” como una amenaza, como representante de fuerzas destructoras, es común a todas las ideas nacionalistas, autoritarias y totalitarias de nuestra época. Se trata de un fenómeno cultural universal. Ninguna sociedad fue capaz de resistir a la patología del odio, el desprecio y la destrucción. Llevada al extremo, esta enfermedad llegó al genocidio, que constituye uno de los rasgos trágicos y recurrentes del mundo contemporáneo.
A esto se suma la clara política de las autoridades españolas de no dejar ingresar al país a quienes considera como posibles migrantes disfrazados de turistas. Y hay cifras oficiales que no dejan lugar a dudas al respecto. Las autoridades españolas expulsaron del país a 31.527 inmigrantes en situación irregular durante los años 2006, 2007 y 2008.
Así lo indicó el gobierno, en respuesta a una pregunta escrita formulada por el senador del PP Luis Peral sobre el número de expulsiones de extranjeros sin papeles que se han producido en los tres últimos años. Según los datos aportados por el Ejecutivo, las expulsiones ascendieron a 11.373 en el año 2006, luego descendieron a 9.538 en 2007 y se elevaron 10.616 en 2008.
Los argentinos que piensan viajar a España deben saber que se enfrentan a la posibilidad de no ser admitidos y sí deportados, luego de pasar horas o hasta días “retenidos” en un pequeño cuarto del aeropuerto aunque cumplan con las duras exigencias que impone el gobierno español.
Son muchos los compatriotas que no pudieron ingresar por el aeropuerto de Barajas; muchos los que se quejan de que el color de la piel influye en el proceso de selección, tanto o más que la documentación. Hasta el baterista del grupo Divididos, junto con uno de los técnicos, pasó un mal momento en Madrid.
Según las cifras oficiales de la Cancillería argentina, desde enero de este año hasta fines de septiembre llegaron 90 mil argentinos a los aeropuertos españoles; unos 720 no fueron admitidos, 708 de ellos en el aeropuerto de Madrid y 12 en el de Barcelona. El año pasado viajaron 170 mil compatriotas y hubo 1.101 rechazados, 600 en Madrid y 501 en Barcelona; en 2007 fueron 600 los argentinos que no pudieron ingresar, sobre un total de 200 mil.
Los tratados bilaterales entre el Reino de España y Argentina en materia de inmigración están siendo violados, ya que la igualdad de derechos se encuentra vulnerada, según advierten desde la Casa Argentina en Madrid, la mayor asociación civil de argentinos en toda España. De acuerdo con esta asociación, mientras el Estado español utiliza trabas legales para que los argentinos no ingresen, la Argentina continúa manteniendo el acceso libre para los españoles. Se reciben por mes más de 100 denuncias por la denegación del ingreso, con un alto porcentaje de rechazados por desconfianza del aspecto físico y no por falta de documentación reglamentaria.
Por su lado, la Embajada de Venezuela en Madrid también ha exigido durante la semana pasada a las autoridades españolas que flexibilice los controles migratorios a los viajeros venezolanos en los aeropuertos españoles, desde donde los han deportado, denunciado vejaciones y malos tratos por parte de los funcionarios.
En definitiva, el mandamiento cristiano más ignorado y escarnecido actualmente es el que predica el amor al prójimo. La relación con el “otro” ya debía ser problemática en tiempos antiguos para que uno de los textos escritos más antiguos contenga ese mandato: "¡Amarás a tu prójimo como a ti mismo!". ¿Habrá que aceptar que el rechazo del diferente, y hasta la hostilidad, son un rasgo propio de la naturaleza humana?
Lo más agobiante es la apatía de la opinión pública, la indiferencia moral, la incapacidad para reaccionar ante el mal. Estamos tan acostumbrados a esto que ya perdió para nosotros todo valor de advertencia. Y el racismo ha terminado en cosas terribles en los últimos siglos de la historia humana: guerras y genocidios.
por Rosanna González Pena
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