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Noches de ronda

17.01.2010 | Idas y vueltas en torno al traslado de los bares de Alem a la escollera norte. Los cierto es que si se hicieran cumplir las normas, no habría que hacer tal movida. Incluso ya hay opciones, como lo es Punta Mogotes, para instalarse.

Si hay un caso que escenifica cabalmente la historia de los marplatenses, ese es el tan remanido escandalete en torno a la nocturnidad en Alem y su posible traslado a la zona de la escollera norte. Y nos representa porque hace más de un año que venimos debatiendo al respecto sin llegar nunca a una conclusión. Si midiéramos el tiempo que gastamos en discutir esto y lo aplicáramos en acciones, qué duda cabe que seríamos una ciudad de punta.
Lo más interesante es la dispersión que se genera al respecto: hoy la discusión en sí son los controles que realiza la Municipalidad, que para los empresarios son demasiado exigentes y, además, se sienten perseguidos. Pero de ahí saltamos a declaraciones como las del secretario de Gobierno Ariel Ciano de esta semana, quien dijo que la “solución definitiva” era trasladar los bares a la escollera norte. ¿Qué nos hace suponer que cuando esta mudanza se efectivice los empresarios comiencen a cumplir las normas?
Pero en estas cuestiones una cosa lleva a la otra. Cuando en noviembre pasado se aprobaron las nuevas normas de nocturnidad en la Provincia, los empresarios mostraron su desagrado con los límites horarios y los topes para la venta de alcohol, pero prefirieron mantener un perfil bajo. Era obvio: se venía una temporada y ahí, con miles de turistas en la ciudad, cualquier medida tendría más impacto. Y así fue: hace dos semanas, los integrantes de la Cámara de Restaurantes, Bares y Afines de Playa Grande amenazaron con cerrar durante el fin de semana.
Entre los argumentos esgrimidos se hablaba de la falta de seguridad en las calles, que permitía que los jóvenes alcoholizados salieran y cometieran hechos vandálicos. Obviamente llegaron las negociaciones y mesas de diálogo con autoridades políticas y policiales, y el posible lockout fue suspendido. De ahí en más se volvió a instalar el tema del traslado a la escollera, cuestión que se encuentra estancada pero no sólo por la negativa de la oposición, como reiteran el intendente Gustavo Pulti y su Gabinete, sino por la opinión de diversos especialistas en urbanismo.
Lo llamativo es cómo el tema vuelve a instalarse una y otra vez, con supremo apuro y necesidad. Hay quienes hablan de interés inmobiliario, pero no estamos en condiciones de certificarlo por más que la ciudad nos dé ejemplos a menudo como para confirmarlo. Incluso esta cuestión motivó la gaffe de la presidenta Cristina Fernández cuando el año pasado, durante una visita a la ciudad, aseguró que la oposición invalidaba el avance de este proyecto. Una verdad a medias, como dijimos anteriormente.

Ruidos

Quien acredite un par de décadas como adolescente en Mar del Plata podrá certificar los cambios que operaron en la nocturnidad marplatense. Hasta los primeros años de la década de los ’90, los jóvenes hacían la previa hasta las 2 ó 3 am en Alem o Yrigoyen, y luego partían al boliche bailable en avenida Constitución. Pero por esas cosas de las modas, los dueños de los bares vieron la posibilidad de ofrecer algo similar a las discotecas: así surgieron estos bares con pistas para bailar, por lo que ya no se trató de una previa. Ahora los jóvenes van a Yrigoyen o Alem y permanecen allí, mientras Constitución sufre un declive importante.
El tema aquí es el siguiente: estos bares y restaurantes no están habilitados para operar como discotecas, y sin embargo lo hacen con el argumento de que no pueden impedir que si alguien quiera bailar, lo haga. Esto repercute en ruidos molestos para un barrio que no está preparado para este tipo de estructura. Eso, desde un lado normativo. Por el otro, podríamos señalar que son incomparables las dimensiones entre un bar y una discoteca, dando lugar a posibles accidentes y situaciones indeseadas. Este, y no otro, es el tema de fondo en Alem: cómo la Municipalidad controla y pone límites. Mudar todo a la escollera norte es justificar a los empresarios. Así de simple.
De hecho, siempre se saca a relucir la palabra de los vecinos. Esas personas sin identidad, pero que conforman un imaginario colectivo que estaría harta de tener que aguantar estos comercios. El conflicto atraviesa este meridiano, ciertamente, aunque no sería el punto central. Lo revela que, a través de un comunicado, desde la Asociación Vecinal Leandro N. Alem del barrio Playa Grande aseguraron “los vecinos jamás solicitamos el cierre de estos locales”.
Entre las idas y vueltas, el oficialista Héctor Rosso culpó a gestiones anteriores por permitir la habilitación de estos bares y hasta habló de “corrupción”, lo que fue rebatido inmediatamente por la radical Vilma Baragiola: “que lo denuncien”, manifestó. Y también entre idas y vueltas perdemos de vista el objetivo: hubo alguien que habilitó pero también hay alguien que no controla como debe y que está más interesado en trasladar la actividad a la escollera norte antes de que en hacer cumplir las normas o de establecer pautas de conducta, sea cual sea el interés que se persiga.
Según se conoció a través de la citada Asociación Vecinal, entre todos los bares habilitados en esa zona se estarían recibiendo, al mismo momento, a unas 4.600 personas. Por normativas como el Reglamento General de Construcciones, Categorías y Rubros habilitados y los Certificados Antisiniestrales, el número de asistentes no debería superar las 3.000 en total. Y esto, cuando hay poca gente: habitualmente para esta época se reciben unas 15.000. “Si el Estado municipal no cumple las normativas, se constituye automáticamente en cómplice de quienes violan las reglamentaciones”, señalaron.

