20.12.2009 | Se acerca a velocidad asombrosa el fin de año y, como siempre, antes tenemos que sortear un último obstáculo: la Navidad. Como bien sabrán, cortesía de centenares de películas de Hollywood, la Navidad en el hemisferio norte es blanca y fría, llena de nieve y hombres barbudos panzones vestidos de rojo. La gente está feliz, canta villancicos por las calles y celebra el cumpleaños de Jesús haciéndose regalos. Sin embargo, en España la Navidad no es como uno se lo imagina, y no sólo porque la nieve escasea.
Los lectores más cínicos pueden sospechar sobre lo que estoy diciendo. ¿Qué tan diferente puede ser la Navidad? España es parte de la cultura occidental, fuertemente influenciada por los valores y las tradiciones del cristianismo. Las costumbres de los argentinos, si bien maceradas por los años, reconocen grandes influencias españolas. Todo debe ser más o menos lo mismo, pensará el lector. Y ahí es donde está el punto, porque, como dice el refrán, el diablo está precisamente en los detalles.
Empecemos por lo más simple. En la Argentina, el 25 de diciembre es Navidad. En España, parece que Navidad no hay una sola, y la gente suele decir “las Navidades”. No me pregunten la razón, ya que estas cuestiones semánticas escapan a cualquier intento de explicación. Tal vez tenga que ver con el hecho de que en algunas partes de España festejan el 24, el 25 y el 26 (San Esteban), o que los preparativos para los festejos empiezan bastante temprano. En la Argentina, salvo por la ansiedad de algunos centros comerciales, las decoraciones navideñas y en especial los arbolitos, suelen aparecer en escena a partir del 8 de diciembre; en España parecería que compitiesen cada año por poner las decoraciones más temprano. He visto decoraciones navideñas a principios de noviembre, lo cual ya alcanza un límite irrisorio. Cuando comienza diciembre, ya es un cambalache de luces por todas partes. Puede que haya mucho calentamiento global y crisis económica, pero en Barcelona no se escatima en gastos decorativos. Cada barrio decora con luces casi todas las calles, mientras que el casco antiguo de la ciudad está tan iluminado que probablemente consuma buena parte de la energía nuclear de la planta de Tarragona.
Pero no es con las decoraciones con que se comienza realmente a celebrar la(s) Navidad(es). El verdadero festejo comienza con la venta de los billetes de la Lotería de Navidad. Señores lectores: el entusiasmo que tiene el pueblo español por esta lotería va más allá de toda comprensión. La Lotería de Navidad viene sorteándose en el país desde 1812, y algunos sospechan que cuando cumpla 200 años, el festejo español será tan grande que provocará el fin del mundo que, dicen, pronosticaron los Mayas. Los billetes empiezan a venderse casi a mitad de año, y todo el mundo compra uno. Cada número de lotería cuesta 200 euros, por lo que generalmente se suelen comprar “décimos” de número, deseando recibir una parte de los varios premios que se dan. Según la página web oficial de Lotería Nacional de España, si se agotaran todos los billetes, el gasto español en timba será este año de 3.315 millones de euros, de los que el 70% se destina a premios, con un premio máximo de 3 millones de euros, mientras que el resto se va en gastos de gestión y a recaudación del Estado. Los bares, clubes y todos los lugares de trabajo o donde se reúnan más de 4 personas, suelen comprar un número y el 22 de diciembre todo se paraliza para ver si hubo suerte.
