08.06.2007 | Según varios estudios, a fines del 2008 Argentina tendrá una situación de empleo con índices de entre el 7% y el 8% y una caída de la pobreza importante, a niveles del 20%. Pero, por ahora, es innegable que en materia de desarrollo hay un atraso en el nivel de inversiones del país respecto de los altos niveles de crecimiento de la economía.
La nuestra es una economía que crece muy rápido, con una relación de inversión a producto que este año llegará al 24%. Es una economía más preparada para crecer al 5 o 6% más que al 8 o 9%. La inversión en dólares alcanzó al 22,9% del PBI en el mes de abril y es insuficiente para sostener el ritmo de crecimiento económico actual, para lo cual debe haber una relación de entre 25 y 26 puntos del producto.
La economía va rápido y la infraestructura no acompaña al mismo ritmo. Todavía no se hicieron todas las inversiones que deberían haberse hecho; y las que se hicieron, por ejemplo en el área energética, se hicieron tarde. Argentina está entrando en una zona donde debe acelerar la inversión, sobre todo en infraestructura.
De todos modos, la industria está lejos de experimentar cuellos de botella significativos que impidan continuar con el sendero expansivo a nivel económico. En un trabajo en el que se compara la utilización de la capacidad instalada (UCI) de Argentina, Brasil y Estados Unidos, se pude ver que durante el 2006 en todos esos países dicha variable fue un 12% mayor, en promedio, que la de nuestro país; por lo tanto, deberíamos mantener este sendero de aumento del PBI. En la Argentina, el total de la industria exhibió una utilización de la capacidad instalada del 73,7 % en 2006, frente al 83,9 % de Brasil y al 81,8 % de EE.UU.
Según un informe privado, la inversión creció en un 9,8% en el mes de abril, en relación con el mismo mes del año anterior, y alcanzó los US$ 4.655 millones. Esta cifra es la más alta desde noviembre de 1998, y se explica principalmente por el aporte creciente de capitales locales, mientras retroceden los flujos externos. Mientras que en América Latina crece la inversión externa, en Argentina decrece y sólo se incrementan los aportes nacionales.
La inversión en maquinaria y equipo fue el rubro de mayor dinamismo dentro del índice, con un crecimiento de 14,5% anual. Lo que aumenta es la reinversión de utilidades; las empresas radicadas en el país se financian con las ganancias propias pero en general no reciben aportes de sus casas matrices. Y no se pueden financiar crecimientos sustanciales de capacidad productiva sólo reinvirtiendo utilidades.
La inversión extranjera directa es un 40% menor a la de los años ’90, mientras que la inversión pública es similar y la privada de origen nacional es la que mejor se recuperó (medida en dólares, se invierte casi lo mismo que durante la década pasada).
Los empresarios argentinos eligen nuevas estrategias para actualizarse. Las empresas tecnológicas encontraron un nuevo aliado, el leasing. El alquiler con opción a compra de equipos tecnológicos, desde cajeros hasta computadoras, representa menos del 20% del negocio total de leasing, calculado en 350 millones de dólares. Pero en el sector esperan que la cifra trepe fuertemente este año. Empresas como Avaya y Hitachi Data Systems, entre otras, proyectan crecimientos del 20 al 100% en sus carteras de clientes.
Se espera que la demanda de grandes y pequeñas empresas de todos los sectores, que encuentran en el leasing la posibilidad de modernizarse sin hacer grandes desembolsos, haga crecer el negocio. El leasing se está popularizando y, como existe una necesidad real de financiar inversiones con presupuestos ajustados, esta opción le permite a una empresa ahorrar y ocupar el dinero en otras áreas.
En el ámbito de la tecnología, los plazos que se manejan para los planes son más cortos que en otros sectores como consecuencia de la innovación constante. No se puede pensar en un plazo de cinco años para una computadora cuando en cuestión de meses ya sale otra nueva. Lo lógico es seguir un plazo de 24 a 36 meses para todo tipo de equipos.
Las tasas, en pesos o dólares, son determinadas por el tipo de producto y generalmente son tasas de mercado competitivas. Por ejemplo, en el caso de Hitachi Data System varían del 0 al 4%.
En la primera reunión con el presidente Kirchner, a fines de mayo, la nueva conducción de la UIA volvió a tratar el tema de la posibilidad de crear un banco público de desarrollo. Desde la UIA pusieron de manifiesto la importancia de volver a plantear el crédito a la inversión, que en la Argentina de hoy no existe, y añadieron que hay un gran proceso inversor hecho con autofinanciamiento, sobre todo por las Pymes. Pero falta el crédito bancario.
Los industriales plantearon que varios países de la región financian la internacionalización de sus empresas, y Kirchner aseguró que no lo asusta esa posibilidad y que por errores de aplicación del pasado no habría que juzgar el instrumento, refiriéndose obviamente al Banade, de triste recuerdo.
Los miembros de la UIA opinan que las inversiones que les corresponden se están aplicando, pero que se está en una situación de sobredemanda, con la posibilidad de derivar en dos escenarios negativos: la suba de precios o el incremento de la importación.
Otro de los grandes desvelos fabriles es el tema energético. Hay innegables cuellos en cuanto a la relación entre oferta y demanda de energía, y en este sector sí que las inversiones deben ser inmediatas si no se quiere que caiga toda la estructura productiva.
Un claro ejemplo de un sector industrial que autofinancia sus inversiones es el automotriz. Aun sin financiamiento, la venta de automotores crece a un ritmo acelerado, empujada por decisiones de inversión de personas que no quieren depositar sus ahorros en los bancos. Un estudio de la consultora Abeceb.com indica que entre 2003 y 2009 las terminales radicadas en la Argentina habrán invertido unos 1.200 millones de dólares.
Argentina ha manifestado un crecimiento notable de la industria automotriz desde 2003 a una tasa promedio del 29,5%, mientras que Brasil lo hizo a un promedio de 10,3 en el mismo período, alcanzando una producción de 432.100 unidades en 2006. Para este año se prevé una producción total de unas 510.000 unidades, lo que marca un record histórico para la industria en el país.
Para seguir invirtiendo sus ganancias, los industriales necesitan que la política económica establezca reglas de juego capaces de inducir a los emprendedores a optar por la utilización de sus recursos a favor de agregar valor a nivel interno.
por Beatriz Adela Rusos
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