03.01.2010 | Doble es la responsabilidad de quien, además de tener que hacerse cargo de la propia vida, dice también que habla y obra (o invita a obrar) en nombre de Dios. Hay de todo, seamos justos. Desde voces gloriosas hasta delincuentes encubiertos por un kipá, una sotana, un velo. De pie ante un muro, arrodillados sobre una alfombra o un banco, sentados sobre clavos; en cualquier postura su voz pesa, y mucho.
Algunos son conocidos, otros no tanto. Los hay estigmatizados o endiosados, según la lectura política del discurso religioso, de la influencia económica, de la concepción ideológica dominante, que puede volver santo o demonio a un Papa, un rabino, un lama o un ayatollah, cambiando en el tiempo más por la postura del intérprete que por el fondo de sus discursos. Caso paradigmático, el ayatollah Mohammed Khatami: fue un “moderado políticamente correcto” en tiempos de Clinton, fue el dirigente del “eje del mal” con Bush, es un referente del “Irán democrático” en las universidades norteamericanas de hoy. Él es el mismo. Pero veamos otros casos que, por distintas razones, fueron y son referentes velados.
Infundir temor a Dios es uno de los deportes preferidos por quienes -perdón por mi lectura personal- prefieren la imagen del “Dios Represor” antes que la del “Dios Padre”; lamentable confusión que transforma el amor en custodia cuasi-policial, o columna vertebral del “superyó castrador”. El Pastor Patrick Warren, Baptista del Sur de los EEUU, es uno de ellos.
Desde ese temor explotado como arma política (recomiendo el capítulo específico en “Ataque a la Razón” de Al Gore), Warren pasó de fundador de una iglesia en el pequeño condado de Orange (California) a vender 40 millones de ejemplares de “Una vida con propósito”, de alto contenido político al estilo de las obras del reverendo Billy Graham, que influyó desde Eisenhower a Barack Obama, habiendo apoyado explícitamente el conservadurismo de George Bush. Su peso específico es tal que en su Iglesia Saddleback se produjo el primer encuentro entre Obama y su rival McCain ni bien terminaron las primarias norteamericanas. Un peso pesado, de gran cintura política, hablando en nombre del Señor.
Si alguien lo iguala en la vereda de enfrente, es el clérigo shiíta Alí al-Sistani, sin duda el más importante factor de poder político-religioso desde la invasión a Irak, extensible al vecino Irán donde lo designan como “marja al taqlid”: “objeto de emulación”. Su red de influencias se extiende a quince países. Incorporó algo que para algunos ultra fanáticos en el mundo islámico sigue siendo un arma del demonio: Internet. Su página web es uno de los mayores modos de información e influencia para el mundo islámico shiíta, respondiendo millones (literal) de preguntas diarias de sus seguidores. Lo usan, como a Warren, todas las corrientes políticas post-Saddam y es opinión escuchada hasta por los negociadores norteamericanos al hablar de retirada. En nombre de Allah.
Menudos problemas son los que enfrenta el Arzobispo Peter Akinola, jefe de la Iglesia Anglicana de África, personaje central en las interminables guerras del continente negro y en su histórica reivindicación cultural. Es un caso extraño, porque, por ejemplo, al principio se mostró fuertemente contrario a la homosexualidad, siguiendo la línea más ortodoxa; esto le significó el rechazo de los anglicanos occidentales más liberales, pero se ganó la simpatía de millones de conservadores en el mundo, incluyendo no anglicanos.
En Nigeria, su país, con casi veinte millones de practicantes religiosos, la fe no está ausente en el discurso político y Anikola es su referente, aprovechando desde todos los medios de comunicación para invitar a los dirigentes a “poner a Dios por delante”. Pero no desde lo filosófico, sino desde medidas concretas que van desde la prohibición del matrimonio gay hasta priorizar el abastecimiento de electricidad. Millones lo siguen. En nombre de Dios y la Corona Británica (cabeza de la Iglesia Anglicana).
Polémico, agresivo, incendiario hasta para los próximos, el Rabino Ovaida Yosef es líder espiritual del Shas, partido ultraortodoxo que es actor clave en la política israelí; no “gana” elecciones, pero las “define” porque siempre cuenta con los pocos que pesan mucho en comicios cerrados. Sus escaños en el Parlamento (Knesset) tienen una influencia desproporcionada en la política para Medio Oriente, siendo uno de los mayores obstáculos para los procesos de paz. No cuenta con apoyo fuera de los ultraortodoxos, pero son minoría ruidosa y muy leal.
Al igual que otros ya mencionados, juega al pragmatismo político. Es conservador en esencia, pero no dudó (cuando los vientos soplaban laboristas) en acercarse a Isaac Rabin, en coquetear con la candidata del mismo partido Tzipi Livni (mil millones de shekels fue el subsidio que la ex ministra le ofreció); como ahora no se pone colorado sosteniendo el discurso ultra de Netanyahu y doblemente ultra del ministro Lieberman. Desde la nada si lo medimos en números, es un titán político… en nombre de Jehová.
Para influyente mundial desarmado (literalmente), lo tiene usted a Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, o “el Rottweiler de Dios”, como lo llaman quienes ven en él lo más granado del conservadorismo católico. Que lo diga si no John Kerry, ex candidato demócrata (contra Bush), católico pero que justificó en algunos casos el derecho al aborto. Ratzinger, que todavía no era Papa, ordenó a los obispos norteamericanos que negaran la comunión a los católicos demócratas. Fue la tumba política de Kerry
Ni un soldado, salvo unos pocos vestidos a usanza medieval con lanza y todo; dieciséis manzanas tiene su Estado, sin centrales nucleares ni petróleo. Ni nacimientos (no hay partos biológicos en el Vaticano). Sin embargo, el mismísimo Berlusconi, chabacano e indigesto si los hay, tuvo que reunirse un par de veces aceptando ciertos retos (que provocaron cambios) por su xenófoba política migratoria. Mucho menos vistoso que Juan Pablo II (en todo sentido), Ratzinger hace como que sonríe y baja línea como el mejor. En nombre de Jesucristo.
Hay para todos los gustos y las estrategias. Ahí lo tiene al yogui Adityanath, líder religioso hinduista y parlamentario en Uttar Pradesh, la provincia más poblada de la India. De diplomático, poco. En plena campaña electoral no tuvo empacho en decir ante las cámaras “¡claro que también quiero el voto de los musulmanes! Pero primero lavadlos en el Ganges”. Con semejante discurso que no ahorra críticas abiertas a Mahatma Gandhi, no debe extrañar que sea fundador del Yuva Vahini, grupo de jóvenes radicales que actúan con mucha violencia sobre quienes no profesan su creencia incendiando vehículos, ambulancias, trenes y hospitales… en nombre de Buda y la Iluminación.
Sí. Hay de todo en la Viña. Verdes, negras, con y sin semillas. Para Malbec, Merlot o Sauvignon. Que el Vino también es de Dios, claro.
por Rodolfo Olivera
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