24.01.2010 | La nueva estación de ómnibus de Mar del Plata ha generado más problemas que soluciones. La obra, a medio terminar, fue inaugurada con un montón de deficiencias edilicias. Y ya se han incumplido algunos artículos de su reglamento.
Si somos un poco cínicos, habría que agradecer el hecho de estar viviendo este tiempo en Mar del Plata, como para tener bien presente el recuerdo de lo que no debe ser. Que no siempre uno aprende de lo positivo, las cosas negativas también nos aportan elementos necesarios como para saber qué es lo que no se debe repetir. En este contexto ingresa la tan mentada nueva estación terminal de ómnibus de avenida Luro y San Juan, que por ahora ha acarreado más problemas que soluciones para los marplatenses y turistas.
Vendida como una panacea, en sus comienzos el proyecto iba a ser una moderna ferroautomotora, unificando la estación de trenes con la de ómnibus. Con el tiempo la iniciativa de mejorar la red ferroviaria se fue a pique, y lo que nos quedó apenas es un edificio contenedor de los micros de larga distancia que entran y salen de la ciudad. Edificio que, por cierto, se retrasó más de la cuenta en su terminación y que está a medio concluir. A medio, por ser bondadosos: en realidad sólo se pensó en la estructura pero no en su funcionalidad y en cómo impactaría urbanísticamente. De inteligencia puesta al servicio de la atención, mejor no hablemos.
Supuestamente en diciembre, cuando se inauguró, las obras iban a estar al 60%. No hay forma de medir este cálculo, pero a simple vista se observa que no hubo nadie que se haya detenido a pensar qué más se precisa en una terminal, más allá de que puedan entrar y salir colectivos. Miremos algunas comodidades: el baño de hombres cuenta con 21 mingitorios, 9 inodoros y 7 bachas para lavarse las manos. Y se calcula, según números oficiales, que en el segundo fin de semana de enero pasaron por ahí 100.000 personas.
No hay dudas de que nadie pensó en las comodidades. Por ejemplo: si usted quiere esperar sentado la salida de su micro, sólo hay 112 asientos internos y 60 bancos en la zona de dársenas con capacidad para cinco personas. Quienes han transitado los pasillos habrán notado que no hay carritos de equipaje gratuitos. De hecho, tenemos más de 40 dársenas y apenas dos puertas para ingresar: quienes desciendan en la dársena 42 tendrán que recorrer varios metros con su equipaje a la rastra, hasta entrar en la estación.
Decididamente el espacio no estaba para ser puesto en funciones ya mismo, pero el apremio del concesionario Néstor Otero generó la necesidad. Había que abrir para recuperar parte de la inversión. Es más: ni siquiera las cosas están listas como para que en marzo, como dijo el subsecretario de Transporte de la Nación Juan Pablo Schiavi, se haga una inauguración oficial. En todo caso, siempre termina funcionando el mal menor: “no quisimos demorar el uso porque la gente hoy está en este lugar mucho más confortable que lo que era la vieja la terminal, y se nota”, dijo el funcionario durante un paseo por las instalaciones.
Exigencias
Pero no todos son problemas eminentemente relacionados con la funcionalidad de la estación terminal de ómnibus; también los hay con las complicaciones que genera para los propios habitantes del barrio. Por eso, de a poco, la gente se va agrupando y formando comisiones para hacer sentir su reclamo. Hay quienes se reunieron con concejales de la oposición y funcionarios del Ejecutivo, y los pusieron al tanto de lo que está pasando: inconvenientes con el tránsito, ruidos molestos y demás son algunas de las quejas de los vecinos.
Sin embargo, por más que las autoridades tanto políticas como relacionadas con la administración los escucharon atentamente, nada se solucionó y la situación sigue siendo de caos. Es por eso que estas agrupaciones enviaron un petitorio al Gobierno municipal y al concesionario de la terminal, donde especificaron cuáles son las situaciones que generan problemas de convivencia.
En primera instancia, para los vecinos, algunas de las cuestiones a corregir son, por ejemplo, los ruidos que genera el sistema de sonido de parlantes que informa ingreso y egreso de las unidades, como así también la presencia de micros de larga distancia estacionados sobre la calle 9 de Julio, donde no está autorizado el estacionamiento porque es un área con posibilidad de derrumbe. También cuestionaron el atascamiento de varias cuadras cuando ingresa un micro a la terminal, con el consiguiente ruido de motores y bocinazos.
