20.12.2009 | No me hago el Tolstoi. El título me sirve, apenas, como chanza para el grotesco discurso de Obama recibiendo el Premio Nobel de la Paz, justificando la guerra. Pocas veces desubicación mayor a varias bandas: la del comité que lo eligió, la del presidente norteamericano aceptándolo, la de hacerlo mientras se multiplica el envío de tropas y no se desactiva ninguna tropelía de la gestión anterior.
No hace tanto tiempo que, con una inexplicable sonrisa dibujada en el rostro, Donald Rumsfeld enarboló el documento de la Comisión de las Fuerzas Armadas en el Senado que reflotaba el proyecto de investigación nuclear con fines bélicos. No alcanzaban las bombas inteligentes. No bastaban las de dispersión. Tampoco las anti-búnker. No importaban, tampoco, las víctimas que todavía siguen produciéndose como consecuencia de sus cruzadas libertadoras. Porque, por si no lo sabe, durante nueve largos años, cada muy cortos espacios de ocho minutos, un avión soltaba su carga explosiva en Laos. Miles de ellas todavía no explotaron; se mantienen semi enterradas o escondidas entre el bambú, esperando algún campesino o algún chico que, desprevenido, se sume a las víctimas de un conflicto que teóricamente terminó cuando muchos de ellos ni siquiera habían nacido. Barak Obama no desactivó el programa, ni alentó el desminado a su costo (es decir, que pague y trabaje el que lo generó). Barak Obama no fue el cambio prometido.
Dijo el mandatario en Oslo: “EEUU lideró al mundo en el desarrollo de una estructura para mantener la paz: un Plan Marshall y Naciones Unidas, mecanismos para regir la manera en la que se libran guerras, los tratados para proteger los Derechos Humanos, evitar el genocidio y restringir las armas más peligrosas.” Lo que omitió es que son los EEUU los que violaron sistemáticamente a la propia ONU, siendo el 2003 el momento de mayor y más flagrante burla al sistema, cuando ese “mecanismo para regir la manera en que se libran las guerras” fue ignorado al iniciar el bombardeo indiscriminado a Irak. A pesar del veto de tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Francia, Rusia y China), siendo que bastaba sólo con uno para impedirlo. El señor Obama no desactivó ese conflicto; el señor Biden, vicepresidente de Obama, votó a favor primero de la guerra, y más adelante del envío de un mayor contingente de tropas. Todo por la Paz, claro.
El Premio Nobel de la Paz se ha negado a firmar un Tratado internacional sobre las Minas Terrestres. Una investigación arqueológica en Laos confirma que todavía hay bombas enterradas sin explotar (MK81), impidiendo el desarrollo agrícola. El programa laosiano UXO (unexploded ordnance: “artillería sin explotar”) destinado a señalar geográficamente las coordenadas de los blancos elegidos en los bombardeos, y las zonas donde perviven miles sin explotar. Cuenta con 623 miembros y 23 asesores extranjeros, y ha encontrado bombas de hasta 113 kilos clavadas en el suelo, con fusibles centrífugos diseñados para permanecer activos por años. El señor Obama no apoya el Tratado que condena el uso y exige la remoción. La zona fue evacuada.
Misael Sheinkman, geólogo y fotógrafo norteamericano, mostró un mapa digitalizado en su oficina en Vientian (Laos) con una constelación de puntitos rosas: son esas bombas y minas sin explotar (más de dos millones). Están ubicadas, por supuesto, en lugares planos aptos para el transporte y las comunicaciones, lo que se quiso cortar en tiempos de la guerra. Pero la guerra pasó, y esta paz está condicionada por aquélla herencia. Porque hace más de 30 años que la sociedad no puede utilizar las tierras para agricultura, y atravesarlas nomás es un riesgo de vida. Para Obama esa fue una “guerra justa”.
Tanto es así, que en su discurso de aceptación del Nobel de la Paz dijo cosas como esta: “EEUU ha ayudado a garantizar la seguridad mundial durante más de seis décadas con la sangre de nuestros ciudadanos y el poderío de nuestras armas. El servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres de uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania hasta Corea, y permitido que la democracia eche raíces en lugares como los países balcánicos. Hemos sobrellevado esta carga no porque queramos imponer nuestra voluntad”. El grado de cinismo es importante.
Más de 10.000 personas han muerto por las bombas y las minas antipersonales, sólo en Laos. Otras tantas fueron mutiladas en este tiempo: aproximadamente, en las Torres Gemelas murieron 3.000 soldados norteamericanos; en Irak otros 4.000, es decir, 30% menos.
El NIPS, Sistema Nacional de Procesamiento de Información, contiene datos comprimidos, en código, un campo fijo de información. Sheikman digitalizó una cartografía novedosa, con apoyo de Roy Stanley, oficial retirado de la Fuerza Aérea; con Thomas Brown que es responsable de los Servicios de Archivos de Maryland (en su momento denunció que el Departamento de Defensa escondió cintas con intención de no devolverlas); y con Skip Jacobs, jefe de programadores de IBM (retirado).
“Considero que todos los países, tanto fuertes como débiles, deben cumplir con estándares que rigen el uso de fuerza”, dijo Obama en Oslo la semana pasada. ¿Vemos el “standard” norteamericano? Informó el equipo de investigadores que los aviones F-102 y F-4D montaban misiles AIM-4 “en cantidad irracional”. Es más, agregó Brown: "llegué a dudar, pensé que se tratada de duplicaciones, o de errores en la información. Pero no, después de verlo varias veces coincidimos con el equipo de trabajo que era una muestra de la realidad... Una muestra de la brutalidad". Será que la brutalidad es la norma entonces, aceptable en nombre de la Paz.
“Creo que se puede justificar la fuerza por motivos humanitarios, como fue el caso en los países balcánicos o en otros lugares afectados por la guerra. La inacción carcome nuestra conciencia y puede resultar en una intervención posterior más costosa. Es por eso que todos los países responsables deben aceptar la noción de que las fuerzas armadas con un mandato claro pueden ejercer una función en el mantenimiento de la paz”, dice Obama. ¿Qué querrá decir “motivos humanitarios”? ¿Quién es el que decide cuándo un mandato “es claro”?
¿Quizás el uso de gas neurotóxico utilizado para ocupar la localidad de Tailwind? (informe que llegó a la CNN y el Times). ¿Tal vez el uso de bombas racimo CBU-15, prohibidas por los protocolos adicionales de la Convención de Ginebra, utilizadas en Irak? ¿Acaso las CNU-82, “bombas terremoto” destinadas a penetrar en tierra y provocar un cataclismo para “quitar las ratas de la madriguera”, como dijo el comandante norteamericano en Afganistán? Obama no condenó ni prohibió su uso. Deben ser herramientas para la Paz. Extraño mundo el de Obama.
Por lo pronto, a Thomas Brown lo exoneraron sin indemnización. A Sheinkman la Federal Resource Corporation le retiró los fondos de investigación, le está vedado el regreso a los EEUU y su familia ha tenido serios problemas para reunirse con él en Laos.
“Yo, como cualquier jefe de Estado, me reservo el derecho de actuar unilateralmente si es necesario para defender a mi país”. De Obama, en Oslo, hace una semana y media. En tiempos cercanos precisamente a la Noche de Paz, sus palabras son un insulto.
por Rodolfo Olivera
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