Pero si vamos a relatar costumbres que nos suenan ajenas, los catalanes tienen una forma de festejar la Navidad que se lleva todos los premios. Juro que lo que aquí relataré es completa y absolutamente real. A veces las tradiciones suelen ser ridículas a los ojos de quienes no las comparten. Ese es el caso del “cagatió” catalán. En Cataluña, a pesar del bombardeo hollywoodense que comentábamos antes, la tradición de Papá Noel no está muy extendida. Santa Claus no viene volando en su trineo de renos en la Nochebuena a traer regalos, sino que los regalos los reparte un tronco ahuecado con cara sonriente. No leyeron mal: la palabra “tió” quiere decir tronco en catalán, y “cagatió” es, literalmente, un tronco que…caga. En cada casa que se precie de ser catalana preparan todos los años un pequeño tronco ahuecado de unos 30 centímetros, al cual le dibujan una cara en uno de los extremos, le clavan dos ramas a modo de pequeñas patitas, y lo visten con una barretina y una manta roja para que no pase frío. Desde la fiesta de la Inmaculada Concepción, los niños de Cataluña “alimentan” todas las noches al “tió” con dulces y sobras de la comida, hasta que llega el día de Navidad. La tradición manda entonces que el tronco debe quemarse o, en su defecto, se lo debe golpear con palos, mientras se canta la siguiente canción:
“Caga tió-almendras y turrón-no cagues arenques-que son demasiado salados-caga turrones-que son más buenos-caga tió-almendras y turrón-si no quieres cagar-te daré un golpe de bastón-¡Caga tió!”. En resumen, se instiga al pobre tronco a hacer sus necesidades fisiológicas. Supuestamente entonces, el “tió” antropomorfizado, excrementa dulces y golosinas que los niños catalanes disfrutan con alegría. Repito, señores lectores, esto es absolutamente real.
Pero las tradiciones escatológicas catalanas no terminan ahí. No contentos con tener un tronco sonriente en cada casa que tiene que hacer sus necesidades el día de Navidad, los catalanes (y algunos otros españoles también) tienen también al “caganer”. En los pesebres navideños, además de las clásicas figuras bíblicas más alguna vaca y oveja, incluyen una pequeña figura de cerámica de un hombre vestido con atuendo tradicional, en pleno acto de defecación. Esta tradición podría pensarse que está ligada a la del “cagatió”, pero al parecer sus orígenes son diferentes, y el “caganer” es un amuleto que simboliza la fertilidad de las tierras para el año siguiente. Es esta una tradición tan arraigada, que el pesebre que prepara el Ayuntamiento de Barcelona cuenta con su “caganer” oficial, haciendo sus necesidades en plena vía pública. En los mercados navideños de Cataluña, entonces, no sólo se venden árboles para decorar, luces de colores y figuras del niño Jesús, sino que también se venden troncos sonrientes ahuecados, y catalancitos defecadores de cerámica. Y lo más divertido es que los “caganers” se han diversificado, y ahora se venden réplicas de figuras famosas en plena evacuación. El año pasado, las figuras más vendidas fueron el “caganer” de Obama y Messi, aunque según me cuentan, incluso había alguna de Lula y de Cristina Fernández de Kirchner.
Llegamos así al final de esta pequeña descripción de las tradiciones españolas y catalanas para Navidad. El lector que en un principio sospechaba sobre las diferencias con las tradiciones argentinas, seguramente puede ver que superan cualquier expectativa que podamos tener. Y eso sin contar que de este lado del Atlántico no hay nada que se compare a un buen asado junto a la familia, en el calor veraniego marplatense, mirando cómo los fuegos artificiales iluminan el cielo. Españoles y argentinos podemos ser parecidos en muchas cosas, pero les aseguro que en tradiciones extrañas, nos llevan la delantera por varios cuerpos.
Un empleado no docente de la Universidad advirtió a otro que se callara, y lo hizo incendiándole el coche por segunda vez en menos de un año. Hay un enfrentamiento interno entre sectores, que incluye secuestro, amenazas, lesiones y hasta la destrucción completa de propiedad privada. El rector no se hace cargo: esto es poco importante para él.
Apareció en escena Horacio Tettamanti, ingeniero, empresario, funcionario de la administración comunal, concesionario de espacios públicos en el puerto de Mar del Plata. No ha sido una aparición más, sino que viene de la mano de una investigación de la revista Puerto, que lo coloca en la incómoda posición del que hace todo lo contrario de lo que dice.
Tettamanti se hizo conocido entre nosotros por sus apariciones en los medios cuando denunciaba actos de corrupción en la Gobernación de Chubut, durante el mandato de Carlos Maestro, y en relación a la administración de puertos en el Gobierno de la Alianza (De la Rúa/Álvarez). Hoy, funcionario influyente en la gestión GAP, se lo ve en fecha reciente caminando junto a Florencio Aldrey Iglesias por el GHP junto al canciller Timmerman.
Responsable de la obra de 3 de Febrero y Catamarca donde se cayó un fierro que rompió un vehículo.