Pero los vecinos no se quedan en la necesidad de señalar los errores, sino que además aportan algunas soluciones. Dan consejos sobre cómo se podría solucionar el problema del hall principal, que resulta diminuto. Y además proponen que haya una salida por 9 de Julio, vereda sobre la que recomendaron que se hagan arreglos porque se encuentra en “lamentable estado”.
En la nota que enviaron le dicen al concesionario: “tenga a bien solucionar los distintos problemas que el funcionamiento adelantado de la terminal provoca a los vecinos y a los usuarios, solicitándole además nos informe fechas comprometidas por usted y distintos organismos para la solución de los mismos”. Ya harta de promesas, la gente comienza a querer, si no soluciones, al menos precisión sobre cuándo se van a hacer cargo de los problemas que tiene la sociedad. Por lo menos tanta resistencia tiene sus frutos.
Incumplimientos
Si usted espera que la Municipalidad o la Nación controlen fehacientemente cómo se llevan adelante las cosas en la nueva estación de ómnibus, estamos fritos. No parece ser el Estado, cualquiera de ellos, quien tenga suficiente poder, o interés -lo que es peor- como para hacerle frente a la concesión. Cuando las empresas de transporte se negaban a pagar un canon abusivo por el uso de dársenas, fue la Justicia la que tuvo que aportar una solución momentánea. Por eso es bueno señalar que si usted ingresa al sitio web de la Secretaría de Transporte de la Nación, podrá encontrar allí el reglamento de la estación, como para controlar usted mismo los incumplimientos registrados.
De hecho, recién mencionábamos unos de esos incumplimientos. Dice el reglamento en uno de sus artículos: “Queda prohibido el ascenso o descenso de pasajeros fuera de las plataformas de embarque, salvo causa de fuerza mayor”. Por lo visto, el deseo de cobrar un precio desorbitado por el uso de dársenas es una “causa de fuerza mayor” como para quebrar una regla e impedir el descenso y ascenso de pasajeros en la plataforma de embarque.
Lo mismo cuando dice que “queda prohibida la detención de ómnibus fuera de los lugares autorizados para estacionamiento, maniobras o embarque de pasajeros, salvo fuerza mayor”. En este caso, puntualiza que cualquier detención forzosa deberá ser de inmediato puesta en conocimiento de la sala de control, a los efectos de su verificación y la adopción de las medidas tendientes a subsanar los inconvenientes que produjera.
Con sólo inspeccionar un poco el reglamento, ya se encuentran algunos artículos corrompidos y manipulados. Si como simples ciudadanos lo descubrimos, ¿por qué no pueden hacerlo las autoridades competentes? Este es uno de los misterios de nuestra agitada vida cívica en la Argentina. La terminal de ómnibus de Mar del Plata viene a ocupar ese lugar de gran espejo de nuestros males cotidianos. Lo peor, en todo caso, es que carecemos de espacios donde reflejarnos en nuestras virtudes. ¿O será que no tenemos ninguna?
Una bomba de humo hace que se gaste plata y se concentre atención de la prensa, mientras los ladrones verdaderos se escapan por la puerta trasera. La Defensora del Pueblo se quejó de limpieza sobrefacturada y empleados mal reemplazados. Mientras discuten unos con otros, los verdaderos corruptos brindan con champagne.
Esta semana ha sido pródiga en efectos pirotécnicos verbales, distribuidos a diestra y siniestra por quienes ya son visualizados en la comunidad como auténticos integrantes de una mafia. El concesionario de la nueva terminal de ómnibus, Néstor Emilio Otero, por toda respuesta a la interpelación a la que lo sometieron los concejales por más de dos horas y media y con base en un cuestionario de 91 puntos, los destrató, caracterizándolos de ridículos e ignorantes. Señaló que, de las cuestiones expresadas en dicha reunión, una sola sería pertinente, las rampas para discapacitados, aunque se quitó a medias el sayo aduciendo que las rampas son una necesidad en toda la ciudad y no sólo en la terminal, y que bien harían los concejales en atender los urgentes reclamos de la población para no decepcionar al soberano una vez más.
El jefe de la policía distrital brinda datos sobre el homicidio cometido a sangre fría de un chico de 17 años y pide la colaboración de la población para que aporten datos.