Mogotes

Pero ya que estamos, si de promover la mudanza se trata, ya aparecieron opciones que, se asegura, son más valederas que la de la escollera norte. Los ex concejales Juan Carlos Cordeu y Viviana Roca enviaron un comunicado en el que hicieron saber de la zona de Punta Mogotes. Y sobre el proyecto oficial aseguraron que hay “argumentos sólidos sobre la incompatibilidad de las prácticas recreativas y de esparcimiento en una zona en la que se desarrollan tareas productivas vinculadas a la pesca”.
Los ex legisladores recordaron la audiencia realizada en septiembre de 2009 donde se destacó la incompatibilidad del proyecto, entre otras cuestiones por la falta de estructura, la insuficiente superficie para la instalación de los bares y la falta de espacio para estacionamiento. Se resaltó, además, lo negativo que sería para el medio ambiente. Cordeu y Roca coincidieron en que “la audiencia pública que se convocó en su momento fue contundente respecto de los inconvenientes que implica la propuesta”.
La posibilidad de Punta Mogotes, aseguran, no es caprichosa ni está orientada por ningún interés particular. Y remarcaron: “nuestro convencimiento surge de las características de su ubicación, que cuenta con todos los servicios para la instalación de un centro recreativo nocturno y suficiente espacio para recibir a miles de personas sin provocar malestar en los vecinos”.
Opciones que surgen cuando en realidad habría que poner las cosas en su lugar: los restaurantes de Alem que sean restaurantes, las discotecas de Constitución que sean discotecas, y la Municipalidad que controle y habilite como debe. Así, se evitarían algunas complicaciones y meterse en proyectos faraónicos como el planteado en la escollera norte.

Problemas iguales

Como se dijo, otro de los corredores nocturnos con los que cuenta la ciudad es el de la calle Yrigoyen que, junto a Alem, son los dos reductos donde se concentran la mayor cantidad de bares de la ciudad. Si bien esta calle conoció mejores épocas, y actualmente está viviendo una reconversión hacia otro tipo de locales gastronómicos, todavía existen entre Avellaneda y Gascón algunos pubs que congregan a los jóvenes. Y lo que se repite además son los problemas: personas alcoholizadas que cometen hechos vandálicos, ruidos molestos y quebrantamiento de algunas normas como las de ocupación.
Y, claro está, lo que se reitera también es la falta de control real de la Municipalidad. Por cierto que se hacen inspecciones, se labran algunas infracciones y colocan algunas multas, pero en realidad esto ocurre cuando los comercios ni siquiera tendrían que permanecer abiertos: sólo con comprobar cómo ingresan más personas de las permitidas estamos hablando de espacios que no cumplen con las normas adecuadas.
Así como Alem tiene su asociación vecinal, también ocurre así en esta zona. La Asociación Vecinal de Fomento Plaza Mitre es la encargada de velar por la tranquilidad de los vecinos y por que se cumplan las normas mínimas de convivencia. Sin embargo lo que se observa, como ocurre en otros lados, es la falta de comprensión por parte de los comerciantes.
Los incidentes que se suceden en Yrigoyen son similares a los que ocurren en Alem, con la misma constancia, aunque por tratarse de un espacio más reducido, obviamente no son de la misma magnitud. Los vecinos cuestionan la actitud de los empresarios, que también se quejan por los controles sobre el nivel de ocupación. Si bien han reconocido los controles que realiza la Municipalidad, surge de este asunto una duda: ¿qué diferencia a los habitantes de Yrigoyen de los de Alem como para que no se analice mudar los bares que allí existen y que generan los mismos inconvenientes?
Pregunta que por ahí podrían responder las autoridades, muy interesadas en que la escollera norte se convierta en una especie de Puerto Madero marplatense, si sumamos a la tan mentada terminal de cruceros, pero que no parece interesarles que otra zona de la ciudad tenga los mismos problemas. Cuando quedan en evidencia, los argumentos se desmoronan.

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