22.11.2009 | Bruno Bimbi es periodista y profesor de portugués. Cursa la Maestría en Letras en la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro, y además es un militante por la causa del matrimonio civil entre parejas de gays o lesbianas. Lo que se dice un hombre sin prejuicios.
Hubo una indiferencia brutal entre el resto de la sociedad ante la clausura de la discusión, en el Congreso nacional, sobre la modificación del Código Civil para habilitar el matrimonio entre parejas de cualquier sexo. Este silencio deja sin compañía a quienes pelean por los derechos de cientos de menores que nacen y crecen con dos mamás o dos papás y que en la vida cotidiana sufren un sinnúmero de injusticias en ámbitos judiciales, laborales, educativos y hasta de la salud. Nuestros legisladores, una vez más, tuvieron miedo de debatir y de votar lo que cada uno creía en su fuero íntimo.
No debatieron, no se expresaron, no votaron, quisieron quedar bien con Dios y con el Diablo. Quedaron mal con todos, como siempre.
Noticias & Protagonistas: Nos contactamos contigo por el tratamiento de la ley que pasó para el año que viene, y que habilitaría el casamiento a parejas del mismo sexo. En tu columna planteás que el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, te habría asegurado en privado que existía el consenso necesario para votar la ley porque era voluntad política de este gobierno. ¿Fue así?
Bruno Bimbi: Exactamente, esto fue así hasta la semana pasada. Yo, por mi trabajo en el diario Crítica, me comuniqué con los diputados que integran las dos comisiones que tenían que decidir sobre la ley. Los llamé a su despacho uno por uno, y hasta hace diez días todo apuntaba a un triunfo de 26 a 4 en ambas comisiones. Todos votaban por el “sí”, salvo algunas personas ya conocidas que históricamente han estado en contra de lo que tenga que ver con los Derechos Humanos; pero en general había consenso en los bloques. Y existía además un compromiso del Gobierno.
N&P: ¿Con quién habías hablado?
B.B: A mí personalmente me lo había asegurado el jefe de gabinete, Aníbal Fernández. Me comentó que lo habían hablado con Néstor Kirchner y con la Presidenta; me dijo que el Gobierno acompañaría el reclamo y que los diputados del bloque del FPV votarían a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo en el Congreso. Había también compromisos desde el radicalismo: su presidente Gerardo Morales me dijo que estaban de acuerdo, en una declaración pública. Los diputados de FVP y del radicalismo que integran las comisiones habían sido contundentes en su apoyo. Pero llegado el momento no se presentaron a la reunión, no dieron quórum, lo que demuestra cobardía porque lo correcto hubiera sido ir a dar el debate, y si estaban en contra debían presentar sus argumentos. Pero optaron por no presentarse a debatir.
N&P: Una prueba más del doble discurso: en privado te prometen apoyo a la ley, y cuando toma estado público dan marcha atrás y ni siquiera ofrecen respuestas responsables.
B.B: Es que no quieren dar el debate porque ya no quedan argumentos válidos para oponerse. Los matrimonios entre personas del mismo sexo ya existen, nuestras familias ya existen, sólo falta que sean reconocidas legalmente. Hoy se está violando el principio de igualdad ante la ley que figura en la Constitución Nacional y en los tratados internacionales de los Derechos Humanos que protegen la no discriminación. Acá hay un discurso muy perverso: la Iglesia Católica dice que nosotros estamos en contra de la familia, que nuestro planteo desprotege a la familia, cuando en realidad ellos son los que las dejan desprotegidas; están en contra de nuestra familia, porque nosotros no destruimos las tradicionales. Le ley de matrimonios de personas de un mismo sexo no va en contra de otras parejas, no las perjudica, no excluye sino que incluye a nuevas formas de familias, de manera que oponerse es estar en contra de otras familias diferentes, sin argumento válido ninguno.
N&P: ¿Hubo debate en Comisiones?
B.B: Para defender nuestra posición fueron a exponer decanos de facultades de Derecho, profesores de Derecho Constitucional, reconocidos especialistas, y los argumentos expuestos fueron realmente contundentes. Del otro lado, los amigos de Bergoglio que fueron a la comisión invitados por la Iglesia, mostraron un único discurso que planteaba que los homosexuales somos anormales, enfermos mentales, drogadictos, que estamos preparando la degeneración de la sociedad; ése fue el nivel de sus argumentos.
Me pregunto si alguien imagina que el Congreso, en el momento de debatir una ley para combatir el antisemitismo, invitaría a los neonazis de parque Rivadavia a dar sus argumentos sobre los judíos; o que invitara al Ku Klux Klan para discutir sobre el racismo. Tuvimos que quedarnos sentados escuchando a estos señores decir que somos unos anormales, enfermos y pervertidos, impunemente. Frente a ese nivel de atraso, de descalificación, de ignorancia, los bloques de la UCR y del FPV, pese a que habían asumido el compromiso de apoyar la ley, le escaparon el debate. Porque si hubiesen ido a decir que estaban en contra de la ley, habrían quedado pegados con esos argumentos. No tuvieron el coraje de decir lo que pensaban: si están a favor, enfrentar el problema ante un sector de la Iglesia; y si están en contra, hacerse cargo.
N&P: La discusión de la ley pasó para el 2010. ¿Tienen previsto algún grado de movilización para sostener el tema ante la opinión pública?
B.B: El debate va a continuar porque se está dando en todo el mundo. Además hay cuatro recursos de amparo en la justicia, y uno de ellos ya está en la Corte Suprema de la Nación. Yo confío en que se va a expedir como la Corte de Sudáfrica, la de Ontario en Canadá, la de Massachusetts, y las de varios estados de los Estados Unidos. Confío en que nuestra Corte dirá que prohibir los matrimonios del mismo sexo es contrario a la Constitución, y que va a restablecer su imperio. Y si no, seguiremos dando el debate en el Congreso y ante la Corte Interamericana de los Derechos Humanos.
N&P: ¿Cómo está posicionada la sociedad en este tema
B.B: El tema ante la sociedad está saldado. Algunos argumentan que la sociedad no está preparada, pero las encuestas demuestran lo contrario: la inmensa mayoría está de acuerdo. Lo mismo pasó en su momento en España, donde la derecha decía lo mismo y las principales encuestadoras demostraron que mentía. La diferencia es que en España hubo un presidente como Rodríguez Zapatero que tuvo el coraje de tomar el tema y que fue personalmente al Congreso a pedir la palabra y defender la ley. Y lo hizo luego de que la Iglesia había movilizado un millón de personas en contra; porque son minoría, pero están muy bien organizados. Zapatero tuvo el coraje de enfrentar la oposición, de poner la cara en el Congreso y pedirles a los diputados que votaran la ley porque le hacía bien a España, porque los hacía una mejor sociedad, más decente, que no humilla a sus miembros, que trata a todos por igual. Ese coraje que tuvo Zapatero no lo tiene Cristina Fernández.
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
Expone su posición sobre cómo deberían funcionar los Consejos Vecinales de Salud.